Rafaela Carrasco podría haberse agarrado al dolor y la rabia de las cigarreras y sus reivindicaciones para aferrarse, en cuanto al flamenco se refiere, a la inspiración pasional que le hubiera arrancado los pellizcos en su baile a una obra bella y bien tratada en lo argumentativo, exquisita en lo visual, impecable escénicamente y magníficamente iluminada por Gloria Montesinos.
Aborda la problemática y la lucha de este colectivo como no se ha hecho en otras ocasiones –gracias–, ni siquiera en el apartado musical, en el que en los pasajes y ambientaciones pregrabados transitan entre lo folclórico, la lírica y el flamenco –y algo de electrónica– aunando las voces de la soprano Marta Estal y la de la cantaora Gema Caballero, cuya versatilidad y tesituras deambulan por la tangente de los melismas que se acostumbran en el flamenco. Quiero decir que a este crítico le suena descafeinada, por más que se emperre en estrujarse en el grito desgarrador de los fandangos de Huelva dejándose el pellejo o interprete una memorable guajira hibridada con La Habanera.
La Carmen que trae Rafaela no es la manoseada y tópica de Merimée, ni la de Bizet, aunque se apoya en su música para parir recreaciones valiosas de composiciones originales que abrazan cada una de las piezas, con guiños a Emilia Pardo Bazán y al chotis La Colasa. Todo en Humo está escrupulosamente pensado y profusamente trabajado, con un sentido de la pulcritud intachable. Rafaela, Premio Nacional de Danza, se rodea de lo mejorcito para entregar una creación perfecta que cabe en cualquier escenario de envergadura que sepa apreciar la calidad de esta producción, que bien podría girar por medio mundo aireando, digamos, la visión idónea, esta vez sí, de Carmen y las cigarreras, por aquello de hacer hincapié en lo social y en las vicisitudes de las vidas de esas miles de mujeres maltratadas laboralmente que llegaron a manifestarse con tijeras y adoquines para luchar por sus derechos.
Aunque la vemos varias ocasiones en solitario, predomina en Humo su faceta coreográfica –soberbia, pulida– y el peso del fabuloso cuerpo de baile, compuesto por Carmen Coy, Nazaret Oliva, Cristina San Gregorio, Alejandra Gudí, Júlia Gimeno y Paula Bolaños. Sin pegas a la dramaturgia de Álvaro Tato, el vestuario apropiado o el ambiente sonoro de Pablo Martín Jones, que participa junto al guitarrista Jesús Torres en la composición musical, además de Gema, Marta e Isidora O´Ryan, que figura como intérprete del chelo.
«Que Rafaela baila pa enmarcarla no se cuestiona ya, especialmente cuando la vemos sobre los maderos luciéndose en lo tradicional del flamenco. Esto es otra cosa: geniales devaneos de creación conceptualizados y comprometidos. Ole, también»

Tras estrenar en Matadero (Madrid), Rafaela es bien recibida en La Maestranza de Sevilla con el coso prácticamente lleno en un domingo por la tarde. No es para menos, porque su baile tiene tirón. Rafaela se ha convertido en una bailaora clásica actual, por paradójico que se lea esta asociación.
La caja del teatro apareció negra y desnuda. Los elementos eran simples, sencillos y cuidadosamente colocados para simular una fábrica en la noche o al amanecer, donde las empleadas se iluminan. Luces industriales colgando del techo, el gran ventanal de la Fábrica de Tabacos de Sevilla, los coros y danzas que amenizaban sus duros trabajos, evocados coreográficamente sobre las sillas. Palmas y gestos con toques en los brazos en un galimatías mecánico que remedaban sus quehaceres. Los descansos para fumar, las manifestaciones y soflamas, el sindicalismo, las penas y alegrías durante las largas jornadas, los salarios peleados, las redes femeninas, su fuerza y desvanecimientos, la mujer liberada, la mujer desatada, sus silencios de contención, el aguante y sus gritos. Demasiados detalles condensados en diferentes momentos que conformaron poco más de una hora que hace que haya partes que no se entiendan del todo o se diluyan ante la concatenación con lo siguiente.
Que Rafaela baila pa enmarcarla no se cuestiona ya, especialmente cuando la vemos sobre los maderos luciéndose en lo tradicional del flamenco. Esto es otra cosa: geniales devaneos de creación conceptualizados y comprometidos. Ole, también.
Este nuevo trabajo lleva la coherencia hasta a las sensaciones que a mí me provoca: Humo es esa suspensión gaseosa etérea, que dura poco, se difumina, es confusa, blanda, dispersa, a veces confusa, sin embargo, hermosa, se siente y respira tibia, es perfecta en su naturaleza, caprichosa pero, a la vez, ordenada, y aunque no calienta ni quema, siempre es un placer contemplarla. Solo entre tú y yo: le falta chicha.
Ficha artística
Humo, de Rafaela Carrasco
Teatro de la Maestranza, Sevilla.
24 de mayo de 2026
Coreografía y dirección: Rafaela Carrasco
Baile: Rafaela Carrasco, Carmen Coy, Nazaret Oliva Cristina San Gregorio, Alejandra Gudí, Júlia Gimeno, Paula Bolaños
Guitarra: Jesús Torres
Chelo: Isidora O’Ryan
Voz flamenca: Gema Caballero
Voz lírica: Marta Estal

























































































