Según el comunicado de prensa del decano de los festivales franceses de flamenco, esta trigésimo séptima edición pretendía «marcar un momento especial abriendo el camino hacia la celebración del centenario de la Generación del 27, un movimiento cultural y artístico fundamental de la España del siglo XX cuya influencia en la historia y el reconocimiento del flamenco fue decisiva».
El segundo volumen de los Cuadernos del Festival Arte Flamenco dedica, en efecto, varios artículos al más flamenco de los poetas de la Generación del 27, Federico García Lorca. De forma igualmente lógica, la programación estuvo presidida por el signo de lo «jondo», asociado inevitablemente al «duende». Con nada menos que dieciocho conciertos y espectáculos —nueve de ellos gratuitos— a lo largo de cinco jornadas, los asistentes pudieron comprobar la riqueza y la diversidad del flamenco contemporáneo, desde la tradición hasta la vanguardia y en todas sus disciplinas.
Desde hace cuatro años, el festival ha experimentado una profunda renovación gracias a su director, Lionel Niedzwiecki; al responsable de acción cultural, Serge Airoldi; y al comité de programación, un auténtico dream team hispanofrancés integrado por Domingo González, Fernando Rodríguez Campomanes y Patrick Bellito. Cuatro ediciones de indiscutible éxito en las que se ha cuidado especialmente el equilibrio entre cante, baile y toque, cada uno de ellos con un espacio escénico adecuado.
El Pôle acoge los espectáculos de danza flamenca, ofreciendo este año un panorama excepcional de sus tendencias actuales: el teatro flamenco alegórico de Manuel Liñán, donde los símbolos sustituyen al argumento (Llámame Lorca). Las coreografías colectivas concebidas como esculturas móviles de carácter conceptual que fusionan baile flamenco, hip hop y danza contemporánea, firmadas por David Coria (Babel, torre viva). La refinada estilización y la extraordinaria elegancia de la danza en pareja, con incursiones de la danza clásica, de Paula Comitre y Alfonso Losa (Alter Ego). La reivindicación de la tradición y de los grandes maestros del pasado encarnada en primera persona por Mercedes Ruiz (Romancero del Baile Flamenco). Y la fogosa entrega escénica, impregnada del humor gaditano, de María Moreno (Magnificat).
Los músicos que acompañaron estas propuestas coreográficas estuvieron todos a un nivel sobresaliente. Tuvimos así el privilegio de escuchar en dos ocasiones a David Lagos: primero en un registro «destroy-Morente» junto a David Coria y después en un estilo plenamente tradicional con Mercedes Ruiz. «Las dos caras de una misma moneda», nos comentó el cantaor.
El Teatro Le Molière ofrece un espacio ideal para escuchar el cante y la guitarra con toda la concentración que requieren. Allí volvimos a encontrarnos con varios de los artistas que ya habían participado en el espectáculo de Manuel Liñán, tanto en De Tablao como en Graná por bandera: el cantaor Antonio Campos, la bailaora Raquel Heredia ‘La Repompa’ y el guitarrista José Fermín Fernández, además de la oportuna invitación al cantaor Ismael de la Rosa en De Tablao.
Los dos conciertos siguientes fueron sencillamente magníficos. En primer lugar, Devenir, del admirable guitarrista y compositor Alejandro Hurtado. Desde Julián Arcas hasta Niño Ricardo, pasando por Miguel Llobet, Manuel de Falla, Ramón Montoya, Manolo de Huelva y muchos otros, para concluir con dos composiciones propias, ofreció un recorrido por la guitarra española tanto más deslumbrante cuanto que estuvo enriquecido por las preciosas intervenciones coreográficas de Patricia Guerrero.
Las Huellas de albero dejarán efectivamente un recuerdo imborrable en nuestra memoria: el de tres maestros sevillanos cuyos nombres hacen innecesario cualquier comentario adicional: Segundo Falcón, Paco Jarana y Manolo Franco. Nada menos.
Durante el festival, la Plaza Charles-de-Gaulle se transforma durante unos días en el «Village», punto de encuentro cotidiano de los aficionados. La programación del escenario instalado en este espacio reúne principalmente a artistas «franceses» junto a artistas «españoles», demostrando, una vez más, que el flamenco ignora felizmente las fronteras.
Como ya es tradición, las dos primeras jornadas estuvieron dedicadas al flamenco extremeño, con Esther Merino y Miguel de Tena como principales representantes del cante.
«La programación estuvo presidida por el signo de lo «jondo», asociado inevitablemente al «duende». Con nada menos que dieciocho conciertos y espectáculos —nueve de ellos gratuitos— a lo largo de cinco jornadas, los asistentes pudieron comprobar la riqueza y la diversidad del flamenco contemporáneo, desde la tradición hasta la vanguardia y en todas sus disciplinas»

Como cabía esperar, las principales figuras francesas de los restantes espectáculos fueron mayoritariamente bailaores y bailaoras: Lucas ‘El Luco’ (Flamenco sin frontera), Céline Daussan ‘La Rosa Negra’ (Mirada) y Lori ‘La Armenia’ (Tanza, la memoria del gesto). Entre sus compañeros españoles cabe destacar a Mariano Campallo, Juan Cantarote y Miguel Lavi.
Nacida en Granada, la bailaora Irene Morales presentó Raw, una obra atípica construida sobre una composición electrónica con dirección artística de Manuel Liñán.
Las fusiones mediterráneas y balcánicas del grupo bordelés Qairo pueden entenderse como lejanas reminiscencias de las experimentaciones de Radio Tarifa.
Finalmente, asistimos a la revelación de un joven cantaor nacido, además, en Mont-de-Marsan: Nicky García. Ofreció un magnífico recital rodeado de un grupo de auténtico lujo integrado por Helena Cueto (baile), Samuelito y Antoine Boyer (guitarras) y Juan Manuel Cortés (percusión). Este último acompañó, con su eficacia habitual, buena parte de los espectáculos del Escenario del Village.
Gracias a la relación de confianza que mantienen con los artistas, los organizadores del festival consiguen con frecuencia convencerlos para embarcarse en proyectos inesperados. Así ocurrió con el excelente y profundamente tradicional cantaor Cristo Cortés, que puso el broche final a estas cinco intensas jornadas acompañado por los DJ Lisa del Cristo, Ibhamuza y LHKleon.
A lo largo de los años, Arte Flamenco ha desarrollado una labor pedagógica de largo recorrido que ha contribuido a formar un público cada vez más aficionado, atento y conocedor. Alrededor de las mesas de las terrazas del Village, las conversaciones apasionantes —a menudo apasionadas y no pocas veces polémicas— nunca faltan al término de cada espectáculo.
Para no alargar excesivamente este artículo, nos limitaremos a enumerar las actividades culturales paralelas sin detenernos en su contenido: encuentros diarios con los artistas; cuatro conferencias en el Café Music: Carolane Sánchez (Flamenco entre tradición y modernidad); Jean-François Carcelén y Antonio Campos (Poesía jonda: de Federico García Lorca a la nueva poesía flamenca); Juan Diego Martín Cabeza (Jondo); y Georges Didi-Huberman (El pequeño reloj); cuatro documentales proyectados en el cine Le Grand Club: Henri Belin (EA! Un mantra andaluz); Roser Corella (Red Carnation); Santi Aguado y Reuben Atlas (Farruquito, una dinastía del flamenco); y Carlos Saura (Beyond Flamenco); una exposición fotográfica de Léo Geoffrion; un encuentro literario con Raúl Quinto; cursos de todas las disciplinas impartidos por profesores de la Fundación Cristina Heeren (Juan José Ortega, Beatriz Rivero, Manuel Romero, Pedro Barragán y Patricia Lozano), además de dos clases magistrales a cargo de Manuel Liñán y Mercedes Ruiz.
Por último, Arte Flamenco es también un festival comprometido con la ciudadanía. Lo demuestran una mesa redonda dedicada al tema Descarbonicemos la cultura; las actividades de la bailaora Soledad Cuesta en el Hospital de Mont-de-Marsan para iniciar a los pacientes en el baile; un espectáculo de la compañía Dynamogène en varias escuelas infantiles para acercar a los niños su «máquina musical de pedales flamenca», la Carmencycletta; un puesto de maquillaje flamenco; un taller de construcción de guitarras con materiales reciclados dirigido por Pauline de Tonnac; y la realización del pódcast diario de Arte Flamenco, confiado, como cada año, a los alumnos de una clase de secundaria.
Todo ello demuestra que el festival no solo ocupa la Plaza Charles-de-Gaulle, sino buena parte de la ciudad, gracias al espectáculo itinerante de Dynamogène y a los encuentros diarios con las numerosas peñas flamencas existentes en Las Landas y en todo el suroeste de Francia, culminados con la tradicional «Jornada de las Peñas», que clausura el festival con actuaciones al aire libre y un baile por sevillanas.
Este año, el Festival Internacional Arte Flamenco ha creado un nuevo galardón concedido a Manuel Liñán. Bautizado simbólicamente como Premio Confluencias, distingue «el espíritu de encuentro y de diálogo»: precisamente la gran aspiración de este festival.
Encantado y agradecido, el duende suspendió milagrosamente la canícula durante estos cinco días de fiesta flamenca. ♦
Texto: Claude Worms






















































































