Los que estáis aquí leyendo estas palabras, todos sabéis que el flamenco es un elemento cultural altamente contagioso que te infecta casi sin que te des cuenta. Un hilo de voz de la radio, tu madre susurrando unos tangos por lo bajini, un albañil en la obra de al lado cantándose el fandango del Carbonerillo… Un sinfín de vías que te abren una puertecita mental a cualquier edad y en cualquier lugar. No suele haber marcha atrás, aquel rasgueo de cuerdas tensadas, o el hilo de una voz te hiere profunda e indeleblemente, y a partir de ese momento te dedicas a seguir el sendero de lo jondo.
Mi mundillo flamenco tomó forma a primeros de la década de los sesenta, y se basó en tres personajes puntuales. Había buenos cantaores… Ese Terremoto, esa Pastora, esa Fernanda, y tantísimos otros maestros del cante clásico. Pero no fue por su altura artística sino una sensibilidad, una manera de organizar los cantes y ubicar la relevancia de cada uno.
Antonio Fernández Díaz ‘Fosforito’ (Puente Genil, 1932 – Málaga, 2025). Dominaba todos los cantes y los organizaba en su magnífica antología con la guitarra de Paco de Lucía. También nos disponía el frondoso árbol de los cantes abandolaos, y demás cantes de la familia de los fandangos, tanto los estilos libres de compás como los acompasados. Fosforito era gran conocedor de los cantes de cantiñas. Tenía inclinación didáctica, participaba en congresos y charlas y siempre estaba dispuesto a contestar las preguntas de los aficionados. Gran académico y gran intérprete del cante que tanto amaba. Su desaparición reciente ha sido muy dura de asimilar para la afición.
Otro gran maestro de la época moderna a partir de la década de los años sesenta ha sido Antonio Cruz García ‘Antonio Mairena’ (Mairena del Alcor, 1909 – Sevilla, 1983). Con su voz sobria y profunda, defendía el papel de los gitanos en el flamenco. Tenía conocimientos de cantes antiguos y su tendencia investigadora daría lugar al término mairenismo.
«Fosforito tenía inclinación didáctica, participaba en congresos y charlas y siempre estaba dispuesto a contestar las preguntas de los aficionados. Gran académico y gran intérprete del cante que tanto amaba. Su desaparición reciente ha sido muy dura de asimilar para la afición»
Antonio Mairena recibió la prestigiosa Llave de Oro del Cante en 1962 en reconocimiento de su labor investigadora, aunque su férrea defensa de la “pureza” del cante le ganara el oprobio de cierto sector hasta el día de hoy.
En la década de los setenta asistí asiduamente en Sevilla a la tertulia radiofónica de Antonio Mairena con destacados invitados como Luis Caballero, Chocolate, Naranjito de Triana, José Cala el Poeta o Jesús Heredia, entre otros. Un tesoro de buen gusto y conocimientos.
El nombre del tercer personaje de mi círculo particular de autoridades puede resultar desconocido para la mayoría. Crítico, periodista y divulgador, Miguel Acal (Granada, 1945 – Bormujos, 2002) hizo sentir el peso de sus opiniones casi siempre en la línea del mairenismo con convicción y sabiduría. Cada tarde nos arrimamos a la radio para escuchar los comentarios de Miguel Acal que también nos sorprendía con datos novedosos.
Tras su muerte, la Asociación Nacional de Críticos e Investigadores de Flamenco mantuvo vivo su nombre mediante el Premio de la Crítica ‘Miguel Acal’, concedido a artistas destacados del flamenco. El año pasado, 2025, Miguel Acal recibió póstumamente la Yerbabuena de Plata por su contribución al flamenco. ♦




















































































