Son muchas las ocasiones que la Peña La Bulería ha querido contar con Caracolillo de Cádiz para alguna de sus actividades. Me consta que llevan detrás de él un tiempo y, aunque la velocidad del molusco gasterópodo es pausada, hasta el viernes 17 de abril no consiguieron pillarlo. No es que a Esteban Guerrero, nuestro cantaor, le faltaran ganas, pero sí que por motivos de coincidencia de fechas le ha resultado imposible. Para la ocasión aparecía exultante, sonriente y lleno de sal. Se trajo para la peña un buen saco esta sustancia que tanto singulariza a la tacita de plata y la fue esparciendo a medida que sus lances sonoros se producían. Algunos también los daba con sus muñecas mientras remataba el cante. Es taurino y eso le hace sentir especial devoción por el torero Rafael de Paula, a quien dedicó el mítico fandango que tanto han interpretado otros como su propio maestro Rancapino.
El de Cádiz conecta con el público prácticamente sin barreras, es algo que llevo comprobando desde hace varias temporadas, y ahora está más que consolidado en programaciones de peñas y festivales, entre otros formatos. Es cercano y natural, nada de artificios. Hace y canta lo que sabe, lo que ha escuchado de los suyos, de Juan Villar o La Perla, de Turronero y Pansequito. Pero lo hace a su forma, llenando de luz el escenario con el brillo de sus ojos, que no se opera, como dijo Lola. Fue con la guitarra de Paco León, catedralicio en sus funciones, y las palmas del experimentado Manuel Vinaza y de Ramoncito Reyes, que poco a poco va cogiendo hechuras.
«Por bulerías, Caracolillo de Cádiz arrancó los mejores momentos de la noche, con los asistentes tocando las palmas a la par que los palmeros como si estuviésemos en una de esas noches de la Fiesta de la Bulería de Jerez del siglo pasado con las melodías del recordado Alfonso de Gaspar»

Entre el público, artistas como María Vargas, Mateo Soleá, maestros de baile como Juan Parra y Ana María López, su compadre Manuel Jero, El Barullo –que llegaba de triunfar en Paradas–, miembros de sagas eternas de la entidad como Rubichi y Mijita, Pepe de Joaquina… Gran ambiente. Supo aprovechar la ocasión el cantaor para reforzar esa imagen de triunfo que lo acompaña desde un tiempo acá, pero siempre sin las pretensiones vanidosas que se comprueba en otros casos. Él lo que quiere es cantar y se deja un trocito de su piel en cada cante. Del barrio del Balón, tiene en su palmarés el Premio Nacional Antonio Mairena o el de por Alegrías, y dio comienzo a su recital por estos estilos. Dominio y mesura. Siguió por malagueñas para finalizar su primera parte por tangos caleteros, publicados hace unos meses a través de redes sociales y que nos llevan a los aires ceperianos de los 80.
El pequeño descanso sirvió para tomar aire y arrancar con fuerza la segunda mitad, por seguiriyas. Templado y con fuelle, demostró que no solo domina los cantes a compás. Pero cierto que por bulerías arrancó los mejores momentos de la noche, con los asistentes tocando las palmas a la par que los palmeros como si estuviésemos en una de esas noches de la Fiesta de la Bulería de Jerez del siglo pasado con las melodías del recordado Alfonso de Gaspar. Como quedaban ganas de más, ofreció unos cuantos fandangos con el público entregado y el mencionado guiño a Rafael de Paula de un Caracolillo con el gusto idóneo para triunfar. ♦





















































































