Quizá hayamos llegado al IX Festival Cabildo Flamenco de Archidona (Málaga) en busca de lo primitivo. De esos sonidos flamencos que nos trasladan al éxtasis de nacer nuevamente bajo una luna que no entiende de tradiciones impostadas. Aquí solo valen la armonía, el compás, la vida, la muerte y la evolución: el impulso del riesgo.
El pasado no es una condena perpetua a la melancolía, sino una inagotable fuente de inspiración. El espectacular solo de guitarra de Davideana nos recordó a todos que no todo está definitivamente hecho en el flamenco y que es muy probable que siempre venga nuevo talento con un extraordinario conocimiento del pasado para crear lo nuevo.
Para inaugurar la noche, disfrutamos de un atardecer en el Sunset Beach Club, un lugar idóneo para contemplar la tonalidad particular con la que la luz malagueña baña los paisajes de Archidona. Este espectáculo luminoso dio paso a otro: los Electroverdiales de Rocío López ‘La Boterita’ y Alejandro Lévar. Su lenguaje escénico revolucionario fusiona música electrónica, folclore malagueño y elementos audiovisuales. Hubo momentos de auténtico hallazgo artístico, pero también otros en los que no parecieron conectar plenamente con la audiencia.
«Davideana, con apenas 21 años, es un guitarrista completísimo que interpretó una granaína en la que combinó falsetas propias con otras de José Fermín Fernández, poniendo al público en pie en una auténtica erupción de vítores y aplausos. Su técnica, su ritmo, su armonía y su creatividad compositiva se desplegaron sobre el escenario con una intensidad casi surrealista»

Kiki Morente, acompañado por los jóvenes guitarristas Davideana y Pablo Fernández, continuó con un recital de cante que bebió directamente del legado de su padre. Disfrutamos de fragmentos de Lengua de las mariposas, de los tangos Me van aniquilando y Aunque es de noche, así como de los fandangos Montes de Málaga, entre otros temas del repertorio paterno. El espíritu morentiano es omnipresente en un festival inspirado parcialmente en su memoria, pero aún más cuando su hijo canta de forma excepcional.
Era de esperar que el joven cantaor nos deleitara con su arte: todos conocemos su trayectoria y sus extraordinarias cualidades. Sin embargo, el solo de guitarra de uno de los acompañantes de Morente se convirtió en el momento culminante de la noche. Davideana, con apenas 21 años, es un guitarrista completísimo que interpretó una granaína en la que combinó falsetas propias con otras de José Fermín Fernández, poniendo al público en pie en una auténtica erupción de vítores y aplausos. Su técnica, su ritmo, su armonía y su creatividad compositiva se desplegaron sobre el escenario con una intensidad casi surrealista, dando lugar a un ritual escénico del que todos fuimos partícipes.
La noche cerró con Carlos Emblemátika y su espectáculo Recuerdo a Alicia Acuña. En memoria de la queridísima cantaora sevillana, mezcló música electrónica con cante jondo de forma elegante, animando incluso a parte del público a bailar. ♦






















































































