La comunidad flamenca se fortalece cuando no tiene prejuicios, cuando comparte todo tipo de estética con resultados positivos. En suma, cuando abordamos lo jondo desde la comprensión profunda y atendiendo a que todas las propuestas históricas han de ser tratadas con respeto, dignidad, atención y, algo fundamental, con tolerancia.
Esa aceptación es la que propugna la Noche Flamenca Ecijana, admitir los contrastes sobre los gustos, las desemejanzas y, por tanto, las diferencias culturales entre flamencos, proposición que, en las pasadas jornadas de martes y miércoles, ha quedado de manifiesto armonizando a Enrique el Moreno, gitano fragüero en el centenario de su nacimiento, con Pepe Marchena, del que el próximo mes de diciembre se conmemorará el cincuenta aniversario de su adiós.
La noche del martes, 30 de junio, estuvo focalizada, pues, en Enrique el Clavero (1926-2000), también conocido por Enrique el Moreno, cantaor profundo y patriarca de una saga de cantaores y guitarrista. Su fragua había pasado por distintos espacios, reteniendo la memoria la de la calle Estudio, sita tras el muro del camarín del Nazareno de San Juan, de la que salieron miles de clavos y alcayatas, leznas, chavetas, goznes de puertas, maceteros y herraduras, todos templados con un modo de cantar concentrado, con detalles inspirados y su altísimo nivel, tanto por la calidad como por la contundencia expresiva.
Enrique era dominador de los cantes de La Gilica, Juan el Cuacua y El Chindo, y así se los transmitió a sus hijos Enrique, Manuel –fallecido en 2021– y la guitarra de Paco, de ahí que Écija haya tenido para él este reconocimiento a fin de no perder la memoria e impedir que la patología del olvido venza a la historia.
Y para honrar su memoria, el cante de Pepe el Ecijano, que ofreció una lectura peculiar y transparente de la petenera de Medina, resaltó la riqueza armónica de los tangos y cantes del Piyayo, sorprendió a todos por la singularidad de la seguiriya lorquiana y brindó un sonido luminoso y equilibrado al cuplé por bulerías.
El recital del cantaor astigitano estuvo minuciosamente trabajado, muy bien secundado por Manuel Torres y privilegiado al detalle por la terna de palmas, sin olvidar la jocosidad de sus tanguillos gaditanos, tan propios, o el regalo que por bulerías hizo su hija María José León, merced a un baile ambicioso y coherente, en franco diálogo con el cante y validando unos matices expresivos dignos de la casta de la que procede.
Por añadidura, mencionemos la enorme experiencia escénica de Pepe el Ecijano, a quien le presentamos su primer disco, Casta Flamenca, en el Madrid de 1986, y persistente en un fraseo profundo y lacónico, notable solidez técnica y unos medios tonos cuidadosamente elaborados y dignos de admiración, además de lanzarse durante la velada a la búsqueda de momentos intensos de cadencias y absoluta naturalidad.
«Es evidente que la voz de El Perrete atraviesa un gran momento, el mismo que la Noche Flamenca Ecijana, que promueve el respeto y la valoración de todas las expresiones cantaoras desde un enfoque que promueve la equidad y fomenta la creatividad»

Pero este festival es el de la diversidad, el que acoge el más amplio espectro tipológico y estético del flamenco, de ahí que la noche del miércoles, 1 de julio, evocara a Pepe Marchena en el 50 aniversario de su fallecimiento, acaecido el 4 de diciembre de 1976.
Pepe, al que me precié de conocer, estuvo muy vinculado a Écija. Sabedor como pocos de cante y creador de un lenguaje discursivo indiscutible y de la épica del lirismo expresivo, era habitual por estos pagos desde 1926, en que encabezó un cartel en el Teatro Custodio.
Más datos al respecto es que Pepe se hospedaba en la antigua pensión de la calle Cintería, frecuentaba el Casino de Artesanos, por su tendencia al juego de cartas, y hasta celebró su boda en Écija, en el primer Bar Pirula, junto a la gasolinera de Campsa, donde tuvo grandes amigos, siendo su más fiel compañero El Chato de la Campanera, legatario de El Bizco Pardal que poco antes de morir regaló a quien firma su modesto archivo.
En este acto de evocación se subrayó, igualmente, cómo justo hace 40 años, en 1986, se le erigió a Pepe un monumento en su localidad natal salido de las manos del artista ecijano y amigo en el recuerdo Rafael Armenta, escultor de una calidad tan equiparable como los atributos vocales de El Perrete, que a la postre desarrollaría una propuesta de elegante fraseo y sin artificios, que no tiene por qué ser fría o hierática.
El Perrete, joven cantaor pacense, aunque nacido en Lanzarote, evidenció en la milonga marchenera y en las soleares de Cádiz a Triana que va creciendo con seguridad y aplomo en su ejecución. Revela un discurso refinado e influenciado por el lirismo jondo, aunque con evidentes reminiscencias de voces pretéritas, pero siendo determinante en la ejecución y con numerosos efectos de impacto, como puso de manifiesto en la malagueña de El Mellizo con los fandangos de Rafael Rivas y Juan Breva.
Hay que reseñar al respecto que buena parte del éxito de El Perrete se lo debe al guitarrista sevillano Rubén Levaniegos, todo un estallido en riqueza armónica y sostén inexcusable para el cante, como quedaría constatado en todo el recital y más perceptiblemente en los tientos-tangos o en la guajira cubana, que las ejecutó el cantaor muy estimulante, sobrado de recursos y con evidentes demarcaciones vocales.
Con todo, el cante que quedará en la memoria es la seguiriya de Manuel Torre con la cabal de El Pena Hijo, a las que aportó un color tímbrico atractivo y registros agudos sin dificultad alguna, conservando la sonoridad de los originales pero con arrebato y excelsitud, prosiguiendo con el taranto y la taranta de Linares según Pepe Marchena, así como una tanda de fandangos donde no sólo recordó una letra del simpar Francisco Zambrano, sino que los ofreció con emisión abierta, sin rotura en el agudo final, e incluso engolada, es decir, dando resonancia gutural a la voz.
Es evidente, a modo de corolario, que la voz de El Perrete atraviesa un gran momento, el mismo que la Noche Flamenca Ecijana, que promueve el respeto y la valoración de todas las expresiones cantaoras desde un enfoque que promueve la equidad y fomenta la creatividad.
Ficha artística
XLVI Noche Flamenca Ecijana (II)
100 Años de Enrique el Clavero
Palacio de los Marqueses de Peñaflor, Écija (Sevilla)
30 de junio de 2026
Cante: Pepe el Ecijano
Guitarra: Manuel Torres
Palmas: María José León, Jorge del Pino y Daniel el Magüe
XLVI Noche Flamenca Ecijana (III)
Evocando a Pepe Marchena (50 años de su adiós)
Palacio de los Marqueses de Peñaflor, Écija (Sevilla)
1 de julio de 2026
Cante: El Perrete
Guitarra: Rubén Levaniegos





















































































