No cabe duda de que a estas alturas poco tiene que demostrar ya la artista catalana Mayte Martín. Y cuando digo demostrar no me refiero a proponer. Porque aunque la propuesta en concepto no traía nada que podamos definir como nuevo en relación a creaciones, todo lo que pasa por su garganta y su corazón sabe y huele a nuevo a pesar de que anunciara un recital de cante y toque en el que se tributa lo antiguo, lo añejo en sentido amplio. Y así fue, porque empezó con cantes de levante, con una taranta minera, cartageneras y de nuevo tarantas del Cojo de Málaga. Le acompañó a la sonanta un experimentado José Gálvez con solvencia feroz para adaptarse al temple de Mayte. No es fácil acompañar esa dulzura sin que la guitarra robe protagonismo. Por eso, cuando el guitarrista jerezano da la nota precisa, no da la nota.
Realmente no toca la guitarra, conversa con ella, le da su sitio y son sus manos las que responden a la necesidad de la cantaora. La apertura introductoria del toque fue invisible, un inteligente un hilo musical casi imperceptible que pregonaba que la malagueña venía. Mayte hizo la que se atribuye a Manuel Torres muy mecida, protegida y cuidada en cada melisma, rebuscándose en su fuero interno con la de Baldomero Pacheco rescatada por El Pena hace más de un siglo. Remató con rondeñas de El Gallina, fandangos lucentinos de Dolores de la Huerta, rondeña de Jacinto Almadén y fandango de Frasquito Yerbabuena. Nombrar estos estilos obedece nada menos que a plasmar el abanico tan amplio al que acude Mayte para adornar sus malagueñas y reconocerse sensible y generosa a tener muchos maestros.
A mitad del recital, la guitarra, sola y sin permiso, dio la nota, fruto del cambio de temperatura y se peleó con José para afinar y compartir entre los tres la larga tanda de soleares que cantó la protagonista. Me causó extrañeza que trajera varios folios a modo de chuleta que puso en una mesita baja, imagino que con los cantes y algunas letras. La consultaba con frecuencia y timidez, pero marcaba el guion. Me gustó cómo abordó especialmente la soleá de Juan Ramírez, en esa forma cantaora que nos legó el Viejo Agujetas con voz rancia, rota y gastada a las que dio un tratamiento alejado de cánones herméticos pero ajustado a la matriz melódica. Por ahí es por donde mejor navega Mayte. Y no navega sola, porque José supo encorsetar las notas y arrimarse a cada tercio con enorme esencia flamenca.
«La mejor de las tradiciones es respetar el presente de lo que fue el pasado para saber que habrá futuro. Y en el cante esto se cumple. Mayte Martín es artífice de esta hazaña que será una tradición para los futuribles del cante. Una fuente donde mojarse, empaparse y relajarse. Eso es ella»

Se dolió por seguiriyas. Y que vengan a otros a decir que es cante de unos cuantos elegidos por su origen. Ya quisiera más de uno dolerse como ella se duele por ahí. El cante es pellizco y transmisión sin necesidad de alicates ni motores, porque la sapiencia, la sensibilidad y la dulzura también están aquí. Y pocas, muy pocas hay que circunden en la jondura de la seguiriya de Manuel Molina o Paco la Luz con un timbre agudo y laíno. Y si agregamos como ingrediente el soniquete del toque jerezano de Javier Molina, fuente de la que beben todos los guitarristas y más especialmente los jerezanos, entonces igualamos la ecuación y el resultado siempre va a ser exacto, sin decimales. Con sensibilidad. La valiente Mayte se atrevió con el Reniego de Tomás rematándolo con Frasco el Colorao y letra de Manuel Machado, ahí es ná.
A continuación vinieron tientos cortos y tangos ‘apastoraos’ de todo tipo. Cerró con una extensa ronda de bulerías. La guitarra marcó territorio tanto en el soniquete estilístico gaditano de Mayte como en los estilos cortos de Jerez o en el recuerdo a Fernanda de Utrera, a Antonio el Herrero y un sinfín de estilos perfectamente engranados unos con otros. Porque la concatenación de una buena elección de estilos puede parecer a priori algo sin importancia, pero qué va. Es necesario dar sentido a una línea musical que no desentone.
Mayte lo sabe y cuida. Su expresividad es una invisible quietud nada inmovilista que le permite agrandar las fronteras de lo denominado tradicionalmente jondo asociado a una estética concreta. Que vengan y digan lo contrario. Que entonces les mando a escuchar un recital suyo y que esa disonancia cognitiva se vuelva en contra de quien es clasista o tradicional.
La mejor de las tradiciones es respetar el presente de lo que fue el pasado para saber que habrá futuro. Y en el cante esto se cumple. Mayte es artífice de esta hazaña que será una tradición para los futuribles del cante. Una fuente donde mojarse, empaparse y relajarse. Eso es ella.
Ficha artística
Recital de cante de Mayte Martín
Ciclo Andalucía Flamenco
Teatro Alhambra, Granada
21 de mayo de 2026
Cante: Mayte Martín
Toque: José Gálvez





















































































