Horror vacui lo llama Aristóteles, «concepto artístico que describe la tendencia a rellenar cada espacio disponible en una obra con detalles hasta saturar la composición». Es propio del lujo ostentoso del arte bizantino, la decoración islámica o la estética barroca. Y el arte flamenco tiene algo de todas esas épocas. Por eso, una de sus principales características es precisamente el miedo al vacío. Veamos cómo se manifiesta en el cante, en el toque y también en el baile.
¿Temen los flamencos el vacío sonoro? En verdad, su afán por rellenar cualquier espacio obliga a no dejar un solo hueco sin sonido, aunque, como comentaré más adelante, en el flamenco tienen también una notable importancia los silencios, como en todo género de música. Es bien sabido que la ornamentación es uno de sus principales recursos expresivos, por ejemplo en la melodía, a través de los múltiples melismas que adornan los tercios del cante. La melodía cantable en el flamenco no se basa en una escala temperada, sino que está regada de microtonos que convierten la gama flamenca en una sucesión de sonidos imposible de plasmar en un pentagrama, una riqueza tonal propia de la estética de Oriente establecida en una música plenamente occidental, todo un milagro de cultura hispana, reflejo de un pueblo que encuentra en la multiculturalidad su razón de ser. El flamenco es, en ese sentido, una expresión artística tremendamente barroca. Escuchando el cante por seguiriyas, por malagueñas, por tientos o soleares, se puede apreciar el constante discurrir melódico, un alarde de dominio vocal comparable a la ópera barroca, pero en andaluz.
Por su parte, la guitarra es la encargada de rellenar los espacios libres que deja el cante. Escuchemos con atención cualquier cante. Fijémonos en cómo la guitarra, gracias sobre todo a los arpegios, va cubriendo los silencios de la melodía del cante. El guitarrista se encarga de llenar los huecos, intentando que no se produzca vacío sonoro alguno. Los arpegios, junto a los rasgueos, son el recurso ideal para que un acorde se alargue en el tiempo. Una técnica de mano derecha que permite al tocaor ampliar la duración de esos acordes, que son la base del acompañamiento al cante y el baile. Desplegando los acordes en el tiempo se logra la meta de colmar de sonidos cada momento, huyendo del vacío, ahuyentando el pavor que les produce el silencio injustificado.
«El flamenco es una expresión artística tremendamente barroca. Escuchando el cante por seguiriyas, por malagueñas, por tientos o soleares, se puede apreciar el constante discurrir melódico. Un alarde de dominio vocal comparable a la ópera barroca, pero en andaluz»
También el trémolo apoya «la causa», otro recurso técnico que usan los guitarristas para alargar las notas y llenar el espacio sonoro. La guitarra, como el piano, es instrumento de cuerda, la primera pulsada, el segundo golpeada, pero la vibración de esas cuerdas se va apagando y, a falta del pedal de sustain del piano, el trémolo permite que los sonidos en la guitarra se alarguen; otra de las ventajas del llamado «toque pa’ arriba» en contraposición del «toque pa’ abajo», pulgar y rasgueos. El guitarrista flamenco, cuando acompaña el cante o el baile, aunque también cuando toca solo, se ocupa en todo momento de llenar de música el ambiente, y más cuando acompaña el cante que, al fin y al cabo, es un instrumento de viento y el aire hay que administrarlo, con lo que ello significa en relación al tema que nos ocupa. Y también hay que incluir aquí la alzapúa, ese prodigio técnico para encadenar tresillos que es la envidia de los «clásicos».
La faceta de instrumentos de percusión que tienen el baile y las palmas también contribuye a llenar de sonidos el ambiente. El horror al vacío se manifiesta en el baile en diversos momentos de una coreografía. Seguramente el más evidente se da con los contratiempos que se taconean en los paseíllos. El bailaor o bailaora hace contratiempos rellenando los huecos que dejan las palmas batiendo las manos a tiempo. Y los palmeros, que al doblarlas no hacen más que huir de ese vacío al que tienen pánico.
Incluso en los jaleos podemos apreciar este fenómeno estético. El ole que se dice en el único tiempo en silencio del compás, en el 2 último del recuento del baile: 7-8-9-10-1-2. En ese último tiempo, que es el primero del compás de doce, se jalea como si quisiéramos llenar el único pulso en silencio de ese compás, que es santo y seña de la música jonda.
Y hablando de silencios, hay que destacar la importancia que tienen en el flamenco. El hecho de dejar el primer tiempo del compás en silencio, lo que se conoce como rítmica acéfala, proporciona el oxígeno necesario para que respire la música, porque el ritmo flamenco posee también su válvula de escape, un momento para el silencio que, cuando está bien administrado, no deja indiferente a nadie. Muchas veces, ese silencio representa la cumbre emocional de un cante, toque o baile. ¿Qué sería del flamenco sin esos silencios? Tras la catarata de sonidos que se despliegan al interpretar esta música y su baile se hacen imprescindibles, como contraste necesario en toda forma de expresión artística, especialmente en aquella que tiene pánico al vacío. ♦





















































































