La reputada Peña Flamenca La Soleá, de Palma del Río, ha celebrado a lo largo de su Semana Cultural que se acaba de clausurar el cincuentenario de su fundación, efemérides que, con la perseverante colaboración del Ayuntamiento, dice mucho de cómo han cambiado los tiempos, esto es, de cómo la sociedad civil ha cobrado en esta época un protagonismo en el diseño y ejecución de políticas públicas, que no tenía cuando se conformó la entidad en el decenio de los setenta del pasado siglo.
Como grupo humano que es un indicador del desarrollo cultural palmeño, y que da a su local social la condición de espacio de aprendizaje de participación democrática, ha hecho del flamenco un bien patrimonial más, y de su Semana Cultural, una garantía para el éxito de las peñas flamencas de toda España.
Hago, en tal sentido, este alegato porque, en consonancia con lo que antecede, la 46 Semana ha reconocido en estos días a instituciones y entidades que contribuyeron a alcanzar los objetivos de la entidad, y entre ellas, anoche, a la alcaldesa de la localidad, Matilde Esteo Domínguez, por su apoyo a la cultura flamenca.
El hecho de que el tejido asociativo flamenco haya dedicado la cuadragésimo sexta edición a la primera autoridad palmeña significa, de un lado, que la reconoce como el conducto idóneo para vincular a la ciudadanía con su identidad más preciada, y, de otro, el modo con que la Peña sigue siendo el foco que mantiene vivos los elementos específicos que distinguen sus diferentes y múltiples contextos culturales.
Cincuenta años comprometidos con la pedagogía del arte y rindiendo honores a quienes lo posibilitan es, por consiguiente, un hito en la historia del flamenco contemporáneo. Pero sobrellevar cinco décadas sorteando las diferentes problemáticas que subyacen en el género sólo se consigue viviendo esa historia apasionante a base de rigor, objetividad, imaginación y, sobre todo, teniendo el patrimonio y la memoria como elementos básicos del desarrollo cultural de Palma del Río.
Y la confirmación quedó constatada anoche en el Teatro Coliseo con la guitarra de Miguel Ángel Cortés, con un gusto que se ajustó a su técnica; el cante de El Turry, que va en diversidad progresiva en cuanto a tipología y discurso expresivo, o el baile de Vero la India, guardiana de la estética granadina tal y como evidenció en el taranto y los tangos de su tierra.
Y con ellos una agrupación que, como agentes culturales que lo son desde la creación de la Peña Flamenca, se ha dotado de mayor capilaridad social y compromiso comunitario y que, capitaneados por Gregorio González, ha hecho del local social de la calle Río Seco un escenario catalizador clave de los valores y tradiciones de nuestro acervo cultural.
«Cincuenta años comprometidos con la pedagogía del arte y rindiendo honores a quienes lo posibilitan es un hito en la historia del flamenco contemporáneo. Pero sobrellevar cinco décadas sorteando las diferentes problemáticas que subyacen en el género sólo se consigue viviendo esa historia apasionante a base de rigor, objetividad, imaginación y, sobre todo, teniendo el patrimonio y la memoria como elementos básicos del desarrollo cultural de Palma del Río»

Obvio es señalar que, en estos cincuenta años de historia, la Peña La Soleá se ha encontrado con luces y sombras, estas últimas causadas por quienes rehusaron velar por la defensa del arte. Aun así, ha contribuido a la dignificación del género y al prestigio de sus hacedores, convirtiéndose en un espacio de libertad para los analistas y una plataforma para la reafirmación artística, con lo que ha permitido tanto la diversidad cuanto una reflexión sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, sin duda el mejor modo de preservar ante nuestros jóvenes un patrimonio intangible que representa la fuente vital de una identidad profundamente arraigada en nuestra historia.
El valorar no sólo nuestra memoria pasada sino también nuestros testimonios presentes resume la historia de este desafío. Son cincuenta años como testigo con información relevante, por lo que la noche del 7 de marzo no asistí a una jornada de clausura o una celebración más, sino que estuvimos ante un incentivo fundamental para la revitalización de la identidad cultural palmeña.
Pero en los elementos que intervienen en la conformación y desarrollo de esa identificación no sólo está la Semana Cultural. Recordemos, en ese marco, que el ente nació el año 1976 y fue creado gracias a la inquietud por la ceremonia jonda de un grupo de emprendedores aficionados locales, presididos por Francisco González Ramírez, y tan dispuestos que al año siguiente celebraron su primer festival.
Andando el tiempo asumió la presidencia, en 1988, Gregorio González Rodríguez, su actual presidente, que en su discurso anunció su retirada en la próxima asamblea de socios, pero que recordó cómo se estrenó con un recital de José Mercé y Manuel de Palma, guitarrista y maestro indispensable, además de ensanchar el encuentro Luna Flamenca, el homenaje a la mujer y hasta un sinfín de actuaciones en las que contó con el cabal asesoramiento del compañero en el recuerdo Paco Moyano.
González Rodríguez conforma un colectivo de veteranos y jóvenes que han instrumentado la inclusión social en Palma del Río, es decir, han favorecido el desarrollo creativo y la promoción de sus protagonistas a fin de lograr el acceso a la cultura flamenca de todos, sin discriminación alguna, y promoviendo la libertad expresiva fundada desde el rigor del clasicismo que señala la tradición.
A través del tejido asociativo y la corporación municipal, Palma del Río ha promovido, también con el apoyo de las empresas privadas, la acción interactiva de todos los enclaves flamencos sin exclusión. Es decir, que Gregorio González y sus directivos han preservado, mantenido y difundido el valor del género como patrimonio identitario andaluz, y fortalecido la inserción de la localidad en sus actividades culturales, con lo que han posicionado a su pueblo como ciudad del conocimiento.
La celebración de las bodas de oro de la Peña La Soleá, reconociendo el apoyo de las instituciones privadas y rindiendo honores anoche a la alcaldesa, Matilde Esteo Domínguez, aparte de un privilegio para los palmeños, ha sido una gran fiesta de la convivencia y la libertad, y tanto una como la otra se vinculan al fortalecimiento de una sociedad reflexiva, no discriminatoria, universalista y participativa. ¡Enhorabuena! ♦


















































































