Desde que el Miércoles de Ceniza irrumpió en nuestras vidas el período penitencial de la Cuaresma, el flamenco generalista ha venido cediendo su espacio al cante de temporada por antonomasia, la saeta, partitura sonora de la liturgia católica con la que nuestros cantaores nos preparan para la Resurrección.
Estamos ante un tesoro que constituye, al menos para Andalucía, un valor inestimable, pues forma parte necesaria e integral de los actos cuaresmales y por supuesto del paso de nuestras Cofradías en Semana Santa, de ahí que subrayemos su relevancia por la función que ejerce como música sacra al servicio divino.
El cante por saeta no es en sí mismo una acción litúrgica, pues no lo podemos situar en el contexto de la Eucaristía u otros sacramentos, pero sí en el fomento de los ritos sagrados, en las ceremonias que tienen un profundo significado espiritual y que, por tanto, son fundamentales para la práctica de la fe.
Con esa delicadeza oracional lo hacen los saeteros andaluces, tanto en los concursos organizados por las Hermandades de Penitencia y las Peñas Flamencas, preferentemente, como en las exaltaciones, de las que destaco el ya célebre circuito de la Diputación Provincial de Sevilla y la ruta que anualmente fijan los Ayuntamientos de Mairena del Alcor, Écija, Utrera y el territorio malagueño, que lo determina la Diputación Provincial y que este año corresponde al pueblo de Campillos.
Estos actos, flamencos y religiosos a la vez, fomentan la unidad, enriquecen la mayor solemnidad de los ritos sagrados y cumplen con la misión de todo cristiano: evangelizar a los asistentes merced a la palabra y a la música.
Abundando en ello, no todos los formatos responden a los mismos códigos. La Diputación de Sevilla, por ejemplo, incardina la exaltación de la saeta en los llamados Conciertos de Cuaresma, que para la edición de 2026 extiende el género saeteril al mes de marzo, y en concreto, a las localidades de Tocina-Los Rosales (día 13), La Roda de Andalucía (día 15), Morón de la Frontera (día 19), Umbrete (día 19) y, respectivamente, Herrera (día 28), que acogerá la clausura coincidiendo con el Sábado de Pasión.
Los responsables de sacar sonidos a la partitura de oración tan honda están coordinados por Pedro Chicharro Rodríguez, director técnico de la Diputación Provincial de Sevilla, y son Antonio Ortega Hijo, de Mairena del Alcor, bendita tierra que sigue contando con un plantel sin cotejo de saeteros flamencos sin artificios; Consolación García, que integra y aporta matices distintos desde la Utrera intemporal, y Manuel Gómez Torres, cantaor de ascendencia flamenca que como indica su remoquete artístico, El Ecijano, nació en la ciudad que no te pide ni paciencia para enamorarte de ella.
«Centrados en plena Cuaresma, la saeta llega para quedarse. Andalucía revisa sus sentimientos más hondos sin más pretexto en el saetero que encontrar en el tono de su voz poética la descripción vidriosa de la saeta. Se establece en nuestros pueblos y, sin más destino que el corazón del oyente, harán que los chorreones de baba duren al menos hasta el Sábado Santo, jornada en que el cuerpo de Jesucristo permanece en el sepulcro tras su Pasión y Muerte»
Los tres cantaores citados condensan en sus registros la palpitación del espíritu sonoro de los pueblos sevillanos, que entienden que la saeta es oración que, al convertirse en confesión a grito, se propaga entre la muchedumbre haciéndola vibrar de emoción, elevando su vuelo trágico y desgarrador hasta clavarse lentamente, como un dardo sentencioso, en el pecho de los que acuden solícitos al paso de Ntro. Padre Jesús Nazareno o de María Santísima.
Pero la saeta se adorna con las más diversas cualidades en Andalucía, como en el segundo ciclo citado, que alcanza ya la XIII Exaltación de la Saeta y que principió el pasado 1 de marzo en Écija con el enaltecimiento de Rafael Benjumea Gómez-Duarte y el estreno de la marcha procesional Virgen de la Piedad, del compositor Primitivo José Buendía Picón, quedando el apartado cantaor a merced de Sofía Fernández (Utrera), Manuel Gómez Torres (Écija), Soledad Madrid (Mairena del Alcor) y Bonela Hijo (Málaga), cuatro voces que conservan con sumo cuidado la participación activa que les corresponde.
Este circuito que está cabalmente instalado en la opinión popular prosiguió su andadura por Utrera, contando con la exaltación de Manuel Durán y la ilustración del Cuarteto de Cuerda Bruma, quedando la saeta bajo la responsabilidad de Isabel Guerrero (Málaga), José María Medina Sandoval (Utrera), José de la Mena (Mairena del Alcor) y Manuel Gómez Torres (Écija), con lo que se persiste en voces diversas capaces de provocar el enardecimiento en los presentes.
También Mairena del Alcor, ungida por el arte grande y la tierra que acunó al primer Hijo Predilecto de Andalucía, Antonio Mairena, o a su hermano Manuel, el rey de la saeta, además de contar con la saeta mairenera autóctona, también llamada Saeta de Marín, y la Saeta Revoleá, ha quedado beneficiada por el lenguaje de esta espléndida lección de fe, en la Ermita de San Sebastián, con la presentación de Soledad Martínez y el acompañamiento musical de violín, clarinete y piano.
La saeta para la capital de los Alcores tuvo a María Antúnez Martínez como exaltadora, que encontró a emisarios canoros tal que Manuel Cástulo (Mairena del Alcor), Manuel Gómez Torres (Écija), Enrique Yerpes (Utrera) y Celia López (Málaga), en cuyas gargantas resuenan la devoción de los fieles.
Y el viernes día 20 de marzo, se coronará de gloria el ciclo en Campillos, localidad malagueña muy receptiva para la saeta, y loa que la Diputación Provincial ha encargado a Pepelu Ramos, en un acto que contará con la Agrupación Musical de la Vera-Cruz de Campillos, y cuatro saeteros tocados por la diversidad imaginada para marcar distancia entre ellos, como son Pepe de Campillos, Manuel Gómez Torres, Consolación García por Utrera, y Antonio Ortega Hijo, de Mairena del Alcor.
Centrados en plena Cuaresma, la saeta llega, pues, para quedarse. Nuestra comunidad autónoma, con las especificidades reseñadas, revisa sus sentimientos más hondos sin más pretexto en el saetero que encontrar en el tono de su voz poética la descripción vidriosa de la saeta. Se establece en nuestros pueblos y, sin más destino que el corazón del oyente, harán que los chorreones de baba duren al menos hasta el Sábado Santo, jornada en que el cuerpo de Jesucristo permanece en el sepulcro tras su Pasión y Muerte.

















































































