…Que con el alma no puedo. No me salen mejores versos que los que cantó el mexicano Óscar Chávez –que “esta es la historia de un buen chano mexicano…”–. Busco y rebusco, y nada. Lo único que me brota es un adiós de pañuelos blancos en el andén de la estación de Plaza de Armas, de las que una mañana de los años ochenta partió para los madriles para volverlos a todos como a una cabra, que diría Silvio. Que le pregunten al productor Mario Pacheco, que “flipaba” con él y con sus cosas. Hasta llegó a decir que “el rock flamenco como quimera es un animal mítico que no ha existido nunca, salvo en el caso de los Amador”.
Ha muerto Rafael Amador Fernández y Sevilla ha amanecido con una grieta en el aire. No ha sido una noticia. Ha sido un temblor. Un Gitano –gitanísimo–, músico, hijo de Las Tres Mil Viviendas, niño expulsado de Triana cuando a los gitanos los arrancaron del río como si la memoria pudiera mudarse de barrio. Creció en un territorio humilde, herido de muerte por la droga, la pobreza y el olvido institucional, pero también lleno de compás, de patios invisibles y de sabidurías antiguas. Creció con una guitarra de palo en la mano, como quien nace ya señalado por un destino musical que no se aprende, sino que se hereda, se padece y se honra.
“Rafael no tocaba la guitarra, la despertaba”, le escuché decir una vez a un tocaor flamenco. Y no es una metáfora. Su sonido no era técnica, era sangre. Rafael mismo era la belleza. La belleza morena de luna, que podría haber escrito Lorca. El rocanrolero del duende. Lo bello oscuro, lo jondo y lo verdadero. Antes de que Sabina popularizara el bombín, Rafael ya lo llevaba como gesto natural, como si el estilo fuera una consecuencia y no una intención. Cuando Rafael se tocaba con un bombín, el de Úbeda aún vestía chupas de cuero. El genio de Amador caminaba con el arte puesto, sin pose, sin impostura, sin espectáculo. Él mismo era el espectáculo.
Alguien dijo de él que era “un revolucionario sin discurso”. Y esa es quizá su mayor verdad: Rafael Amador no necesitó manifiestos para revolucionar. Amalgamó todas las músicas flamencas y gitanas y las pasó por la electricidad como quien pasa el alma por el rayo. Hizo de la guitarra eléctrica una fragua donde el flamenco se volvió trueno. Donde el blues encontró fronteras. Donde la tradición aprendió a hablar en distorsión.
Pata Negra no fue solo un grupo de música. Pata Negra fue una ruptura histórica. El Blues de la frontera no fue un disco. Fue un territorio sonoro nuevo, una patria musical sin fronteras. “Ese álbum nos enseñó que el flamenco podía mirar al mundo sin perderse”, recordaba Ricardo Pachón. El mejor disco de los ochenta en Sevilla, junto a Fantasía Occidental de Silvio, como dos columnas sosteniendo un templo invisible.
«Hoy me he asomado a la calle y Sevilla está más sola, desangelada, fría, triste. Más huérfana. Más silenciosa. Pero en nuestra memoria queda el sonido de Rafael Amador, una electricidad sagrada. Nos queda su compás eterno, porque los músicos verdaderos no mueren, sino que se vuelven aire, memoria y raíz»
Se murió Silvio. También se nos fue El Torta. Ahora se muere Rafael Amador. Tres vértices de un triángulo sagrado donde el duende y la verdad anidan. Tres ases incomparables. Quizá incomprendidos. Tres maneras de decir la verdad sin pedir permiso. Tres artistas que no cabían en el sistema, porque el sistema no estaba hecho para gente así. El sistema es una máquina registradora, no un alma que necesita el arte para levantarse cada mañana.
Rafael no fue solo músico. Fue, sobre todo, memoria social. La voz afilada de los expulsados de Triana. El eco de Las Tres Mil. La dignidad del barrio humilde. La poesía que se escribe en los márgenes. Su guitarra hablaba por los que no tenían micrófono. Lloraba por los que no podían llorar. Cantaba por los que firmaban con el dedo.
Rafael era, vivo, más grande que su biografía. Más alto que todos los datos que se pudieran aportar de él y de todos los discos y conciertos que se ha mamado. Porque su vida fue dura, pero su obra fue luz. Fue herida, pero también fue medicina.
Hoy me he asomado a la calle y Sevilla está más sola, desangelada, fría, triste. Más huérfana. Más silenciosa. Pero en nuestra memoria queda el sonido de Rafael, una electricidad sagrada. Nos queda su compás eterno, porque los músicos verdaderos no mueren, sino que se vuelven aire, memoria y raíz.
Rafael Amador se nos ha ido poco a poco. Y aún no se nos ha terminado de ir del todo. Fue leyenda antes de morir. Ahora, la leyenda se agigantará, como suele ocurrir con los genios que no dan demasiado jaleo en vida. Rafael ahora es ya frontera. Rafael ahora es ya el duende eterno del compás indomable.
Y Sevilla, aunque aún no se haya dado cuenta, acaba de perder la parte vacilona y guapa de su alma. Por eso le canto un “adiós con el corazón, que con el alma no puedo”.
Reflexiones sobre Rafael Amador
* Pive Amador (productor musical, músico y escritor)
«Junto a su hermano Raimundo y con la complicidad de Kiko Veneno, Rafael Amador protagonizó una revolución en la música andaluza cuyos efectos aún se siguen produciendo. La cosa flamenca y la cosa rockera nunca han estado mejor hermanadas que cuando Rafael actuaba».
* Pepe Begines (cantaor roquero)
«Rafael Amador es uno de los genios más grandes que ha dado la música sevillana. Desde lo gitano al blues y al rock. Supo fusionar lo salvaje con sabiduría. Y una capacidad con la guitarra y con el cante fuera de lo normal»
* Rafael Riqueni (guitarrista)
«Rafael Amador es un genio y un avanzado a su época. Se nos ha ido un pilar muy importante de la música y de la guitarra flamenca. Y de la fusión, donde él abrió puertas. Lo conocí en una feria de Sevilla. Yo iba con mi padre y Rafael y Raimundo pasaban el platillo. Tuve la suerte de compartir muchos momentos con ellos, con Ricardo Miño, con Juanjo Pizarro. Aprendí mucho con los dos hermanos. Hasta metí un punteo con la eléctrica en el Blues de los Niños».
* Ricardo Pachón (productor musical)
«Rafael añadía a su inmensa creatividad musical una radical disposición para introducir factores no ensayados nunca, un desparpajo para descomponer las reglas y los estilos, y una guapería ante el público sobre un escenario que hacían de él un artista casi de culto, extraordinario, siempre imprevisible…».
«Como la personalidad ingobernable que fue, su obra artística queda escrita en páginas de gloria que se defienden solas. Pero nos queda, en cambio, la incógnita de saber cuál podría haber sido su legado si esa ingobernabilidad no hubiese sido tan autodestructiva. Que sirva su ejemplo por todo y que descanse en paz» (Chemi López)
* José María Arenzana (periodista y escritor)
«A una pregunta reciente sobre quién acreditaba más talento, si Raimundo o Rafael Amador, el productor Ricardo Pachón me respondió que tal vez Raimundo demostraba más talento como guitarrista, pero que Rafael era «el más artista» de los dos. Es lo que suele denominarse ‘un artista de artistas’. Más que del gran público, gente dotada con una capacidad innata para influir en el entorno y para capturar la atención y las miradas cuando aparecía en escena».
* Félix Machuca (periodista y escritor)
«Para nuestra generación, Rafael Amador supuso escuchar el blues al otro lado de la frontera, la cordura de los lunáticos, disfrutar de la pata negra de su rock flamenco, conocer el rock de Cayetano escrito sobre la partitura de papel Boyeré de Las Tres Mil, el veneno de la juventud que vislumbraba un tiempo diferente, las manos y las bocas echando humo que inspiraban las guitarras callejeras, la revelación de la clave de la leyenda del tiempo, la reivindicación de quedarse en Sevilla hasta el final, como cielo y cieno de nuestra existencia, la reflexión estoica del gitano que ve el pasar de la vida y no puede parar las manillas del reloj del cariño, de la juventud, de la gloria y de los años. Fue la picardía de dos mánager de Huelva y la camisa rota de Camarón. Rafael Amador fue todo eso y mucho más para los que, en los ochenta, éramos jóvenes, felices e indocumentados. Hoy tenemos en el alma un verdugón morado que nos ha regalado la vara verde de su ausencia irremediable».
* Luis Clemente (musicólogo y escritor)
«La más lograda fusión entre flamenco y rock, vía Veneno, desde los tiempos de Smash. Fueron lo más intuitivo, la belleza inherente al fracaso, el apogeo de la ruina».
* Chemi López (productor musical)
«Una voz redonda y vacilona de la mano de un sonido de guitarra único, sin llegar a la perfección pero sí a la lucidez absoluta. Y su genialidad inestable como eje transversal de todo lo anterior. Como la personalidad ingobernable que fue, su obra artística queda escrita en páginas de gloria que se defienden solas. Pero nos queda, en cambio, la incógnita de saber cuál podría haber sido su legado si esa ingobernabilidad no hubiese sido tan autodestructiva. Que sirva su ejemplo por todo y que descanse en paz».
* Juan José Téllez (periodista y escritor)
«La creación flamenca suele ser fruto de una conjunción en la que participan la memoria, el hábitat y el tiempo en que transcurre. E indudablemente, Rafael era, con Raimundo, auténticos pata negras, herederos de una tradición familiar pero también de un barrio, en este caso Las Tres Mil Viviendas de Sevilla, a donde fueron deportados los gitanos de La Cava de Triana y muchos otros. Su talento se vio rodeado por otra transformación, la de la música popular a escala mundial, desde los años 60 y 70, que propició, desde Smash a La Leyenda del Tiempo, una atmósfera de complicidad, de fusión sin confusión, de la que Rafael Amador fue una de sus principales eminencias».
* José María Arenzana (periodista y escritor)
«Me vienen a la mente nombres como los de Dylan, Bowie, Prince…, o sea, líderes, que se diría extraterrestres, que cuando asoman en escena sostienen las miradas con un magnetismo que a los productores desavisados, a los aspirantes a estrellas y a las muchachas despistadas les hace preguntar: ¿y ese quién es?, ¿de dónde ha salido? Su libertinaje creativo y su autenticidad le hacían inimitable, aunque de sus hallazgos y riesgos sin contemplaciones se derivaron multitud de esporas que continúan poblando el blues y el rock aflamencados como una bomba de probióticos que hubiese explosionado en el núcleo de un ecosistema para colonizar el hábitat de muy diversas maneras y por mucho tiempo.
* Luis Ybarra (director de la Bienal de Sevilla)
«Con la muerte de Rafael Amador perdemos a uno de los grandes bastiones de la contracultura sevillana que terminó por convencer a un público masivo, especialmente a través de Pata Negra. Junto a su hermano Raimundo, Rafael es el creador del rock y el blues gitano que empezamos a entrever en Veneno, junto a Kiko. Se habían hecho incursiones importantes antes, por supuesto: desde Sabicas con Joe Beck a Smash. Los Amador no cantaban con acento, sino con intención flamenca y matiz gitano. Sus letras, sus melodías, sus aromas, sus cadencias… Fueron el revulsivo de una nueva expresión que llega intacta hasta nuestros días. Qué modernas suenan las grabaciones que ahora circulan con intensidad por las redes. Pasa la vida, pero las obras quedan. ♦
«Es lo que suele denominarse ‘un artista de artistas’. Más que del gran público, gente dotada con una capacidad innata para influir en el entorno y para capturar la atención y las miradas cuando aparecía en escena» (José María Arenzana)




































































































