En el mundillo del flamenco, a veces un tanto exaltado, la voz de Miguel Betegón suena al teléfono como un manantial de serenidad y dice mucho de este aficionado que puso en marcha un sueño flamenco hace dos décadas en Esch (Luxemburgo) y lo mantiene vivo junto a otros cómplices. Se empeña en subrayar este hecho: “Conste que no soy director, somos un grupo voluntario, altruista, de seis personas sin jerarquía ni organigrama definido. Algunos nos hemos jubilado ya, como Paca Rimbau o yo mismo, pero seguimos activos”. En todo caso, se presta a hacer de portavoz para expoflamenco, y ayudar a difundir la labor que hacen en un país que es, de por sí, un gran desconocido.
Para empezar, ¿podría contarnos cómo llegó usted a Luxemburgo?
Yo llegué en enero del 88, para trabajar como funcionario, poco después de la adhesión de España a la Unión Europea. Allí descubrí que existía un círculo español con el nombre de Antonio Machado que se reunía y promovía actividades. Un grupo de personas entramos en el círculo y empezamos también a colaborar de forma altruista en la difusión de la cultura española en ese país pequeño, colindante con Francia, Alemania y Bélgica.
¿Fue ese círculo el germen del festival?
Sí, el flamenco era muy bien acogido, y a partir del 97 empezamos a hacer actividades relacionadas con él. Recuerdo un recital de Enrique Morente ese mismo año, otro de Carmen Linares al año siguiente, tiempo después un espectáculo de Eva Yerbabuena… Así, en el año 2004 se establece una relación con el Gran Teatro de Luxemburgo, con la que conseguimos que se hicieran un par de noches flamencas al año. Empezamos con el Rinconete y Cortadillo de Javier Latorre, y hemos seguido con Sara Baras, Israel Galván, Rocío Molina… Por otra parte, en 2006 el Círculo Antonio Machado empezó a colaborar con la Kulturfabrik de Esch, la segunda ciudad de Luxemburgo. Se trata de un antiguo matadero de reses, la típica construcción de entreguerras hecha de ladrillo visto, como el Matadero de Madrid, que estuvo a punto de ser derruida pero, gracias a un profesor, se convirtió en un centro cultural muy interesante y muy bonito. Empezamos a hacer cosas, y como aquello parecía funcionar bien, pensamos en un festival flamenco. Además de la Kulturfabrik, hemos colaborado con algún espectáculo en el Teatro Municipal de Esch y en el Conservatorio de Música de la misma localidad, así como en la Cinemateca de Luxemburgo, con un ciclo de cine en torno al flamenco.
«Quizá otros festivales no tienen que atender al valor pedagógico del flamenco, pero nosotros sí. Hemos tenido incluso cursos de cante flamenco con intérprete, por ejemplo, con Jeromo Segura. Sabemos de gente que ha descubierto el flamenco aquí, y luego ha hecho turismo para ir a la Bienal de Sevilla o el Festival de Jerez»

El mismo que lleva ya dos décadas funcionando…
Sí, con 18 años, ya que la de 2020, con la pandemia, fue anulada, y en 2022 tuvimos una edición más ligera, por ser la ciudad Capital Europea de la Cultura y estar la programación más volcada en la cultura local.
¿Tiempo suficiente para definir un perfil de espectador del festival más o menos concreto?
Tenemos un público bastante fidelizado. Unos son españoles y otros luxemburgueses o de las conas limítrofes. Desde Francia y Alemania nos llega bastante gente –así como portugueses, que constituyen la mayor comunidad migrante–, a menudo atraída por los cursos que organizamos, de cante, baile, guitarra y algún año incluso de percusión. Uno de los atractivos del festival, de hecho, es que se han creado escuelas de flamenco precisamente a partir de su fundación. Quizá otros festivales no tienen que atender al valor pedagógico del flamenco, pero nosotros sí. ¡Hemos tenido incluso cursos de cante flamenco con intérprete, por ejemplo, con Jeromo Segura, pues los alumnos no conocían siquiera el idioma! Sabemos de gente que ha descubierto el flamenco aquí, y luego ha hecho turismo para ir a la Bienal de Sevilla o el Festival de Jerez. Y gracias a todo eso, a la salida de los espectáculos ya oímos críticas muy fundadas y muy serias.
¿Está más cerca, pues, el día en que veamos salir alguna figura del flamenco desde Luxemburgo?
Aún es pronto para eso, pero poco a poco ha ido despuntando gente. Sobre todo el festival ha servido para fomentar la afición, y hay casos como el de Jil Kelhetter, que tiene su propia escuela y funciona muy bien. Pienso también en Myriam Vaquero, española y exresidente en Luxemburgo, y en Mathilde Medeau, francesa que desde pequeña iba todos los años con sus padres a nuestro festival desde su pueblo en Francia; ambas viven actualmente en Sevilla y son estupendas bailaoras. Para ver surgir grandes figuras… Bueno, tenemos el hándicap de las dimensiones del país, la ciudad tiene solo 40.000 habitantes, el país alrededor de medio millón. Estadísticamente es difícil, pero consideramos en cambio un éxito contar con unas 2.000 personas por edición. Cuando no hay demasiada actividad, la gente está deseando que llegue el momento del festival, y casi todo gusta. Pero esto también se debe a que damos mucha calidad, es la única manera de aficionar al público. Eso y la convivencia tan especial que se vive entre artistas y espectadores.
«Recuerdo una actuación de David Lagos que me impresionó. Y otra de Rocío Márquez, impresionante. El año pasado tuviéramos dos estrenos mundiales, ambos frutos de nuestra colaboración con la residencia de Torrox: uno con Sara Jiménez y otro con Iván Orellana y Alberto Sellés»
¿Hay algo que no falle nunca con el público luxemburgués, y algo que no tenga, al menos a priori, cabida?
El baile, no puede faltar. Tradicionalmente, lo más duro de digerir ha sido el cante y la guitarra, pero al mismo tiempo nos está sorprendiendo lo bien que está funcionando. Desde hace años, dividimos la noche en dos partes: primero, un recital de guitarra, a veces acompañado de cante, luego un descanso y por último un espectáculo de baile. Por cuestiones presupuestarias, para la primera parte a veces tenemos que tirar de los artistas de la compañía del día, o la que actuará al día siguiente… Pero el interés creciente es un hecho.
¿Qué momentos gloriosos recuerda de estos años en el Festival?
Muchos. Recuerdo por ejemplo una actuación de David Lagos que me impresionó. Y otra de Rocío Márquez, impresionante. Por otro lado, estoy muy orgulloso de que el año pasado tuviéramos dos estrenos mundiales, ambos frutos de nuestra colaboración con la residencia de Torrox: uno con Sara Jiménez y otro con Iván Orellana y Alberto Sellés, que impactaron notablemente. También tengo en mi memoria el espectáculo Burdina/Hierro de Adriana Bilbao, en torno a la siderurgia, que emocionó a la gente, porque Esch es una zona siderúrgica también. Y cómo olvidar, en el Gran Teatro de Luxemburgo, a Israel Galván con dos espectáculos, Arena y La edad de oro, con Miguel Poveda y Terremoto.
¿Y malos momentos, tiene presente algunos?
Pues me cuesta mucho recordarlos, quizá porque he disfrutado tanto que todo nos sabe a gloria. Me viene a la memoria alguna equivocación, como cierta versión de Carmen que nos abrió los ojos para entender que, en adelante, debíamos tener más cuidado con lo que programáramos.
¿Con qué apoyo institucional cuentan?
Muy escaso. La embajada ayuda con cantidades pequeñas, pero siempre nos hemos movido con las cuotas de la asociación. Cuando me jubilé en 2010 y me vine a Madrid, quise que el festival se conociera, fui a la Junta de Andalucía y recibí una respuesta muy buena de Mari Ángeles Carrasco y David Peral. Así logramos incluso presentar oficialmente el festival en Sevilla, algo muy importante para nosotros. Luego hemos tenido ayudas de Extenda, y actualmente no recibimos nada de nadie. Es verdad que somos un ente un poco complicado, carecemos de entidad jurídica propia, pero ahí estamos.
«Tenemos el hándicap de las dimensiones del país, la ciudad tiene solo 40.000 habitantes, el país alrededor de medio millón. Estadísticamente es difícil, pero consideramos un éxito contar con unas 2.000 personas por edición. Cuando no hay demasiada actividad, la gente está deseando que llegue el momento del festival, y casi todo gusta»

¿Esto influye, también, a la hora de contratar espectáculos?
Sí, porque no negociamos, no se trata de eso: decimos lo que podemos pagar. Y debo reconocer que los artistas que nos conocen se adaptan a las exigencias del festival. Nos gustaría traer a gente que está fuera de nuestro alcance, pero la verdad es que ni siquiera pensamos en ello. Otra cosa es el Gran Teatro, que está acostumbrado a grandes producciones, incluyendo las de ópera, pero eso es una programación al margen del festival.
Si pudiera resucitar a alguna figura y traérsela al festival, ¿quién sería?
He de confesar que soy un aficionado al flamenco pero no de toda la vida. Mi afición ha ido creciendo con el festival, y ahora no hago otra cosa que escuchar flamenco. Pero considerando que no soy un entendido, sin duda me gustaría traerme del más allá a Enrique Morente.
Para terminar, ¿cómo animaría a los lectores de expoflamenco a visitar el Festival de Luxemburgo?
Este es un país pequeño pero bellísimo, con una naturaleza preciosa y con una actividad cultural tremenda. Están todos más que invitados en la próxima edición, que será en mayo de 2026, y saldrán más que contentos, porque además se puede combinar con visitas a Estrasburgo, a Francia o a Bélgica, pues tenemos Bruselas a dos horas. El ambiente es muy flamenco y muy internacional. ♦








































































