Arcos de la Frontera (Cádiz) es una tierra inspiradora desde siglos atrás, con sus poetas, casas encaladas y cuestas empinadas. Arcos siempre te dará motivos para volver, para redescubrir rincones llenos de flores, patrimonio histórico y campanas que repican a compás en Santa María o San Pedro. A través del cante pueden contarse noches imborrables, sobre todo cuando se acerca la Velá de las Nieves cada mes de agosto, cumpliendo este año su 65ª edición, o en los encuentros en la peña flamenca del barrio bajo, que ya ha superado los cincuenta años de vida.
En ese entorno creció La Fabi, cantaora de las que hieren cada vez que se suben al escenario. Es sensible y, sobre todo, disfrutona. Ella es la primera en creerse que subirse a las tablas es un ritual, que el público merece un respeto y una absoluta entrega. De las veces que he tenido la suerte de presenciar alguna de sus actuaciones nunca me ha decepcionado, siempre le he visto la garganta roja al acabar. No se queda con nada, el respetable va a verla para que decidan volver, como pasaba con Arcos. El recital que ofreció en la Peña La Perla de Cádiz será recordado para siempre y me aventuro a asegurar que La Fabi es una cantaora de época. En estos momentos son pocos los perfiles tan especiales como el de ella, con tantísimo potencial y con unos conocimientos fruto de escuchar mucho y llevarlo a su terreno. No se parece a nadie.
La entidad gaditana lleva ya un tiempo diseñando carteles propios de los mejores teatros, con una entrada bastante asequible para la calidad que se ofrece. En 2026 han pasado ya nombres como Antonio Reyes, El Granaíno, Rafael de Utrera o Juanfra Carrasco. El ambiente que se respira suele ser animado, al estilo gaditano, con una presencia de mujeres llenas de vida en el público y con ganas de pasarlo bien. Eso a La Fabi le gusta, lo natural porque ella es tal cual. La tarde se asoma al verano, aunque todavía Cádiz no ha recibido los miles de visitantes que toman las calles desde mitad de junio. Puesta de sol soñada y los montaditos preparados para que tomemos algo antes de comenzar.
«La Fabi es cantaora de las que hieren cada vez que se suben al escenario. Es sensible y, sobre todo, disfrutona. (…) Nunca me ha decepcionado, siempre le he visto la garganta roja al acabar»

Naím Real es hoy por hoy, junto a su equipo, el alma de la peña y está atento a todo. Es un romántico que se empeña en escribir más líneas en las páginas de oro de la entidad. También vemos a jóvenes, a parejitas que en vez de ir a la discoteca se sientan en una silla para escuchar a una de las voces del momento. El trabajo de cualquier cronista es hacer sentir al lector lo que no pudieron ver con los ojos y ese es mi objetivo con este Desde Dentro. Me invitaron a presentar a los artistas y advertí que seguramente “la noche de hoy no va a pasar desapercibida”, esta cantaora es infalible. Inmejorablemente escoltada por la jerezanísima guitarra de Curro Carrasco –deben escuchar ustedes su disco Sarmiento–, que estuvo siempre al quite y con una sonrisa que da seguridad y conexión, La Fabi diseñó un recital más que extraordinario. Estuvo brillante, como una estrella que por su tamaño y calidez se acerca al mismísimo sol. El taranto hiriente, los tientos y tangos equilibrados y sabrosos, las alegrías no fueron normales en los remates, y las seguiriyas sirvieron para reconfirmar que es una cantaora que domina lo que se proponga. Cuando parece que no va a llegar a algún tono o a algún alto, resuelve con belleza y coraje.
Las palmas de Zambullo, Ángel Peña y Dieguito Montoya la arroparon con el aire de Jerez y unas camisas blancas de auténtica categoría, que todo hay que decirlo. En el escenario, el vestuario también es importante. En la bulería por soleá pellizcó con el recuerdo a María Bala, y no quiso sumergirse en el mar –más bien océanos– de las bulerías sin unos fandangos en los que se acordó de la importancia de las madres y un mensaje acertado contra la violencia machista. Por bulerías, en pie, se despojó de lo que le quedaba y francamente nos hizo llorar. Parecía que acababa de salir, mantenía una fuerza insobornable, aunque el sudor de su frente no decía lo mismo. No dejen de ir a verla, seguro que no les dejará fríos: recuerden que es tan grande como el sol. ♦


























































































