Dos cursillistas agradecidos y entusiasmados, inspirados en el arte jondo y todo lo que representa en esta Jerez de la Frontera. Empecemos por el final. Decían Robin y Ross, bailaora y guitarrista respectivamente, mientras tomamos café en la Plaza del Mercado: “Gracias a todos los que hacen que este importante evento tenga lugar, y gracias a todos los grandes artistas que han participado”. Y veías en sus ojos el brillo del que ha descubierto algo de inesperada e incomparable belleza.
Ambos son norteamericanos de St. Paul, Minnesota. Hace tiempo se dejaron llevar por la cruda intensidad del arte jondo que echaban en falta en la tierra de McDonald’s. No me malinterpretéis, un big mac de cuando en cuando se come cualquiera, pero el paladar refinado pide una calidad superior.
Robin y Ross son cursillistas y amigos en el contexto flamenco del aprendizaje de baile y guitarra asociado con el ya famoso Festival de Jerez, ahora en plena celebración de su trigésimo aniversario. Decir que estos dos están a gusto en Jerez sería poco.
Cuando les pedí que explicaran qué tiene el Festival de Jerez que no tiene por ejemplo la Bienal de Sevilla, ambos destacaron la comodidad de poder llegar a pie a todas las actuaciones, y que todo es más económico que en Sevilla: hoteles, restaurantes, taxis…
«Robin y Ross son cursillistas y amigos en el contexto flamenco del aprendizaje de baile y guitarra asociado con el ya famoso Festival de Jerez, ahora en plena celebración de su trigésimo aniversario. Decir que estos dos están a gusto en Jerez sería poco»
Comentan que Jerez es una ciudad bellísima, y que los jerezanos son muy amables. Se siente la realidad de la vida en España, y no una visión turística. Empezaron a asistir al Festival en el año 2018, y durante toda la pandemia. “Tantas cosas diferentes”, dice Ross. En el teatro le sorprendió ver las butacas numeradas desde el centro hacia fuera, y no en una sola dirección.
Robin y Ross consideran que el nivel artístico más alto se encuentra en los escenarios fuera del Villamarta, como la Sala Compañía, el Centro Social Blas Infante, Museos de la Atalaya, el Palacio Villavicencio o el Festival Off de la Guarida del Ángel, que está ofreciendo artistas de primera como el bailaor Pepe Ríos o el cantaor Enrique Extremeño, entre muchos otros.
En la clase de baile de Robin están indagando en el romance, un compás marchoso, similar a una soleá rítmica, que se cultiva especialmente en Lebrija. La clase de guitarra de Ross se dedica al abandolao, una familia de cantes afandangados de Andalucía oriental que marca medidas de tres tiempos.
Jerez es vino, caballos y flamenco, a cual más buscado por el visitante. Sin duda la cohorte que más presente se encuentra en Jerez de la Frontera en vísperas de primavera, desde hace treinta años, es la de los aficionados al flamenco de todas las tendencias, gustos y niveles, edades y nacionalidades.

















































































