La gente de Jerez y alrededores, y los aficionados al buen vino, conocen de sobra la variedad vinícola llamada palo cortao, un caldo generoso que surgía por accidente cuando una bota destinada a crianza biológica –fino o amontillado- perdía su velo de flor. El capataz marcaba la bota con una raya o palo horizontal, cortando su crianza inicial para dejarlo evolucionar como oloroso. Este vino, que en los últimos tiempos ha ido gozando de un éxito creciente (como creciente ha ido siendo su precio) inspira a Salomé Ramírez el espectáculo que presentó en la Sala Compañía, en el marco del Festival de Jerez: una metáfora de nuestras vidas, que toman caminos insospechados para mejorar, a menudo, el plan que inicialmente habíamos concebido.
Confieso mi ignorancia del itinerario artístico de Ramírez, salvo sus hitos más evidentes, como su militancia en las compañías de Farruquito o Eduardo Guerrero, o el premio Desplante de La Unión que conquistó el año pasado. Sí tengo constancia de que no viene de ningún linaje jerezano de prestigio, ni cuenta con ningún padrinazgo poderoso, por lo que su camino hasta el citado teatro ha sido, según todos los indicios, cuestión de talento y mérito personal.
Un escenario desnudo, en el que apenas jugaban un par de focos y una luz frontal, iba a ser el lugar en el que la jerezana demostraría durante una hora y media por qué merecía de sobra estar en el programa del Festival de este año. Abrió por taranto muy concentrada, casi hierática en su expresión facial, pero brindando desde el principio detalles de calidad.
«Todo lo bailó Salomé con enorme personalidad, marcando perfectamente los tiempos con los pies mientras sus brazos exponían un amplísimo catálogo de movimientos, y sobre todo haciendo gala de un equilibrio portentoso, que se evidenciaba por igual en los giros como en los cambrés»
No íbamos a tardar mucho en darnos cuenta de que, junto a los aciertos propios, era también una feliz idea incluir como artista invitado a Miguel Ángel Heredia, que cantó Noche, luna y olivo, el éxito de Remedios Amaya, antes de compartir con la bailaora un emocionante paso a dos que calentó el corazón del respetable. Ayudaron asimismo las voces bien matizadas de José del Calli y Manuel Pajares, así como un Manolín García en estado de gracia que lo mismo supo acompañar al baile que lucirse en solitario.
Unas alegrías de Cádiz con bata de cola y mantón anticiparon lo que el elenco llama imaginativamente el “polipalo”, unas sevillanas dedicadas a Jerez con injertos de otros palos como la soleá, seguiriya, etc, que sorprendieron por su originalidad y frescura. Todo lo bailó Salomé con enorme personalidad, marcando perfectamente los tiempos con los pies mientras sus brazos exponían un amplísimo catálogo de movimientos, y sobre todo haciendo gala de un equilibrio portentoso, que se evidenciaba por igual en los giros como en los cambrés.
Decía Santa Teresa que Dios escribe derecho con renglones torcidos. Pero, viendo a Salomé Ramírez en escena, y como digo sin tener muchos más datos biográficos, uno tiende a pensar en un camino recto, muy recto, lleno de esfuerzo, entrega y amor por el baile, que no concluye en la Sala Compañía: le deseo una feliz continuidad, y que nosotros lo veamos.
Ficha artística
Palo cortao, de Salomé Ramírez
Festival de Jerez 2026
Sala Compañía de Jerez
3 de marzo de 2026
Baile: Salomé Ramírez
Cante: José del Calli, Manuel Pajares
Guitarra: Manolín García
Artista invitado: Miguel Ángel Heredia (cante)















































































