Comentaba hace poco con un amigo acerca del poder de los tópicos para crear realidades, es decir, cómo generamos lugares comunes que, al final, también acaban dándonos forma a nosotros mismos. Volví a pensar en ello presenciando el aterrizaje en el Festival de Jerez de Tierra bendita, la propuesta del Ballet Flamenco de Andalucía.
Hace mucho que los andaluces no vestimos chaquetilla ni sombrero, ni las andaluzas se ponen flores en el pelo o decoran sus hombros con mantones de colores. No somos muñecas de Marín ni botellas de Tío Pepe. Pero esa imagen posee tanta fuerza y raigambre que ha permanecido en nuestras fiestas populares y hasta en algunas ceremonias institucionales. Y no digamos en la mirada forastera.
Ese pintoresquismo del que abominaban los modernos en los años 70 y 80 vuelve a estar de moda, y el BFA ha querido jugar con él para hacer su peculiar exaltación de la región. El abultado repertorio arrancó con el joven elenco del Ballet haciendo bulerías, tangos y tanguillos, para dar paso a la taranta de Marchena en la voz de Manuel de Gines, y a una tanda de tangos y tientos alrededor de la consabida mesa de taberna.
«La presencia de Patricia Guerrero en escena subió considerablemente el nivel, demostrando por qué es la jefa. Le echó arte en el recitado del poema Fiesta en la gloria de Manuel Benítez Carrasco, demostrando unas notables dotes actorales. Le echó ganas a la bulería por soleá y acabó brillando, con el resto de la compañía convenientemente enlutada, por seguiriya, insólito desenlace»
A continuación, uno de los momentos de la noche: un solo de palillos sencillamente espectacular a cargo de ese gran percusionista que es David Chupete, que va a prolongarse por fandangos con el concurso del resto de la compañía. Un momento de lucimiento para la voz de Amparo Lagares y un bonito paso a dos por granaína antes de los tanguillos bailados por ellos y las cantiñas bailadas por ellas con mantón y bata de cola, como salidas de un cuadro de Romero de Torres o de Sorolla, incorporándose Patricia Guerrero a la coreografía.
A esas alturas, sin embargo, empecé a pensar que la misma atracción que ejerce el imaginario romántico bajoandaluz puede ser también un lastre. Aunque el texto del programa prometía el siempre apetecible diálogo entre tradición y modernidad, entre el siglo XVIII y el siglo XXI, lo cierto es que el tipismo acaba gravitando hacia sí mismo, de manera que no sirve ni al eco ancestral ni proyecta hacia el futuro. Y eso no es demérito, ni mucho menos, del esforzado y talentoso elenco que ya hemos aplaudido en varios montajes, pero que tal vez aprendan con este montaje –puesto que el Ballet es una estupenda escuela– que a veces puedes hacerlo todo bien y no poder evitar que el resultado tienda a ser plano.
La presencia de Guerrero en escena subió considerablemente el nivel, demostrando por qué es la jefa. Le echó arte en el recitado del poema Fiesta en la gloria de Manuel Benítez Carrasco, demostrando unas notables dotes actorales. Le echó ganas a la bulería por soleá y acabó brillando, con el resto de la compañía convenientemente enlutada, por seguiriya, insólito desenlace para un espectáculo de este tipo. Un montaje, en definitiva, que complacerá a quienes gusten de los estereotipos infalibles, pero que dejará a muchos con ganas de haber ido un paso más allá.
Ficha artística
Tierra bendita, del Ballet Flamenco de Andalucía
XXX Festival de Jerez
Teatro Villamarta
3 de marzo de 2026
Dirección escénica y coreografía: Patricia Guerrero
Bailaoras: Adriana Gómez, Araceli Muñoz, Claudia ‘La Debla’, María Carrasco y Sofía Suárez
Bailaores: Álvaro Aguilera, Ángel Fariña, Arturo Fajardo y Hugo Aguilar
Cante: Amparo Lagares, Manuel de Gines
Guitarra: Jesús Rodríguez, José Luis Medina
Percusión: David Chupete
















































































