A las doce y media del recién estrenado mes de septiembre, del primer día concretamente, se cerró la duodécima edición del Flamenco on Fire. El festival de los balcones, como lo conocen muchos, es más que eso. Es el encuentro con la cultura del norte de España. Es la convivencia de artistas, investigadores y crítica en el mismo espacio. Es el reconocimiento constante de la figura de Sabicas. Es la calidad artística de cada uno de los protagonistas en los diferentes formatos que presenta el festival. Es el respeto y la educación del público…
En la última jornada, la del domingo 31, disfruté del reencuentro con la familia de Canela de San Roque, el maestro de la localidad campogribraltareña que se fue para la gloria en 2015. Desde entonces se le echa de menos, su ceremoniosa estética en los escenarios, su maestría y su categoría. Ahí quedan sus hijos, José Y Fernando, manteniendo viva la llama y haciendo grande el legado recibido. Fernando actuó por la mañana desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona con Alfredo Lagos, una guitarra de las mejores del momento, y José hizo lo propio en el Espacio Sabicas, con la sonanta de Nono Reyes. Juntos, por la noche, en el Hotel Tres Reyes, se unieron para rendir honores al patriarca en el recuerdo, de cuya fiesta participó también la bailaora algecireña Noelia Sabarea. La soleá de esta casa tiene identidad propia.
Otro de los protagonistas del domingo fue Tomatito, referencia inequívoca de la guitarra que está en un gran momento de madurez y que demuestra ser uno de los grandes concertistas de la actualidad. Camarón siempre en el recuerdo, más al final cuando acompañó al genio de San Fernando en una grabación prevista para el bis sorpresa. Cabría destacar la presencia de las voces de Morenito de Íllora, rotundísimo, y de Kiki Kortiñas, de musicalidad especial. José del Tomate es su quito hijo y “ha salido guitarrista”, decía entre bromas el almeriense. El hijo ya es un profesional de esto, con fama y con las condiciones de ser en el futuro una estrella.
«El festival de los balcones es el encuentro con la cultura del norte de España. Es la convivencia de artistas, investigadores y crítica en el mismo espacio. Es el reconocimiento constante de la figura de Sabicas. Es el respeto y la educación del público. (…) Con el firme propósito de regresar a este festival que envuelve de magia cada final de agosto»

En otros de los balcones, por la mañana, escuchamos a Jesús Castilla, que aún celebra su Melón de Oro de 2024. Es un buen cantaor y domina los estilos, sobre todo los del levante y, por supuesto, en alegrías de la tierra. Estuvo con Niño Manuel a la guitarra, y el público que suele agolparse en cada plaza, debajo del balcón que se abre, pidió algo más porque dejó un grandísimo sabor de boca.
Rocío Márquez y Bronquio también fueron protagonistas, en el Zentral, sala dedicada estas propuestas abiertas al diálogo de estilos y experimentalismos. No pudimos asistir porque coincidía en horarios con otras dos citas. Nos consta que se llenó.
Alfredo Lagos ofreció un magno concierto de guitarra en Espacio Sabicas. En menos de una hora volvió a convencer, a demostrar que no tiene techo, que es pulcro y riguroso en la técnica y que en sus cuerdas caben mil melodías, quizás más. Su creatividad es ilimitada, al menos eso parece, y su media sonrisa le sirve para hablar, para agradecer al público ese silencio tan necesario para conectar. Por seguiriyas y bulerías se acordó de su Jerez natal y a mí ya me entraban ganas de volver a pasear por la calle Larga y la Plaza del Arenal, pero con el firme propósito de regresar a este festival que envuelve de magia cada final de agosto. ♦

























































































