Hay en nuestro ámbito o mundo flamenco, y en otros, personas que tienen un gran valor como investigadores o divulgadores del arte flamenco, e incluso son ellos mismos artistas, sin recibir, creemos, el reconocimiento merecido. Uno de ellos es, sin duda, José Esteban Rodríguez Cosano, hermanos de otro grande en este sentido, pero sí algo más conocido y reconocido, el querido y recordado Ricardo, con el que pudimos compartir ratos de flamenco con nuestros alumnos y con los aficionados en general. Dos personas de una calidad humana también destacable, llenos de sencillez y generosidad.
A José Esteban lo conocemos más desde los últimos años. Especialmente, desde que nos llamó, muy ilusionado, para comentarnos que quería grabar dos discos de guitarra flamenca con púa, en lo que es un especialista. Quería saber qué nos parecía –genial y novedoso, claro– y que aportáramos nuestra palabra en el libreto de presentación de los mismos. Fue un honor y un placer colaborar. Lo de la púa me sorprendía, cómo no, por lo poco habitual, pero me admiraba por la dificultad y el atrevimiento. Apenas he visto algún ejemplo de flamenco con púa en Internet, realmente no es para nada frecuente y tendrá su uso, seguramente, muchos detractores.
El primero de los discos se tituló Sentimiento y guitarra. Flamenco instrumental y se editó en 2023. Estas son las palabras que le dedicamos:
DE LA PÚA AL CIELO
De la púa al cielo, la púa pulsando con emocionada precisión (o emoción precisa) las seis cuerdas mágicas de la guitarra. Cuerdas bellas pero inertes hasta que unas manos como las de José Esteban Rodríguez Cosano son capaces, con su mano de nieve, como las del poema de Bécquer, tan hondo y jondo, de darles aliento vital. Música de la tierra al cielo, hermoso pentagrama de la belleza y la hondura. Y jondura, pues Rodríguez Cosano nos ofrece con generosidad, por fin, lo que tan bien conoce y comunica: la música culta y honorable del flamenco.
José Esteban Rodríguez Cosano –Casariche, Sevilla, 1951– es maestro jubilado, aficionado cabal, como lo fue su querido y admirado hermano Ricardo –DEP–, a quien todos los buenos aficionados del flamenco conocen, recuerdan y admiran por su labor como peñista, conferenciante, pionero de la didáctica del flamenco en la enseñanza, investigador y divulgador, actividades en las que el primero también ha trabajado. Ricardo, a quien como el mejor de los hermanos le dedica su obra.
Titulamos nuestro comentario «De la púa al cielo» porque el intérprete nos dona un regalo sorprendente por dos razones: porque el uso de la púa es una novedad cantando con ella con la guitarra, o, al menos, algo muy poco visto en el flamenco en grabaciones o directos, como él lleva muchos años haciendo, y porque, sin duda, alcanza esa mágica capacidad de elevarnos por encima de lo cotidiano y vulgar, nos seduce con su calidad artística, en este caso musical y flamenca.
«Personalmente me emociona esta forma de hacer el cante con la púa, más de lo que esperaba. La púa puede tener mala prensa entre los flamencos, por ser un añadido como artificial, quizá superfluo, una suerte de malabarismo técnico, frente a la uña, que representaría lo natural y lo tradicional. Rodríguez Cosano es novedoso y valiente, sin duda»
Con acierto, ha seleccionado unos cuantos temas, pocos, pero con enjundia, un grupo de toques que son cantes más que reconocidos y reconocibles, cantes tocados / cantados con la púa sobre las cuerdas. Ocho entregas uniendo palos y estilos de cantes muy frecuentados por los artistas, como los fandangos, las malagueñas y verdial o la granaína, junto a otros menos usados, siempre bellísimos a nuestro parecer, como la alboreá, los campanilleros, la nana, la petenera o la saeta. Sabemos que guarda para otra ocasión, ojalá pronto, esos que tantos nos gustan a los aficionados como son las soleares, las seguiriyas, las bulerías, los tientos, las alegrías o el cante de Levante y los llamados de ida y vuelta. Ponerlos a nuestro alcance será un bien para todos y justa recompensa a su conocimiento y destreza. Al final podríamos tener una fantástica antología.
Por todo lo dicho, estamos ante un gran trabajo. Si le añadimos que viene acompañado por la guitarra de Antonio Carrión ya es miel sobre hojuelas. Todos los artistas y aficionados sabemos que hay pocos artistas y aficionados de la categoría de Carrión, por su trayectoria, su sabiduría del toque, del cante –él mismo ha grabado un disco como cantaor– y del baile, su incesante trabajo con las peñas, su maestría y, lo más importante, su bonhomía, su calidad humana. Con la contribución respetuosa pero decisiva de Antonio este disco es, nunca mejor dicho, redondo. Y además esa guinda con el piano de Juan Antonio Aguilera el Vitito en la introducción de la nana.
No soy experto que pueda analizar musicalmente con cabalidad cada interpretación. Sí puedo acercarme a su sentido flamenco. Y tengo que decir que personalmente me emociona esta forma de hacer el cante con la púa, más de lo que esperaba. La púa, a priori, incluso, puede tener mala prensa entre los flamencos, por ser un añadido como artificial, quizá superfluo, una suerte de malabarismo técnico, frente a la uña, que representaría lo natural y lo tradicional. Rodríguez Cosano es novedoso y valiente, sin duda.
Cada cante tocado tiene su personalidad. Así, la alboreá, al modo habitual por bulería por soleá, pero con bastante rapidez y alegría, con unos trémolos vertiginosos con la púa, y las letras que recordamos de quien primero las grabó, Rafael Romero el Gallina. Los campanilleros tienen un tempo penetrante, una finura exquisita, en la línea de la adornada y melismática de La Niña de la Puebla. Los fandangos están recordando tres estilos: los de Niño León, Pepe Aznalcóllar y Antonio el Pichichi. La granaína desborda emoción íntima, como debe suceder tanto al cante como a la guitarra en este palo. En la malagueña interpreta la del Mellizo, construye una perfecta y profunda «mellizada», con cierre vibrante con la verdial de los Montes de Málaga. La nana se introduce con unos acordes al piano de Juan Antonio Aguilera el Vitito, como decíamos, para continuar con las nanas que evocan las de Manuel de Falla, la Nana de Sevilla recreada por Lorca, la Nana del caballo grande que cantó Camarón y unas nanas, nos dice José Esteban con emoción de abuelo, una en tono normal y otra de tonos agudos, «como si el bebé abriera los ojos y dijera a los abuelos que no estén tristes». Las peteneras, la chica y la grande, son intensas en sus manos, con el recuerdo de Pastora Pavón entre otros artistas y unen los trémolos introductorios de Carrión con la púa cantaora de Rodríguez Cosano en un repiqueteo espléndido y difícil. Y, por último, la saeta, original, una recreación personal por carcelera, pero dentro de los esquemas melódicos del flamenco.
Nuestro intérprete aprendió con seis años a tocar con púa, primero la bandurria, luego el laúd. Al fin llegó la guitarra, con un maestro de lujo, Pedro Bacán, y otro no menos admirable, su propio hermano Ricardo. En definitiva, Sentimiento y guitarra es una obra ejemplar, novedosa, intensa, muy flamenca, un trabajo que ha costado mucho llevar a cabo y que, gracias a su sensibilidad y técnica superior, con el impagable apoyo y el marco guitarrístico de Antonio Carrión, nos lleva de la púa al cielo. Esperamos con interés el segundo disco. Adelante y gracias.
Escuchemos la alboreá de este trabajo.
El otro disco, de 2024, está dedicado al famoso bandolero El Tempranillo. En nuestra aportación al libreto puede leerse:
José María Hinojosa Cobacho –1805-1833–, bandolero conocido como «El Tempranillo», fue, cuando el rey «de las Españas» era Fernando VII -según Richard Ford en palabras que nos recuerda el historiador José Antonio Rodríguez Martín en este mismo folleto- «el amo de Andalucía». Y añade: «a cuyo solo nombre tiemblan allí los viejos y las mujeres». Ya tenemos el mito romántico, al margen de la ley del momento, con su propio mundo junto a sus compañeros en la sierra. Mundo que sedujo a muchos escritores y artistas, pues el movimiento romántico del siglo XIX se encargó de elevar a la gloria artística a estos personajes marginales, no con poca idealización, pero eso es otra historia.
Los bandoleros han recibido en el mundo del flamenco diversos homenajes en forma de colección de cantes, como el que Manuel Orta dedicó a Diego Corrientes en 1988 o, ahora, el disco que comentamos aquí, entre otros. En nuestro caso, José Esteban Rodríguez Cosano y su recordado hermano Ricardo ya escribieron además el libro Semblanza flamenca de José María «El Tempranillo». Ahora el primero ve realizado uno de sus sueños, una antología de cantes glosando la trayectoria de este «Robin Hood andaluz», como ha sido llamado. Ha escrito las letras de todos los cantes, con el pertinente perfecto ajuste métrico y expresivo. La primera letra de las alegrías ya resume la vida de este cordobés de Jauja: «La historia de un bandolero / que nació en Andalucía, / una mano traicionera / fue y le arrebató la vía”». Y en todas podemos ver un aire panegírico, resaltando cualidades como la valentía y sucesos que han ido marcando su vida amorosa, personal y su impacto social: «Soy Tempranillo de Jauja, / Rey de la Sierra Morena. / Mi fama, a los cuatro vientos, / por toa España resuena”».
Aquí se reúnen diez cantes: alegrías clásicas de Cádiz; tientos-tangos con Frijones y Pastora de referentes; fandangos de variada fuente –Aznalcóllar, Pichichi, Gabriel Moreno, Cepero–; martinetes al uso; bamberas (de Pastora y otra versión distinta que bordaban José Menese o Miguel Vargas); liviana-serrana-abandolao de Pérez de Guzmán; malagueña de la Trini con rondeña y el remate de Frasquito Yerbabuena; la petenera –primitiva, grande y chica–; la zambra cien por cien caracolera y unas obligadas seguiriyas y cabales recordando a los jerezanos Manuel Torre y Paco la Luz y de remate la cabal de Silverio.
Se trata de una acertada selección, con cantes obligados y acordes con la temática como las serranas, santo y seña de todo lo serrano, ahí donde los bandoleros tenían su vida siempre pendiente de un hilo. No falta el drama, como en la seguiriya, pero la vida es multicolor siempre y tenemos las alegrías de Cádiz o las amorosas bamberas. En fin, un buen repertorio, y en la voz del cantaor experimentado, sobrado de conocimiento que es Juan Soto, todo queda muy flamenco, hondo, en clave jonda. Las guitarras de Luis Calderito en las alegrías y en las malagueñas –de otro disco anterior del cantaor– y de Antonio Carrión en los demás cantes abrazan los cantes con belleza musical y un toque flamenco preciso. Les invito a adentrarse en la piel de este personaje a través de este disco que recoge su historia real y su reflejo literario con este trabajo musical flamenco de gran calidad.
Hasta ahí nuestras palabras. Ya hace años andaba el autor con esta idea. Para despedirnos, aquí lo vemos en una grabación realizada en la presentación de una obra sobre El Tempranillo, con letras de él mismo y de su hermano el también gran aficionado y estudioso del flamenco Ricardo. Cantan en el mismo Pepe Montaraz y Ani Zambrano acompañados a la guitarra por Juan Carrasco. Ofrecieron polos, seguiriyas, alegrías, serranas, etc. Aquí escuchamos la serrana.








































































