En 2022, el Ayuntamiento de Cádiz distinguió como Hija Adoptiva a Teresa Torres Morgado, pero ya hacía mucho que esta sevillana formaba parte inseparable de la vida cultural de la Tacita de Plata. Tanto en su faceta de diseñadora, en la que trabajó con grandes nombres del flamenco, como en calidad de regente del Café de Levante, uno de los epicentros de la poesía y el arte de la ciudad, Tere, como era conocida por todos, fue uno de esos extraños regalos que la suerte nos reserva para hacer mejores nuestras vidas.
Nacida el 2 de enero de 1950 en la Alameda sevillana, justo al lado de la academia de Realito, se mudó con su madre y su hermana a aquel Tardón en el que empezaban a despuntar promesas como Isabel Pantoja o Chiquetete, y en cuya calle Jacinto Benavente crecería. Teresa era hija del ganadero Carlos Núñez, andando el tiempo alcalde franquista de Tarifa, y de una mujer que cosía en casa de éste, pero que por diferencias de clase nunca pudo formalizar su relación con aquel hombre. A los 13 años, Tere quedó huérfana de padre, y a los 15 de madre, quedando sola y al cuidado de una hermana afectada por una discapacidad. Tiempos difíciles que forjaron sin duda su personalidad, siempre enérgica, vitalista y libre.
En 1976 llegó a Cádiz junto a su primer compañero de vida, el futbolista pileño José Catalán, fichado por el equipo local recién ascendido a Primera, y con el que tendría a su única hija, Marta. En la capital gaditana abrió El Vestuario, una tienda de moda que fue referencia muchos años, y más tarde, en 1992, el Café de Levante, un local de la céntrica calle Rosario por el que desfilaría, en las décadas sucesivas, lo más granado de las artes y las letras andaluzas.
Asociada al diseñador Javier Cosano, abrió una nueva etapa con el taller Torres & Cosano, muy orientado hacia el flamenco, la banda sonora de su infancia y la música que la arrebataba. Entre sus clientes destacaron la bailaora isleña Sara Baras, para quien creó el vestuario de varios espectáculos y el del Pregón de Carnaval de 2002, Mariana Cornejo, Ana Salazar, Eduardo Guerrero, David Palomar y muchos otros. Mantuvo una amistad entrañable con figuras como Rocío Jurado, Rancapino o Chano Lobato, que la adoraba y la hacía reír con sus ocurrencias.
«Ponía de manifiesto su gusto por el color y el movimiento, y la idea de que vestirse no es solo una forma de cubrir el cuerpo, sino de expresar lo que llevamos dentro más allá de la piel. Un código que no nos oculta, sino que nos revela en nuestra mejor versión»

Casada con el político socialista Rafael Román, que después de ocupar un escaño en el Senado sería presidente de la Diputación Provincial de Cádiz entre 1995 y 2003, Tere compaginó el mundo de las telas y los hilos con un formidable papel de catalizador de la cultura a través de su Café. En el Levante de los años 90 y primeros 2000 presentó Juan José Téllez –su mejor amigo y padrino de su boda– la primera biografía de Paco de Lucía. Allí disfrutamos de veladas memorables junto a Fernando Quiñones o Caballero Bonald, oímos cantar en petit comité a Manuel Moneo o a Rancapino Chico cuando no levantaba dos palmos del suelo. Y brindamos con plumas de todo pelaje, desde Pablo García Baena a Felipe Benítez Reyes, de Dulce Chacón a Almudena Grandes, de Maruja Torres a Carlos Edmundo de Ory. Así como músicos como Javier Ruibal; cineastas como Julio Diamante; artistas plásticos como Andrés Vázquez de Sola, Candi Garbarino, Carmen Bustamante o José Alberto López; fotógrafos como Antonio Jesús Gutiérrez, Ángel Movellán, Rafa Marchante o Kiki; gente de teatro como Las Niñas de Cádiz o Montse Torrent; del carnaval como Antonio Martínez Ares, Vera Luque, Monano, Selu García Cossío o García Argüez… Y muchos, muchos seres anónimos que encontraron en el Café un hogar y un espacio para la compañía cálida y la complicidad.
Uno de los hitos de su carrera fue sin duda la exposición Poderío, en el que junto a la fotógrafa Beatriz Hidalgo vistió a grandes divas del flamenco como Tía Juana la del Pipa, Ana Salazar, Anabel Rivera, Esperanza Fernández, María Moreno, María Terremoto, Marina Heredia, Maui de Utrera, Mercedes de Córdoba, Olga Pericet, Pilar Ogalla, Rosario Toledo o la propia Sara Baras. Allí ponía de manifiesto su gusto por el color y el movimiento, y la idea de que vestirse no es solo una forma de cubrir el cuerpo, sino de expresar lo que llevamos dentro más allá de la piel, un código que no nos oculta, sino que nos revela en nuestra mejor versión.
Cuando hace tres años le fue diagnosticada una terrible enfermedad, Tere siguió dando lecciones de vida a través de su entereza, su alegría y sus irredimibles ganas de vivir. No podía ser de otra forma: había conocido la adversidad desde niña, pero precisamente por eso sabía que cada día esconde alguna buena razón para la felicidad. Hasta el último momento cultivó la pasión por su nieta, Teresa como ella, acudió a su Café para arropar distintos eventos, y hasta para cruzar el último umbral derrochó clase y coquetería, porque estaba convencida de que una debe marcharse como ha vivido, en su caso brillando allí donde estuviera.
Este fin de semana nos ha dejado, pero como sucede con las estrellas que se extinguen en el firmamento, su luz seguirá confortándonos mucho tiempo, todo el tiempo que perdurará en la memoria. ♦
















































































































