Durante la semana hemos vivido la esencia flamenca de Huelva con nombre de mujer. Han visitado los distintos escenarios mujeres capaces de traernos el duende de su palabra, su cante y su guitarra hasta el punto de convertir el flamenco en aquello que es: cosa grande. La palabra instruida e ilustrada de Ángeles Cruzado, el cante de Consuelo Haldón y Lucía Beltrán, así como la guitarra de Teresa Jiménez.
Abrió la semana, dentro del ciclo Flamencas, promovido por la Fundación Cajasol y el asesoramiento del buen aficionado Paco López Cruz, la doctora en comunicación Ángeles Cruzado para traernos su conferencia Huellas femeninas en la configuración del arte jondo. En ella nos esbozó que, a pesar de los negacionismos sociales persistentes y recurrentes, el flamenco se ha ido construyendo como reflejo de una sociedad patriarcal en el que la mujer se ha ido posicionando poco a poco con un sitio de relevancia, aunque quede mucho camino por recorrer y es necesario hacerlo.
En datos de la última Bienal de Flamenco de Sevilla del año 2024 –quizás la cita más importante del flamenco a nivel mundial–, del total de actuaciones, solo el 21 por ciento de ellas correspondió a mujeres. Tomando los datos por disciplinas, solo el baile tuvo un mínimo equilibrio por géneros, 55 por ciento femenino y 45 por ciento masculino. Un 33 por ciento de representación femenina en el cante y un testimonial 1 por ciento en la guitarra. Históricamente, podemos achacar estos desequilibrios a la propia división del trabajo o a ideas preconcebidas donde el cante y el toque, así como la actividad intelectual, han sido cosa de hombres, y el baile de mujer, entre otros argumentos porque esta era vista como un objeto estético y de deseo.
Comparto con la periodista onubense que aquellos que intentan negar estos argumentos siempre exhiben como ejemplos, entre otras, la grandeza de artistas como Pastora Pavón, Dolores La Parrala, Mercedes Fernández La Serneta, Niña de la Puebla, Fernanda y Bernarda de Utrera, Paquera de Jerez o Carmen Linares, último gran icono del cante, o bailaoras como Pastora Imperio y la Mejorana, Carmen Amaya o Pilar López y Encarnación López La Argentinita, entre otras, como si por sí solas no hubieran tenido la importancia que les llevó a brillar como las artistas de renombre que son y fueron. Dónde quedan aquellas que están casi olvidadas porque no tuvieron siquiera la oportunidad, por el hecho de ser mujeres, de llegar a la grandeza de las nombradas anteriormente o porque fueron retiradas por sus parejas o familiares.
«La voz de Lucía Beltrán quebranta el vidrio del alma y toca el corazón. La soleá le sirvió para templarnos y arrancar los primeros oles de la noche. (…) Coge el capote del cante y le da igual que la luna sea menguante o creciente, porque será lo que en cada momento quiera darnos. A buen seguro, casi siempre bueno»

Ángeles Cruzado nos fue desgranando por etapas el camino recorrido por la mujer en el arte flamenco, haciéndonos ver que solo desde el estudio, la investigación y el conocimiento podemos acabar con el sesgo histórico que constituye la infravaloración de la mujer como artista en el mundo flamenco. Se trata de una reivindicación justa y necesaria.
Acto seguido subió al escenario la paymoguera Consuelo Haldón con la guitarra del maestro Antonio Carrión.
Córdoba la sultana / tierra moruna / mujeres de ojos grandes / verde aceituna.
Así nos introdujo en la alegría de Córdoba, donde dominó el melisma necesario y nos dejó un tarro de melaza en su cante. Consuelo no es cantaora de medias tintas. No le vale guardarse nada. Es cazuela de barro en la que va cociendo su cante poquito a poco. De menos a más e impregnando de aromas flamencos cada uno de sus tercios. Su cante por soleá apolá viajó desde el Puente Genil del maestro Fosforito a la Marchena del maestro de maestros, D. José Tejada –Pepe Marchena– con recuerdo también a la Granada de Morente. Prosiguió Consuelo con el cante por granaína con letras alusivas a Frasquito Yerbabuena, que popularizara en su día Luis Heredia El Polaco. Nuevamente, Consuelo pone su aptitud canora a disposición de un cante que necesita no solo de una particular musicalidad, sino también de unos atributos flamencos que no lo hagan perderse en simple melodía. Continuará con tientos y tangos y cante por caña. Nos llevó a la bulería llamando al cante con la salida que Paquera recordaba a Caracol. En todo momento la agrupación musical Antonio Carrión estuvo al servicio de la joven cantaora recogiéndola y llevándola a donde necesitaba. Aportando su maestría para el brillo de Consuelo, que por sí sola ha comenzado hace algún tiempo a brillar con luz propia. Finalizaron la actuación por fandangos recordando a los maestros Caracol, Agujeta, Chocolate, Manuel Torre, Pichichi, Rebollo y Pepe Sanz.
Y de Córdoba nos llegó la guitarrista Teresa Jiménez. “Yo quiero ser guitarrista”. Gracias a esta afirmación, hoy tenemos a una tocaora que ha globalizado, aún más, la guitarra flamenca de concierto siendo la artista de esta disciplina que mayor número de visitas recibe en redes y visitando países de muy diversa índole. Esa frase se la dijo a sí misma en un teatro de Eslovenia cuando cantaba en una escolanía de niños que visitó ese país balcánico y aprovechó la oportunidad que le ofrecieron de hacer un solo de guitarra descubriendo desde aquel momento su pasión y lo que deseaba desarrollar personal y profesionalmente.
– Mi casa no fue una casa flamenca. Mis padres me apuntaron al conservatorio, a fin de que desarrollara una actividad intelectual y no obtuve muy buena nota de entrada. El único instrumento que quedaba era un guitarra y fue como un encuentro maravilloso que ha decantado, de momento para bien, el devenir de mi vida.
Entre los arcos del fandango, la soleá y los tientos tangos de la Peña Femenina de Huelva, la cordobesa comenzó a dejar su sello en un toque por soleá, que al menos a mí me invitaba al cante. Qué alegría nos da a los aficionados cuando una guitarra de concierto suena a cante sin tener que ponernos a averiguar que será esto. Quizás porque entendamos que es la base de aquello que las seis cuerdas nos quieren transmitir. Prosiguió Teresa emocionada por tocar en Andalucía y en un escenario como el de la peña onubense con un toque por tientos, para luego llevarnos a la soleá por bulerías. Lo que anteriormente os he descrito, que su toque daba ganas de meter la voz, no ha sido una metáfora y fue paradójico observar cómo varios de los asistentes acompañábamos a la tocaora con los nudillos sobre las mesas. Ella lo agradeció y nos regaló un sentido y flamenquísimo toque de taranta recuerdo al maestro Ricardo. Cerró la primera parte de la actuación con un toque melódico por alegría de composición propia. Abrió la segunda parte con los sones por farruca de Agustín Castejón Sabicas. Ese fue el toque que desgranó en Eslovenia y el que nos ha emocionado esta noche, algunos lustros después. Prosiguió por tangos, incluido un poema de composición propia. Seguidamente nos llevó a Jerez. Su bulería tuvo sabor a los maestros y sones de aquella tierra, disfrutando de los rajeos y bordones de la cuna de los Morao, Parilla y Cepero, entre otros.
Su paso por los Emiratos Árabes, donde la compresión de nuestro flamenco es algo peculiar, le llevo a componer un tema donde fusiona los aires de Huelva con músicas del mundo y algunas piezas clásicas como el concierto de Aranjuez del maestro Rodrigo. Para finalizar nos trajo los toques abandolaos por verdiales y la rumba.
Me gustará recordar, además del toque de Teresa, la estampa que conformaba su figura de piel blanca –aunque con perfil de Romero de Torres– junto al emblema de la Peña Femenina de Huelva. Esa guitarra flanqueada por dos brazos de mujer. Desde hoy, a buen seguro, un poquito de su esencia habrá quedado para siempre entre esas cuerdas imaginarias, de esta mujer que sueña poder unir a su toque la voz de sus composiciones poéticas, quién sabe si en breve podrá convertirse en una cantautora flamenca, porque entre otras cosas piensa que la letra es importante para el propio flamenco y la creatividad artística.
«Ángeles Cruzado nos fue desgranando por etapas el camino recorrido por la mujer en el arte flamenco, haciéndonos ver que solo desde el estudio, la investigación y el conocimiento podemos acabar con el sesgo histórico que constituye la infravaloración de la mujer como artista flamenca»

Y para terminar la semana, otro plato fuerte con nombre de mujer: Lucía Beltrán Sedano. Laureada ya con múltiples premios de importancia, es una de las voces con proyección de esta tierra. Acompañada de Antonio Patrocinio, comenzó su actuación en una abarrotada Peña de Cante Jondo de Moguer, por soleá:
A quién le contaré yo / las fatiguitas que estoy pasando / se las voy a contar a la tierra / cuando me estén enterrando. (…) Sale el sol y da en el cristal / cuando no quebrante el vidrio / no sé lo que va a quebrantar.
Su voz quebranta el vidrio del alma y toca el corazón. La soleá le sirvió para templarnos y arrancar los primeros oles de la noche. Lucía tiene una voz y unas condiciones capaces de ahondar en la jondura y llevarte luego a composiciones como el Réquiem y las Cuatro Lunas que compusiera hace algunos años Vicente Amigo. Allí coge el capote del cante y le da igual que la luna sea menguante o creciente, porque será lo que en cada momento quiera darnos. A buen seguro, casi siempre bueno. Seguidamente, llamó a la alegría con letra de Isidro Muñoz para meterse de lleno en el grupo de las cantiñas, y de ahí a la Canastera de Camarón, que solo puedo decir que bordó.
Y qué les digo de la siguiriya y la cabal. La agarró de la solapa y se emborrachó y se peleó con ella, como Caracol decía que hacía con su buen amigo el cante. No la soltó hasta la última nota.
Si el querer que yo te tengo / de plata fuera / nadie más rico que yo / en la España hubiera.
Pocas veces he disfrutado tanto de esta cabal de Sebastián El Pena como esta noche con Lucía. El toque de Antonio Patrocinio hace el cante aún más grande. Es un bálsamo de jondura fresca, sin perder un átomo de flamencura. Es un aditivo natural y necesario que aporta alas al cante más de raíz.
La bulería por soleá fue otra porción más de una noche repleta de buen cante, antesala de los sones de Huelva, donde la triguereña no solo tiene mando, sino que expone los veinte reales del duro para hacer volar el fandango y posarlo en esta tierra, de Toronjo a El Comía, pasando por Pepe Sanz y Manuela Sánchez –Niña de Huelva–.
No me cansaré nunca de expresar mi opinión sobre la importancia de la implementación que el estudio y la investigación flamenca está teniendo en los últimos años en todos los campos y visiones posibles. Esto repercute y seguirá repercutiendo en un mayor conocimiento y reconocimiento de nuestra cultura y en el engrandecimiento y comprensión de la misma. Además de la importancia suprema que conlleva que artistas que nacieron a finales del siglo XX, e incluso ya en este siglo y bien entrado el mismo, puedan tener acceso a la obra de los grandes maestros. Ángeles, con sus estudios de género y divulgación de mujeres artistas que no han tenido el reconocimiento merecido, en parte porque nadie dedicó su tiempo a rescatarlas del olvido, o la importancia de que artistas como Consuelo, Teresa o Lucía, que sumadas sus edades casi nos encontraríamos con la edad de algún artista veterano, tengan como referentes de su cante o toque a personalidades que ni sus padres conocieron o lo conocieron ya en edad madura.
Cuánto me alegro de que esta semana la Huelva flamenca haya escrito una página con bordes de oro, y cada borde haya tenido nombre de mujer. De mujeres flamencas hasta las entrañas. ♦









































































