Hace tiempo que vengo defendiendo que hay demasiadas peñas flamencas en Andalucía. Justifico esta afirmación en que casi cada pueblo y/o localidad intenta tener su propia entidad en la que programar para sus aficionados ciclos de calidad. No es por falta de aficionados, o sí, pero no me cabe duda que mantener una programación semanal o quincenal a la par que mantener un gasto y un local o sede no es baladí en términos económicos, lo que hace, en muchos casos, inviable poder destinar fondos para mantener toda la estructura que supone abrir una peña flamenca. No obstante, y por contra, también existe una necesidad de provocar, en sentido literal, a aquellos que disfrutan del cante, toque y baile. Una necesidad de ofrecer en un ámbito propicio que la llama del flamenco se mantenga encendida, aunque se apague a veces, se convierta en ascuas calientes y vuelva a avivarse esa candela de lo jondo.
Algo así le pasa a le Peña Flamenca La Capa, que surgió de las inquietudes de una masa social flamenca con ávidas ganas de tener en su pueblo, Beas de Granada, un lugar destinado a todo lo dicho. Sin pasar por su mejor momento en cuanto a volumen de socios, son capaces de movilizar a parte de la provincia cada vez que programan, y eso, en términos de peñas, ya es mucho.
Cuidan la calidad de los artistas que contratan a sabiendas de que afinan en los gustos generales, lo que les lleva a llenar sin pestañear un espacio para más de 150 personas, previo pago de entrada para sufragar gastos de caché y producción y conseguir magníficas reuniones.
Así pasó este gélido sábado en su sede. Sobre seguro, Pedro el Granaíno y Patrocinio hijo eran una apuesta a caballo ganador en lo que pareció un recital íntimo a primera vista. Luego podría ir mejor o peor en el escenario, pero ya de antesala todo señalaba al triunfo. Además, se programó en una hora poco flamenca, a las seis de la tarde. Sin embargo, aforo completo y buenos aficionados al cante de corte clásico. Con Pedro se sale ganando, porque siempre está de notable para arriba y tanto el presidente de la peña, Chus Fernández, como su directiva lo sabían. Aunque Pedro el sábado se amarró los machos y no hubo grietas en nada.
«Remató la faena a eso de las siete de la tarde, como buen torero, por bulerías y vuelta al recuerdo de sus maestros y referentes del cante, con guiño a Paquiro y alguna letra suya que nos revela que para cantar hace falta afinación, tener buenas facultades y tesitura de voz»

De antemano, la complicidad en el escenario de cantaor y guitarrista es tal que se vislumbra una admiración mutua que hace que el hilván y las costuras jondas sean firmes. Se miran y se entienden, se conocen, uno canta con la guitarra mientras el otro da música con su voz al toque.
Así todo es ganar. Desde la malagueña que hacía Aurelio de Cádiz como preludio a la granaína del comienzo, hasta los fandangos del bis final.
Incardinó los cantes cambiando los estilos en una amalgama rítmica bien estudiada. Se dio a los doce tiempos en compás de soleá, con letras clásicas, en estilos aún más clásicos (Joaquín de la Paula, Mellizo, Andonda…) ajustada, respirada y correcta. Eché en falta nuevas coplas para este cante, algo que hace de vez en cuando Pedro, sobre todo en bulerías y en la vidalita. Por ello, las ejecutadas nos trasladaron irremediablemente al recuerdo de Tomás Pavón o Fernanda de Utrera.
Por contra y sorpresivamente presentó como novedad –yo al menos nunca la he escuchado en ningún artista– una vidalita muy personal, ciertamente alejada de la versión tradicional y musicada por Patrocinio con gran belleza. Pedro tiene talento natural para el cante, y defiendo que si aporta nuevas letras al conjunto de su repertorio alcanzará aún más cotas de éxito. Reúne todas las facultades para conseguirlo. De hecho, demostró que es capaz de jugar con los graves y los medios de su timbre para endulzar a la vez una vidalita o una seguiriya, y que cada una de ellas asuma la tragedia y la impronta propia de su música.
En la seguiriya rescató letras populares y estilos de siempre, los más escuchados, Manuel Torres, y Curro Durse. Aquí echó las asauras, como dice asiduamente mi compañero Kiko Valle.
Más rescates de la tradición vinieron por tangos, acordándose de Remedios Amaya, Camarón o Morente. Remató la faena a eso de las siete de la tarde, como buen torero, por bulerías y vuelta al recuerdo de sus maestros y referentes del cante, con guiño a Paquiro y alguna letra suya que nos revela que para cantar hace falta afinación, tener buenas facultades y tesitura de voz.
Remató la tanda por fandangos, naturales, del Gloria y de Chocolate, a pie de escenario sin aditivos ni micro, meciendo los tercios y llorando el cante como tiene que ser. Deseando estamos escuchar su primer disco, que sabemos que lo tiene en el horno y que auguramos que va a ser una enciclopedia de buen hacer y buen saber. Habrá que saborearlo a pasito lento.
Ficha artística
Recital de cante de Pedro El Granaíno
Peña Flamenca La Capa, Beas de Granada (Granada)
14 de febrero de 2026.
Cante: Pedro el Granaíno
Guitarra: Patrocinio hijo




































































































