Como decimos en el titular, mujeres artistas en el flamenco las hubo y las hay, muchas y buenas, también mediocres, claro, como los hubo entre los más habituales y numerosos, los artistas hombres. Como es lógico por la evolución de los tiempos, desde hace algunos años el papel de la mujer en el flamenco se está recordando, reivindicando. Por un lado, se critica el machismo imperante durante tanto tiempo, y aún en buena medida, en el flamenco, como en la sociedad, en la que se desenvuelve en cada tiempo histórico. Por otro, se editan libros o se crean blogs en los que se dan biografías y semblanzas de mujeres flamencas, del cante, el toque o el baile, algunas también de la poesía flamenca, pues hay creadoras de letras.
Así, podemos recordar el libro Mujeres guitarristas, de Eulalia Pablo, editado por Signatura en 2009, así como La mujer en el cante flamenco, de Carmen García–Matos, editado por Almuzara en 2010, o el blog Flamencas por derecho de la periodista Ángeles Cruzado, desde 2013, entre otras aportaciones de libros, conferencias, artículos, etc.
Ahora se añade a esta reivindicación y recuerdo Eduardo Castro, con Flamencas. Las mujeres en la historia del flamenco, editado en la prestigiosa colección de flamenco de la editorial Almuzara de Córdoba, donde, por cierto, también se han dedicado libros a mujeres del flamenco, aparte del citado de Eulalia Pablo: La Niña de los Peines, de Cristina Cruces, y otros más generales de baile o de historia del flamenco donde aparecen casos de mujeres artistas.
Escuchamos a la mejor de toda la historia, y, como nos gusta decir, tal vez también el mejor, el mejor y la mejor, Pastora Pavón, por bulerías, a las que dio vida y arte al máximo, aquí con Niño Ricardo.
«Un libro necesario, sencillo, de una lectura fluida, que se lee con interés y amenidad. Hace una necesaria investigación y reivindicación, con ecuanimidad, en una obra aderezada con algunas fotos para mayor deleite. Como dice en la propia portada, un tributo al talento de las mujeres que forjaron la tradición flamenca. Añadiríamos, junto y, a veces, a pesar de los hombres»
Eduardo Castro –Torrenueva, Ciudad Real, 1948– es periodista y escritor, miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada. Con esta obra, pretende poner en valor, como se dice ahora, el papel de la mujer en la historia del flamenco, pues cree que este papel ha estado tradicionalmente relegado y oscurecido por el del hombre –p. 11–. La mujer ha estado muy presente en el baile, como sabemos, pero menos en los otros ámbitos, y en el del toque, apenas hay algunos ejemplos, hoy por fin más, aunque aún con poca visibilidad. Recuerda algunas investigaciones de investigadoras como la catedrática de Antropología Cristina Cruces, desde luego para nosotros también un referente, una maestra de esto que llamamos estudios sobre flamenco. Además, el autor se ha centrado en otros referentes bibliográficos como Núñez de Prado, Demófilo, Pemartín, Ríos Ruiz o el blog de la citada Ángeles Cruzado.
Tras la introducción, nos encontramos varios capítulos, organizados en partes. Así, parte I: Las cantaoras. Capítulos Las dieciocho de la lista de Demófilo, Las otras diez glosadas por Núñez de Prado, Otras famosas del periodo de entre siglos, Otras destacadas cantaoras de la historia del flamenco. Parte II: Las bailaoras. Aquí estudia a La Golondrina y su dinastía, la Macarrona, La Malena, Carmen Amaya, La Argentina, La Argentinita, Pastora Imperio y Pilar López. Parte III: Las guitarristas –tocaoras–. Parte IV: La mujer en las letras. Esto se complementa con sendos apéndices sobre las diversas teorías sobre el origen del flamenco y bibliografía, y termina con un útil índice onomástico.
En el apartado de la visión de la mujer en las letras flamencas, que he estudiado también en el libro La mujer y la compañera en las coplas flamencas, editado por Signatura en 2005, que cita, aunque no aparezca en la bibliografía final, Castro denuncia esas letras escritas básicamente por hombres, muchas machistas, que hoy catalogaríamos como de violencia de género, como la que reproduce, recogida por Demófilo (p. 187):
Yo te lo he dicho, romera,
Que no canteh cantareh,
Que si te yego a piyá
Ni aun er Santolio te bale.
(Demófilo, soleá de cuatro versos, núm. 67)
Por desgracia, hay varios ejemplos más claramente chocantes, aunque a veces se han colado en el cante y en el oído de los aficionados. Saca a colación los ejemplos de cantaoras que han visto censurada o mermada su carrera por mor de los maridos: Pastora, Tía Anica la Periñaca o la Perrata, casos distintos a los que alude el autor. Sobre todo esto ha surgido un debate importante entre los estudiosos y aficionados, con más pasión que buenas argumentaciones a veces.
Estamos, pues, ante un libro necesario, sencillo, de una lectura fluida, que se lee con interés y amenidad. Hace una necesaria investigación y reivindicación, con ecuanimidad, en una obra aderezada con algunas fotos para mayor deleite. En fin, como dice en la propia portada, un tributo al talento de las mujeres que forjaron la tradición flamenca. Añadiríamos, junto y, a veces, a pesar de los hombres.
Nos despedimos con este baile de la mejor bailaora de todos los tiempos –aquí parece que no hay mucha discusión–. Vemos a Carmen Amaya en su eléctrico baile en París en 1952.
→ Eduardo Castro, Flamencas. Las mujeres en la historia del flamenco, Córdoba, Almuzara, 2024.







































































