Se me antoja sorprendente ver cómo en el flamenco apenas quedan creadores en el cante, cómo los discursos estéticos de los cantaores/as pasan por asumir sin ningún atisbo de aventura lo que otros hicieron adoptando y adaptando sus formas para conformar un repertorio aparentemente diverso, aperturista y hasta innovador cuando realmente nos estamos acostumbrando casi en exclusiva a detectar, cuando escuchamos un recital de cante, unos u otros estilos, variantes y sobre todo, de qué fuente/s beben los artistas sin importar ni aportar nada nuevo. Es una satisfacción encontrar gran variedad estilística en los discursos cantaores actuales, sentirse cómodo cuando se reconocen a los artistas por sus maestros. Y sobre todo, cuando se conoce y reconoce el cante. Pero aún lo es más cuando uno acude a una peña o teatro y se topa de frente con un artista que, lejos de mostrar sus amplios conocimientos, su versatibilidad para acometer cantes de unos u otros maestros, decide apuntar en una única dirección y saltarse las normas preestablecidas aún a riesgo de ser criticado por no ser un cantaor de amplio registro o cantaor general que se dice, es decir, que domina multitud de cantes.
Gregorio Moya es uno de esos rara avis del cante que ha optado, merced a sus facultades, a quedarse con un maestro en exclusiva, a masticarlo, engullirlo, absorberlo, interiorizarlo, manipularlo, disfrutarlo y sacar lo mejor de él para transitar por un espacio y un universo cuasi infinito y viajar en él y con él como si estuviera por casa. Gregorio Moya es morentista o morentiano, tanto monta monta tanto, hasta el tuétano.
Cantó en la histórica Peña Flamenca La Yerbabuena de Ogíjares (Granada) junto a Paco Cortés, quien trabajó además en muchas ocasiones con el maestro Enrique Morente, a quien conoce casi como a un hermano.
«Gregorio, más allá de copiar, conoce, transmite, aporta y dibuja unas líneas melódicas morentianas tan ajustadas y definidas que te obliga a mirar al pasado con la satisfacción de disfrutar el presente»
Ambos artistas, compenetrados a la perfección, recogieron el testigo del Ronco del Albaicín con máximo respeto y mejor definición. Desde el primer ¡ay! de la malagueña de Chacón y la del Canario con la que arrancó, pudimos viajar en el tiempo y reconocer al mejor Morente, aquel joven viajado a Madrid a buscarse la vida, con hambre de cante, de experiencias y de aprender de los grandes maestros. Si Enrique entonces tenía una voz más brillante, juvenil y limpia, Gregorio en su tesitura sonora eleva la categoría del cante gracias a su perfecta afinación, ejecución timbrada en los tonos altos de las cuerdas vocales y a su conocimiento de la obra de Enrique. Es cierto que podríamos incurrir en el error de interpretar que es un cantaor copista. Gregorio, más allá de copiar, conoce, transmite, aporta y dibuja unas líneas melódicas morentianas tan ajustadas y definidas que te obliga a mirar al pasado con la satisfacción de disfrutar el presente y si se tiene la mente abierta, validar sin ambajes que lo suyo va más allá. Las remató por tangos lorquianos del Lenguaje de las flores.
Durante toda la noche recibió una transfusión cantaora, la de Enrique, por supuesto, compatible al cien por cien con sus formas. Por soleá vino vendiendo flores, arrimándose a Charamusco del Albaicín. Por tientos, primó la tradición en las letras incluso en el cambio de tono de la guitarra a taranta para abordar más tientos del maestro granaíno y encajar a la perfección las melodías y las tonalidades a su expresión. Finalizó la primera parte con caña, las de Enrique, las clásicas.
En la segunda parte fue igualmente extenso e intenso. Seguiriyas personales de Enrique, jugando con los microtonos, entrando y saliendo del cante tradicional, sin parpadear pero con un paladar exquisito. Por alegrías se detuvo en las letras de Rafael Alberti que Morente recogiera en su disco Negra si tú supieras (1992), además de dialogar con otros estilos gaditanos de toda la vida.
Le quedarían aún dos cantes más para terminar de convencer a los aficionados: ronda de fandangos del maestro y remate acordándose del Gloria.
Y estando en Graná, nada de rematar por bulerías. Por tangos, los de Enrique, los de la Estrella, los versos de San Juan de la Cruz, los personales, los que imperan y mandan en el repertorio de la mayoría de artistas cuando entablan comunicación con la ciudad nazarí. No les queda otra que acudir a la fuente. Paco Cortés, cual fiel escudero, intentó ajustar su toque con magnificencia al expresionismo de Gregorio durante toda la noche. Ahora toca seguir la carrera de Gregorio y ver con qué nuevos aires nos sorprende en los próximos años, si sigue del lado de Enrique y/o acaba Despegando, como el disco de Morente, hacia nuevas fronteras del cante.
Ficha artística
Recital de cante de Gregorio Moya
Peña flamenca La Yerbabuena. Ogíjares (Granada)
21 de marzo de 2025
Cante: Gregorio Moya
Guitarra: Paco Cortés