Incomprensiblemente está siendo la tónica habitual de todos los espectáculos que se están celebrando en el marco de la I Bienal de Flamenco de Granada, y no parece que vaya a solucionarse a dos días de su finalización. Los continuos problemas de sonido, día tras día, no obedecen a algo puntual, a algún desajuste técnico que no se pueda controlar. El penúltimo día de recitales le salpicó a Mayte Martín. A pesar de expresar con talante conciliador y amistoso que el sonido cambió bastante de la prueba de sonido al momento de comenzar, durante su actuación tuvo que pedir subidas de reverb, profundidad en el sonido, subir el sonido ambiente para que le llegara el calor del público y un largo etcétera, que tuvo al técnico, Álvaro, bastante entretenido. Lo cierto es que Mayte lo valoró y se lo agradeció, porque a pesar de los intentos costó llevar a cabo los ajustes sonoros.
Por lo demás, nos encontramos ante una cantaora en plena madurez, de sobra conocida por su dulzura en el cante, por sus melismáticos giros, por su forma tan sensible de transmitir y ganarse al público de la mejor manera que deba hacerse, esto es, sintiendo desde dentro lo que hace, lo que dice y lo que sale.
Por eso es una de las cantaoras de mayor reconocimiento del panorama flamenco. Y así quiso hacerlo sentir. ¿Lo consiguió? A tenor de la respuesta del público, absolutamente. No obstante, es preciso anotar el contenido de su recital y valorarlo desde un prisma en el que prime la agudeza de quien escribe y ponga sobre la mesa las cartas de la cantaora. Cuando comenzó por taranta-malagueña de Fernando de Triana se la notó fría y con algún desajuste tonal, aunque con ganas de manifestar su sensibilidad en los tercios, y lo hizo, aunque costara y hubiera que dar tregua en la minera y en la levantica con la que remató. En esas, José Gálvez, su fiel escudero al toque en los últimos años, se empeñó en adornar la voz con guiños a Ramón Montoya en el arranque. Por malagueñas comenzó poco a poco a sentirse cómoda, sobre todo en la dulce salida de la de Baldomero Pacheco, que fue fidedigna a las formas del Pena para rematar de seguido con una tanda de abandolaos que sirvieron para que calentase la voz, rondeña de Rafael Romero, con tonos bajos, como los del estilo de Dolores de la huerta y el remate de Frasquito Yerbabuena. Ciertamente, la flamencura que desprende es plausible a pesar de contarnos que ya tenía sesenta años y le pesaban, a lo que Gálvez le respondió con elegancia que solo los tiene en el pelo. Cuando ya se encontró, todo marchó sobre ruedas. Por soleá, la guitarra la meció en los diferentes estilos aunque los silencios y los abusos del golpeo a la tapa evitando las notas no ayudaron nada. Sin minusvalorar la solvencia del toque del jerezano guitarrista, a Mayte hay que llevarla en lo musical dando un espacio melódico y tonal que trasciende al toque estrictamente clásico-flamenco. Por contra, la técnica que aplicó José la llevó a un terreno más flamenco, más en la línea del cante tradicional, que también es un gustazo escuchar a Mayte en esa tesitura. No todo tiene que ser bonito, ni lo bonito está reñido con lo flamenco o con lo que otros llaman pureza. En la candidez y profundidad de la seguiriya, el acople entre cante y guitarra fue un tándem perfecto. Mayte se decidió por el cante corto de Jerez, ese explosivo y hablado contra el que luchó y salió vencedora. Aquí no tuvo dobleces y demostró que si se lo propone, y lo hace, es una todo terreno y no se admiten críticas a lo que se entiende por cante del de siempre.
«No todo tiene que ser bonito, ni lo bonito está reñido con lo flamenco o con lo que otros llaman pureza. En la candidez y profundidad de la seguiriya, el acople entre cante y guitarra fue un tándem perfecto. Mayte se decidió por el cante corto de Jerez, ese explosivo y hablado contra el que luchó y salió vencedora»
Le quedó tiempo para una extensísima tanda de tientos que adornó con otra aún más larga de tangos en los que Pastora Pavón fue la principal protagonista en un alarde de frescura adornado con excelso conocimiento y sensibilidad. Esto último es uno de los grandes valores de la cantaora, qué capacidad más fascinante de hacer bonito lo crudo y lo, a veces, incomprensible en el repertorio de letras y conexiones musicales entre estilos para contar una historia.
Ofreció además otra buena tanda de cantiñas, viajando por la bahía, hablando los tercios, jugando con los tiempos, con los silencios y con el compás.
Para cerrar entonó bulerías, las de Antonio el Herrero, algunas cortas de Jerez, el romance de la Reina Mercedes que pusiera en la órbita flamenca Fernanda de Utrera y una zambra caracolera en tiempo de amalgama.
Ficha artística
Recital de cante de Mayte Martín
I Bienal de Flamenco de Granada
Abadía del Sacromonte
25 de septiembre de 2025
Cante: Mayte Martín
Guitarra: José Gálvez







































































