El pasado 21 de noviembre de 2025 falleció, ya centenaria, la hispanista y filóloga Margit Frenk. Su óbito lo han recogido muy pocas publicaciones españolas, entre ellas, la revista Letras libres, que se edita en formato digital e impreso en México y España, y también en dos digitales, CTXT (Contexto), con redacción en Madrid, y AISO (Asociación Internacional Siglo de Oro). Hay que agradecer a quienes escriben los respectivos que se acordaran de la maestra. Son Luis Fernando Lara, Miguel Martínez y José Manuel Pedrosa.
Que sepamos, nada se ha dicho en medios generalistas nacionales, donde suelen informar del más leve resfriado de cualquier astro del fútbol o de la última salida de tono del político de turno. Ya nada sorprende de la desconexión existente entre España y los países hermanos del otro lado del Atlántico. Por poner un ejemplo, un libro que se edite en España y se distribuya en Hispanoamérica lleva unas trabas burocráticas que lo encarecen notablemente, cosa que no ocurría desde hace tres décadas para atrás, cuando el mercado editorial entre ambas orillas circulaba con suma fluidez. Fruto de ese extrañamiento es el silencio casi total respecto a la muerte de Frenk.
Estamos en un portal de flamenco y por eso cabe formular una pregunta: ¿qué hace que la desaparición de la eminente filóloga mexicana merezca aquí unas líneas? Este artículo trata de responder a ello.
Empecemos con unas brevísimas notas biográficas que cualquiera puede ampliar sin demasiado esfuerzo (los tres obituarios citados son muy recomendables). Margit Frenk Freund nació en Hamburgo el 21 de agosto de 1925, hija del doctor Ernst Frenk y la escritora y traductora Marianne Helen Freund Frenk-Westheim, ambos judíos –el verdadero apellido de Ernst era Cohn– que no profesaban religión alguna. El matrimonio pronto se da cuenta de lo que se avecinaba y, gracias a esa clarividencia, se exiliaron antes de que los nazis llegaran al poder. Así, marchan a México, donde desembarcan en Veracruz, el 22 de abril de 1930. Allí desarrollarán sus respectivas carreras profesionales y también pueden darles a sus dos hijos una esmerada educación. El mayor, Silvestre, seguiría los pasos de su padre, y Margit, los de su madre. “Soy rencorosa. No puedo olvidar lo que pasó”, recordaba no hace mucho nuestra protagonista.

Margit Frenk estudió en la Facultad de Filosofía de la UNAM y cursó su maestría en la Universidad de Berkeley. En 1972 se doctoró en lingüística y literaturas hispánicas en el Colegio de México, con la tesis Las jarchas mozárabes y los comienzos de la lírica románica. Siempre consideró como uno de sus principales maestros al profesor granadino José Fernández-Montesinos Lustau, también exiliado en México (su hermano Manuel, que fue alcalde de Granada, fue fusilado dos días antes que Federico García Lorca, su cuñado).
La bibliografía de Frenk es muy amplia y una parte importante se ocupa de la lírica tradicional. Sus primeros libros los firma como Margit Frenk Alatorre, a raíz de su matrimonio con el también filólogo mexicano Antonio Alatorre Chávez. Tras su separación usará solo el primer apellido. La precisión sin petulancia, la agudeza y la vasta cultura de que hacía gala Frenk no estaban reñidas en absoluto con el sentido del humor y la amenidad de sus escritos. Leer cualquiera de ellos supone una bocanada de aire fresco y un gran goce para el lector.
No es sitio para detenernos en su extensa obra pero quisiera destacar tres títulos. Uno es el delicioso Lírica hispánica de tipo popular: Edad Media y Renacimiento (México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1966). Otro es el que recopila diversos artículos que estaban dispersos, Poesía popular hispánica: 44 estudios (México: Fondo de Cultura Económica, 2006). Lo abra uno por donde lo abra encontraremos una lectura estimulante y alejada de cualquier pesadez académica sin renunciar al rigor.
«Esto abona la teoría que sostiene que el flamenco es un decantado iniciado en los siglos áureos y que empieza a cristalizar en el siglo XIX, en pleno romanticismo. Si en lo referente a la música sabemos que los ritmos, tonos y armonías de danzas como folías, canarios, jácaras, zarabandas y chaconas, entre otras, sustentarán estilos posteriores como fandangos, tanguillos, peteneras, guajiras y soleares, en lo tocante a las letras ocurrirá algo similar»
Dejo para el final la obra en la que me quiero centrar. Se trata del monumental Nuevo corpus de la antigua lírica popular hispánica: Siglos XV a XVII (México: Universidad Nacional Autónoma de México / El Colegio de México / Fondo de Cultura Económica, 2003), más de dos mil páginas repartidas en dos tomos que amplían de manera sustancial su Corpus de la antigua lírica popular hispánica. Siglos XV a XVII (Madrid: Castalia, 1987).
La autora mexicana da cuenta ahí de 2.685 letras para las que cita variantes, contextos, correspondencias y paralelos con otras lenguas romances así como supervivencias. Informa además de las distintas fuentes en que aparecen. Huelga decir que es un trabajo absolutamente fundamental para cualquier interesado –ya sea estudioso o simple aficionado– en la lírica tradicional, que completa otros anteriores de Julio Cejador, Menéndez Pidal, Sánchez Romeralo, Dámaso Alonso, Galmés de Fuentes, José Manuel Blecua, José María Alín, Vicente Beltrán y un largo etcétera.

Muchas letras que se hallan en este corpus tratan de temas frecuentes en el cante. Algunas, incluso, han llegado con pocas variaciones a la actualidad. Esto abona la teoría –cada vez más aceptada– que sostiene que el flamenco es un decantado iniciado en los siglos áureos y que empieza a cristalizar en el siglo XIX, en pleno romanticismo. Si en lo referente a la música sabemos que los ritmos, tonos y armonías de danzas como folías, canarios, jácaras, zarabandas y chaconas, entre otras, sustentarán estilos posteriores como fandangos, tanguillos, peteneras, guajiras y soleares, en lo tocante a las letras ocurrirá algo similar. La irrupción de seguidillas y coplas octosílabas a finales del siglo XVI y su asentamiento definitivo en el siglo XVIII fue determinante para el nacimiento de una nueva estética de la que se nutrirá el cante flamenco que, como es bien sabido, usa tales metros de manera profusa. Frenk lo explicaba con meridiana claridad en Lírica española de tipo popular (Madrid: Cátedra, 1992, pág. 23):
«Fue tal la fuerza de la moda, que la seguidilla, generalizada por toda España, desplazó a las formas antiguas del folklore lírico musical. Junto con la cuarteta octosilábica, igualmente antigua en cuanto a su forma y moderna en su espíritu, la seguidilla se enseñoreó de la poesía popular de los siglos subsiguientes. En el seno mismo de la literatura que dio acogida a la canción folklórica medieval nació, pues, la poesía que acabó con ella. Y acabó radicalmente, sin dejar de ella más que algún vago recuerdo, alguna reliquia excepcional».
Recomiendo a los aficionados al flamenco que se zambullan en estos dos tomos para pescar –la palabra es adecuada– coplas que remitan al flamenco. Ese gratificante ejercicio es lo que voy a hacer a continuación ciñéndome solo a las primeras doscientas del Nuevo corpus de Margit Frenk. Vamos allá.
En la Recopilación de Sonetos y villancicos a quatro y a cinco de Juan Vasquez, de 1560, hallamos una preciosa letra inspirada en un dicho que recogió antes el Marqués de Santillana en Refranes que dizen las viejas tras el fuego (“La una mano a la otra lava y todas dos a la cara”). Es la nº 2 del Nuevo corpus de Frenk:
En la fuente del rosel
lavan la niña y el donzel.
En la fuente de agua clara
con sus manos lavan la cara.
Él a ella y ella a él
[lavan la niña y el donzel].

El mismo refrán lo encontramos en una bulería que cantaba el utrerano Manuel de Angustias (Cantes de Utrera y Alcalá, Ariola, 1971):
Vaya qué cosa más rara,
una manita lava la otra,
las dos lavaban la cara.
La nº 30 de Frenk está incluida en el manuscrito ms. α.Q.8.21 de la Biblioteca Estense Universitaria de Módena, que data de finales del siglo XVI y principios del XVII:
¡Viva, viva la graçia, viva!
¡Viva, viva el ciego amor!
Modernamente, en el villancico tradicional de La Virgen y el Ciego, se canta el estribillo “¡Viva el amor!”, que se alterna con “¡Viva el laurel!”. Pero la letrilla antigua recuerda más a un remate que grabó Mairena en el disco Sevilla por bulerías (Columbia, 1967), quizás de su autoría:
¡Viva la gracia, viva el salero,
te enamoraste de un canastero!
En el mismo cancionero se halla la redondilla (nº 44 de Frenk):
Contra’l amor nada vale,
que si en el coraçón toca,
aunque le sierren la boca,
él por los ojos se sale.
Es un tópico presente en una soleá que grabó Tío Borrico con su sobrino Parrilla (RCA, 1974):
Hazme con los ojos señas,
que en algunas ocasiones
los ojos sirven de lengua.
En el Vocabulario de refranes y frases proverbiales de Gonzalo Correas (1627) se encuentra esta cuarteta (nº 64 de Frenk):
Estávame io en mi estudio
estudiando la lizión,
i akordéme de mis amores:
no podía estudiar, non.
Tal incapacidad para la concentración causada por el amor se entrevé en una soleá que cantaba Fernanda (Cante flamenco: Fernanda et Bernarda de Utrera en concert à Paris, Ocora, 1987):
No quiero que vayas a misa
ni la misa que iba yo,
ni tú rezas ni yo rezaba
ni tenemos devoción.
En Flor de varios romances nuevos y canciones recopiladas por Pedro de Moncayo, fechado en Huesca en 1589, leemos (nº 92 de Frenk):
Un sospiro dio Lucía
ayer estando lavando:
¡quién fuera tras él bolando,
por saber dónde le embía!
Son los mismos suspiros de una quintilla que cantaba Fosforito, por alegrías, y Rafael el Tuerto, por tientos (ninguno de los dos la grabó en disco), y que registró Joaquín el Canastero por fandangos (Emi, 1972):
Si a media noche en tu cama
te despierta un sudor frío,
por Dios, no te dé jindama
que son los suspiros míos
que a media noche te llaman.

La comparación de la amada con elementos naturales en la lírica tradicional es cosa frecuente. Ejemplo de ello es esta letra (nº 100 bis de Frenk) recogida en el Cancionero musical valenciano (copiado entre 1560 y 1582):
Qué bonica eres, zagala,
sino que me das vida penada.
Eres más linda qu’el prado
verde, florido y granado;
más que a todo mi ganado
te quiero y que a mi majada.
Una construcción similar tienen los primeros versos de otra que suele cantarse en la fiesta de verdiales y que grabó El Lebrijano por soleá (De casta le viene… El Lebrijano presenta a su madre La Perrata, Philips, 1970):
Más hermosa eres que el sol
y que la nieve en el desierto,
que la rosa en el rosal
que la azucena en el huerto.
¿Quién no recuerda la seguiriya cabal que grabó el viejo Tenazas de Morón tras ganar el Concurso de Cante Jondo de Granada (Seguidilla de Silverio, Odeon, 1922)?:
Yo he andaíto la Francia,
Sevilla y Portugal
y una carita como tú la tienes
no he poío encontrar.
Tenemos una correspondencia con la letra nº 111 del Nuevo corpus de Margit Frenk, que viene en la ya citada la Recopilación… de Juan Vasquez, de 1560:
Tales ollos como los vosos
nan os ay en Portugal.
Todo Portugal andey,
nunca tales ollos achey.
Una letra por bulería que grabó Pansequito y que firman el propio cantaor, José Ruiz Venegas y P. Carrasco tuvo bastante difusión en su época (Pansequito, Movieplay, 1978):
¿Cómo me puedes querer
con quince años que tienes,
si antiguamente las niñas
con los años que tú tienes
jugaban al esconder?
Esa precocidad de la niña en el amor tiene su correspondencia con otra del Qvinto qvaderno de varios Romances, fechado en Valencia en 1593 (nº 118 de Frenk):
Niña de quinze años
que cautiva y prende
¡qué hará, Dios mío,
cuando tenga veynte!
Una soleá que grabó Pepe el de la Matrona en 1947 para la colección privada de García Matos y publicada años después (Homenaje a Pepe de La Matrona, A&B Master Records, 1990) es:
(Dicen que) La villa vale,
la villa vale dinero
y tus ojos son dos caudales.
La podemos vincular con una antigua que se recoge en el Cancionero de galanes, de 1520 (nº 128 de Frenk):
Mis ojuelos, madre,
valen una ciudade.
Mis ojuelos, madre,
tanto son de claros,
cada vez que los alço
merescen ducados.
Ducados, mi madre.
Valen una ciudade.
Mis ojuelos, madre,
tanto son de veros,
cada vez que los alço
merescen dineros.
Dineros, mi madre.
Valen una ciudade.
Dos seguidillas antiguas tienen temática similar. Una la emplea Lope de Vega en su comedia Servir a señor discreto, publicada en 1618 (nº 176 de Frenk), y otra se halla en el Cancionero de Jacinto López, manuscrito fechado en 1620 en Madrid (nº 179 de Frenk). Respectivamente son:
Mariquita me llaman
los arrieros;
Mariquita me llaman,
voyme con ellos.
Quiérome ir, mi bida,
quiérome ir con él,
una temporadita
con el mercader.
Nos recuerdan algunas letras flamencas, como la de un célebre tango registrado por la Niña de los Peines (Del color de cera, mare, La Voz de Su Amo, 1950) y una soleá que cantaba Perrate de Utrera pero que no llegó a grabar. Son, respectivamente, estas dos:
Pasa un encajero,
mare, yo me voy con él
que tiene mucho salero.
Mare que yo me voy con él
que si no tiene dinero
tiene paño que vender.
Esta última también la cantaba Perrate por bulerías y primer verso La voz de un pañero suena.
En la ensalada de Pedro de Padilla Salíme paseando, que se recoge en su Thesoro de varias poesías (Madrid, 1580), encontramos esta letrilla (nº 190 A):
Si me llaman, a mí llaman:
cuydo que me llaman a mí.
Se parece bastante a otras dos que grabó Mairena en sendas tandas de bulerías en La Gran Historia del Cante Gitano Andaluz (Columbia, 1966):
Si me llama, me llama mi mare,
déjala tú que me llame, me llame.
Que me llaman, me llaman a mí,
con un pañuelo de la nariz.
Desde muy joven la Niña de los Peines cantaba un juguetillo por bulerías. Lo grabó por primera vez con Ramón Montoya (Bulerías nº1, 1909):
¡Ay mamá, ay mamá!
como Periquito me quiere pegar.
Se asemeja mucho a esta otra (nº 196 de Frenk), con igual métrica, que se encuentra en varias fuentes, entre ellas en Refranes, o proverbios en romance que nvevamente colligio y glosso el Comendador Hernán Núñez (Salamanca, 1555):
Madre, casar, casar,
que Çarapico me quiere llevar.
En las primeras 200 letras del corpus de Frenk se podrían haber espigado unas cuantas más pero no es lugar para extendernos demasiado. No obstante, cito dos más que aparecen más adelante y que han llegado hasta nosotros con pocos cambios. Una es conocidísima y la recoge en 1626 Luis de Briceño en su Metodo mui facilissimo para aprender a tañer la guitarra a lo español (nº 2.285 de Frenk):
Por la calle abaxo
ba el que más quiero;
no le beo la cara
con el sombrero.

Son muchos los cantaores que la han interpretado por bulerías, como Manolo Caracol (Fiesta jerezana, Columbia, 1945) y Chano Lobato (Aromo, Pasarela, 1987).
Esta otra copla es de autor conocido y pasó al acervo tradicional con apenas cambios (n 2.595 de Frenk). Es del poeta Antonio Hurtado de Mendoza (1586-1644):
No corras, arroyo, ufano,
que no es tu caudal eterno,
que si te le dio el invierno,
te le quitará el verano.
Así la cantaba por fandangos el genial Antonio de la Calzá (Fandangos, Sonoplay, 1968):
Arroyo, no corras tanto,
mira que tú no eres eterno,
llega el verano y te quita
lo que te dio ese hermoso invierno,
el agua tuya era maldita.
Terminamos con un ejemplo de una frase que ha llegado hasta nosotros inserta en una copla flamenca. En el ya mentado Cancionero del músico cortesano Jacinto López está (nº 2.181 de Frenk):
Héchale la capa a la baca
el mosito enamorado,
échale la capa a la baca;
la baca la capa la a rasgado.
En 1908 El Garrido de Jerez grabó como tango-chufla una letra con ese mismo juego onomatopéyico. Más accesible es la versión de Pepe el de la Matrona, que también la interpretó por tangos (en el citado disco de 1947 y también en Tesoros del flamenco antiguo, Hispavox, 1969):
Al pasar por la calle Nueva
y una vaquita a mí me agarró,
por tirarle la capa a la vaca,
la capa la vaca me la desgarró.
Todo lo expuesto es una pequeñísima muestra de los tesoros que podemos hallar en esta colosal obra de Margit Frenk, una mujer ejemplar que debemos recordar siempre. Como le pasaba a la Graciana, la abuela de mi amigo Enrique Navarro, todavía con 100 años sus ojos tenían un brillo especial. Valían caudales. ♦






































































































