Lleva compás, la Virgen del Rocío lleva compás… Al menos eso decían Los Marismeños en la sevillana que Moraíto incluyó en su disco Morao, Morao (Nuevos Medios, 2004). No somos nadie para llevarle la contraria a uno de los conjuntos con mejor trayectoria de este mundo tan andaluz que por primavera adquiere una dimensión especial. De las distintas ferias hasta El Rocío, territorio siempre por descubrir –o redescubrir– cuando asoma el lunes de Pentecostés y los almonteños pasean a la Madre de Dios por esas calles llenas de arena, polvo y fe.
Ya desde que las distintas hermandades filiales salen de sus respectivas sedes canónicas los pitos y tamboriles empiezan a dibujar el paisaje sonoro de lo que, para muchos, es un nuevo sueño a cumplir: plantarse ante la Blanca Paloma, en la reja de la Ermita por donde desfilan más de un millón de fieles para hacer peregrinación. El flamenco, como decíamos, tiene un lugar privilegiado en las casas, sobre todo, donde habitan y conviven durante esos días devotos de tierras jondas. Jerez, Triana, Utrera, Sevilla… dejan siempre espacio para la improvisación y para que, en cualquier momento, salga la voz de algún artista o “simple” aficionado a hacer lo que el corazón le marca.
No vamos a decir que la bulería sobrepase a las sevillanas, ni mucho menos, aunque sí es oportuno señalar que hay sevillanas flamencas que en El Rocío marcaron y siguen marcando tendencia. Los propios Marismeños, con Salta la reja almonteño, Una oración rociera, Almonteño déjame, etc., o María de la Colina, una de las grandes del género, con obras maestras como El Rocío es sentimiento, Me gusta el tintineo, Voy a olvidar un te quiero, Como la mimbre y el junco, etc., sin olvidarnos de las joyas de El Pele, con las sevillanas del Pañuelo, o Salmarina con tantas y tantas letras dignas del mejor poeta como Soy Libre, Fue Sevilla o Mi vida es mía.
«Desde dentro, hemos podido escuchar a voces como las de las hermanas Coral y Ana de los Reyes, José Mijita, la de Juan de la Morena o Anabel Valencia, Manuel Moneo o Chanquita. Hemos visto bailar a Juan de Juan, Fernando Jiménez… Y tantos y tantos más que han aprovechado estos días para celebrar la vida. Siempre a compás, como la Virgen del Rocío»

La bulería se hace presente en varios estados. Por un lado encontramos la improvisada, la que quizás mejor suene por aquello de la pureza del instante, porque no hay dinero de por medio, porque se hace cuando a uno verdaderamente le apetece en la intimidad de un madrugada o en el propio amanecer. También está la de la fiesta explosiva que todos comparten sin ánimo de lucro, que diría aquel. Esas fiestas suelen darse en la tarde noche del viernes, sobre todo el sábado cuando ya el sol empieza a irse y alguna tarde de domingo. En algunas casas, con todo el sentido del mundo, la gran fiesta es el lunes cuando la Virgen ya reposa nuevamente sobre las andas en su altar. ¡Es el día de la Virgen del Rocío, hay que celebrarlo! Otras casas ya empiezan a recoger y la nostalgia inunda cada rincón, tristeza porque el martes se vuelve a lo cotidiano y a veces pueril, pero con el corazón lleno de gloria.
¿Quién no ha visto esas grandes fiestas que nos deja entrever Youtube de Camarón con Lola Flores, o las que organizaban empresarios de la talla de José María González de Caldas, empresario que presidió el Sevilla F.C.? Está claro que esas reuniones ya no se ven, volvemos a lo mismo de siempre, pues es un estilo de vida distinto al de ayer y esas reuniones con esos artistas es cuanto menos imposible. Hay una gran parte de casas que apuestan por el flamenco y contratan a un grupo para que cante tanto bulerías como esas sevillanas o alguna que otra rumba. Los del Río para eso se la pintan solos con un compás contagioso. Este año hay que destacar el especial interés de la policía local por el cumplimiento de las normas en torno a equipos de megafonía, que no se permiten, ni tampoco altavoces, excepto los utilizados en los actos oficiales.
Uno baila, otros cantan y, lo que más me gusta, todos disfrutan. El Rocío se aleja de situaciones de compromisos, como suele ocurrir en acontecimientos algo más protocolarios, a los que hay que ir por asuntos de negocios como la propia Feria de Abril, por citar alguna. A la Ermita se va para disfrutar y celebrar la dichosa venida del Espíritu Santo. Nosotros, desde dentro, hemos podido escuchar a voces como las de las hermanas Coral y Ana de los Reyes, José Mijita, la de Juan de la Morena o Anabel Valencia, Manuel Moneo o Chanquita. Hemos visto bailar a Juan de Juan, Fernando Jiménez… y tantos y tantos más que han aprovechado estos días para celebrar la vida. Siempre a compás, como la Virgen del Rocío.









































































