Cuando llegas a una edad como la que tiene nuestro José Antonio Carmona Carmona (Granada, octubre de 1944), para el arte Pepe Habichuela, los reconocimientos se agolpan, el teléfono no para de sonar, acordándose de quien es un representante máximo de la guitarra flamenca contemporánea. Escudero de lujo del gran Enrique Morente, pionero de tantos recursos para la sonanta actual, para la mano izquierda y la derecha, desde su natural afición a cambiar la tonalidad del modo de Mi al modo mayor sin despeinarse, hasta esos rasgueos que rozan la perfección, marca de la casa, y una pulsación que, en sus manos, la guitarra más destartalada suena como una Ramírez, Esteso o Santos Hernández.
Toda una vida dedicada en cuerpo y alma al flamenco, como tan bien nos ha sabido contar José Manuel Gamboa en su reciente libro Now or Never, vida caracterizada por su apego a los jóvenes, ejerciendo de maestro sin pretenderlo, día a día. Siempre junto a su Amparo Niño, y su hijo Josemi, uno de los protagonistas de la revolución que vive el flamenco en los últimos años. Desde Granada a Madrid, con sus hermanos Juan, Luis y Carlos, forjaron un toque que marca un estilo que es hoy santo y seña del flamenco más auténtico, sin trampa ni cartón.
«Quienes hemos tenido la suerte de vivir cerca del tío Pepe hemos recibido grandes lecciones de flamencura, de arte y de vida, junto a Enrique en aquella casa del Camino del Monte que era un balcón a su Alhambra. Y hoy nos hinchamos como una gaita de la alegría que nos producen todos los reconocimientos que se le hagan a nuestro querido amigo»
Una de las muchas aportaciones de Pepe al toque actual es el haber recuperado la antigua forma de tañer la seguiriya, dotándola del aire que había perdido, ya que llevaba décadas haciéndose cada vez más y más lenta. El toque añejo que los jóvenes llaman moderno es el que se escucha en su ya inmortal Amanecer y que adaptó también al cante en el Vaporcito de Morente. Cuando le pregunté que por qué tocaba tan rápido la seguiriya, acostumbrado yo a escucharla no lenta, casi libre, me dijo que había rescatado (y actualizado) el tempo antiguo del estilo. Desde entonces es mi toque preferido. No dejen de escucharlo y disfrutar de la destreza natural del gran Pepe.
Quienes hemos tenido la suerte de vivir cerca del tío Pepe hemos recibido grandes lecciones de flamencura, de arte y de vida, junto a Enrique en aquella casa del Camino del Monte que era un balcón a su Alhambra, y hoy nos hinchamos como una gaita de la alegría que nos producen todos los reconocimientos que se le hagan a nuestro querido amigo, y que vengan muchos más, simplemente porque lo merece y además es cosa de Now or Never.




































































































