Que si el cartel, que si las neveras, que si las entradas, que si su duración, que si el botellón… Son palabras de Fran Pereira en el año 2014 cuando había debate intenso acerca del mejor formato de la venerable Fiesta de la Bulería. En el año 2002, siete mil individuos llenaban la gran plaza de toros de Jerez y los presentes cantaban como una sola voz: Tooorta, Tooorta… Hubo ambiente de botellón con over-booking, con la sempiterna discusión en torno a la Fiesta de la Bulería cuando el popular cantaor fue ídolo absoluto de la afición joven de entonces. Gustaba más el cantaor bohemio Juan Moneo Lara el Torta que el flamenco en sí.
Y dos décadas más tarde, siguen las dudas y diferencias de opinión. Ni la plaza de toros, ni el estadio deportivo, ni la Plaza Mamelón, ni el Alcázar había resultado. Este año han sido buenos artistas en escenario de estreno, la Plaza Belén del barrio de San Mateo, donde está ubicado el Museo de Lola Flores.
El primer día del programa lució como verbena con aire de participación e inclusión además de un programa infantil. Una especie de clase/flashdance de pataíta por bulerías fue conducida por la maestra jerezana Chiqui, y Eva del Cristo ofreció un recital de cante con su energético estilo.
Día segundo, un público de clase media llenó la Plaza Belén, algunos tocando palmas junto al chisposo cuadro de David Lagos y Melchora Ortega, poderoso él, vivaz ella, con las guitarras de Alfredo Lagos y Domingo Rubichi. David gustó con sus marchosas marianas, un palo normalmente sobrio, Melchora ofreció un buffet variado de canción incluyendo Bambino, y Agujetas chico puso su voz al cante por derecho.
El jueves 21 resultó chocante total. Tres estupendos artistas, el popular Fernando Soto, la explosiva Mara Rey y la querida Coral de los Reyes, dieron un repertorio de canción con conjunto musical al compás de cuatro por cuatro en su casi totalidad, y la bulería quedó esperando entre bambalinas por si se colara, cosa que ocurrió demasiado poco en este programa de artistas perfectamente capacitados para la tarea.
«El Capullo está llevando bien sus 71 años, y sigue siendo el ídolo de jóvenes y mayores gracias a su original personalidad, que defendió creíblemente en esta Bulería»
El viernes por fin hubo bulerías para nosotros los adictos. Los doce tiempos que nos quitan las penas en lo que dura un ¡ole! Elu de Jerez siempre me llega, a pesar de algunas desafinaciones. Ella es flamenca y todo se perdona. Compartía programa El Barullo, que luce el aire de su padre Manuel Moneo, que ya es decir. Manuel de la Fragua, sobrio e intenso, y las guitarras de Domingo Rubichi y José Gálvez redondearon el producto hábilmente.
El sábado, día culminante, el programa era largo y variado. El Diego Carrasco Family hizo de telón de fondo para el mismo Diego, siempre su personalidad y espontaneidad por delante. Se declaró viejo e incapaz de recordar sus letras, pero su natural forma de ser le salvó una y otra vez. Maloko, Carmen Amaya, Fernando de la Morena hijo y otros habituales completaron el menú.
El clásico formato de cuadro con cada uno haciendo su turno delante con cante y pataíta sigue siendo eficaz con la dirección de un veterano como Antonio Malena que intercaló su cante clásico a palo seco. María del Mar Moreno intervino con su baile como artista invitada, y la bailaora Rocío Marín nos sorprendió con su baile poderoso y racial.
El Capullo está llevando bien sus 71 años, y sigue siendo el ídolo de jóvenes y mayores gracias a su original personalidad, que defendió creíblemente en esta Bulería.
Dolores Agujetas tuvo una buena intervención con Domingo Rubichi a la guitarra, y de tan buen humor que estaba, salió después a bailar por rumba en el fin de fiesta con El Capullo.
Y así acaba la Fiesta de la Bulería 2025.







































































