Torres Macarena está que se sale. Desde su reapertura tras el verano ha traído espectáculos imposibles para una peña. Su programación está alcanzando un nivel que no se achica nada o incluso supera al de grandes festivales. Con los agradables añadidos de la intimidad, la carencia de megafonía y que en muchas ocasiones se forma después la fiesta, donde ya no media más que la afición y la pasión por este veneno que nos tiene presos entre barrotes de caramelo.
El público estaba cuajao de artistas. Se me olvidarán muchos, pero a La Farruca parecía que le quemaba el asiento, o a Esperanza Fernández y sus hijos Miguel y David. Carmen Ledesma se desgañitó arrojándole oles, también vimos al Torombo, a Juan Paredes, a Manuela Carpio, a Yaiza Trigo, a Joni Torres, a Dieguito y Antonio Amador, a Yuss Wieggers y a Antonio Díaz, a Zaira Prudencio, a Sara Corea, a los guitarristas Juan Anguita y El Carqui, a la cantaora Rocío Luna, al Petete y Emilio Castañeda, que los subió José de palmeros y se prestaron sin dudarlo. A Juani de las Tres Mil, que se dejó el gañote jaleando… Además de varios fotógrafos y las directivas del festival de Mont de Marsans y de expoflamenco, entre otros muchos aficionaos cabales y gente de todos sitios. Aquello era un hervidero que evidenció que José Maya es un artista de artistas. Nadie se lo quiso perder. Jugaba el Betis. Pero la peña estaba a rebosar porque bailaba la Champion League.
«Aficionaos cabales y gente de todos sitios. Aquello era un hervidero que evidenció que José Maya es un artista de artistas. Nadie se lo quiso perder. Jugaba el Betis. Pero la peña estaba a rebosar porque bailaba la Champion League»
Se arropó José entre las cuerdas de Jesús Rodríguez, muy versado ya en el acompañamiento al baile y con un envidiable sentido del compás, aparte de la impronta que le imprime al ciprés con una musicalidad que embelesa y atrapa. Jesús vive el flamenco a través de la guitarra, irradia el gusto y el soniquete necesarios para robarme los oídos y llevar en volandas al cuadro. Estuvieron especialmente inspirados David El Galli, con su garganta se sedas resquebrajás y los reaños bien cargaos, y un Manuel de la Nina que lo dio todo demostrando cada día más que cuando le viene el aire rebusca en paladares de enjundia. No se les iba un cierre, ni un redoble sucio, ni una mijita del tiempo a las palmas de Emilio y El Petete. Todo apuntaba a una noche redonda. Solo falta que os hable de José Maya o la apoteosis del baile y el cante.
Rompió el silencio como de costumbre un solo de guitarra. Jesús derramó una espuerta de virguerías con sensibilidad, chorreando trémolos, para perfumar el ambiente. Luego llegó el Levante a la nuez de El Galli que masticó el cante preñao de soníos negros en el taranto. Hizo lo propio el de la Nina y arribaron a los tangos, acordándose de Juana la del Revuelo. Con un salpicón de sal se acercaron las alegrías a los maderos y José bailó como le dio la gana. Estalló la peña. Después enjaretaron los cantaores una ristra de abandolaos como preludio de una soleá solemne, tremenda, colosal… en la que cantó José pa comérselo –no sé si me gusta más bailando o cantando– y que remató por bulerías para coronar su propuesta recibiendo una ovación de las gordas de esta ensolerada casa.
José Maya es un bicharraco de esto. Bailó a su antojo, por el placer de bailar, sin la necesidad de demostrar nada. Se dejó la piel en las tablas macarenas. Se olvidó de meter las clásicas escobillas en las alegrías. No estaba encorsetado sino placeándose en el disfrute. Le bailó al cante y a la guitarra. Se vino arriba con el arrullo del respetable que lo jaleó ardiente de empaque y flamencura, gozoso de asistir al ceremonial de lo jondo, al ritual del flamenco sin imposturas. Bailó sobre la verdad, sin pensarlo, sintiéndolo, concatenando carretillas increíbles, llamadas de locura y gestos de trapío que encendieron a la afición. José Maya lo tiene todo: técnica, quintales de compás, fuerza, precisión y limpieza en los pies, un braceo varonil y exquisito, cintura, personalidad, originalidad en la pose y los pasos, sabe pararse, redobla los desplantes, va sobrao de recursos… En definitiva: está tocao por la varita.
A veces, cuando lo miraba hipnótico con su pelo sobre la cara, pensaba si no era un Dios del baile sobre los maderos de Torres Macarena que había bajado del Olimpo para marcar las vereas y caminos. Me quedarán tatuadas en la memoria ca una de sus mirás y ese halo de bondad que podía tocarse alreó de su figura.
«José Maya lo tiene todo: técnica, quintales de compás, fuerza, precisión y limpieza en los pies, un braceo varonil y exquisito, cintura, personalidad, originalidad en la pose y los pasos, sabe pararse, redobla los desplantes, va sobrao de recursos… En definitiva: está tocao por la varita»
La bulería con la que cerró fue estratosférica, el culmen de la gitanería. José apuntilló con sus botas los diez mandamientos del baile moreno. No digo que lo superéis. Empatadlo, señores.
Fue curioso. El multitudinario fin de fiesta que se preveía con la cantidad de artistas que había allí y que suele ser marca de la casa no se dio. José hizo un gesto al Torombo pa que subiera y él abrió sus manos como diciendo: «Después de ti quién baila». Debajo del escenario o en los camerinos son otros códigos. Y se formó, dándole rienda suelta a la borrachera de arte a la que nos convidó José Maya con su baile y su cante. Irrepetible, sublime, apoteósico, bestial.
Ficha artística
Recital de baile de José Maya
Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla
24 de septiembre de 2025
Baile: José Maya
Cante: David El Galli y Manuel de la Nina
Guitarra: Jesús Rodríguez
Palmas y compás: Antonio Amaya El Petete y Emilio Castañeda


























































































