Juan Parrilla es de los que saben y entienden que la música, más allá de lo que se lee y se estudia, es la partitura de los sentimientos. Así sentenció su flauta, junto el violín de su hermano Bernardo en esa Herencia con la que se ha presentado en el Teatro María Luisa, dentro delos actos del IV Festival Flamenco de Mérida. No sé hasta qué punto los hermanos necesitan mostrar un legado que ya les es propio. Más bien parece lo que es: un traje a medida al festival. No pasa nada. Siempre es un placer ver tanto virtuosismo sobre las tablas, aunque no sea una obra como tal, ni se le haya echado más tiempo del que se precisara. A ellos no les hace falta.
Pero ¿a dónde quisieron llevarnos los hermanos Parrilla? A un estado tridimensional. Un viaje onírico a través de la elegancia, la calidad y la gitanería. A una comunión con la inspiración y la creatividad.
Duquende, artista invitado, nos condujo a lomos de la Nana del Caballo Grande de Lorca. Seguíamos envueltos en ese espacio caleidoscópico que se creó entre la distinción de las cuerdas del hijo de Juan Parrilla, Manu Fernández, el gusto de José Heredia ‘El Gato’ al piano y sintetizadores, y la percusión constante y sostenida de Rafael Ramos. Todo invitaba al recogimiento, al disfrute. El saber estar sobre el escenario de todo el elenco mantuvo a un público que estuvo a la altura.
Juan Parrilla, generoso en todo momento, dejó por tanguillos al violín de Bernardo, que presentó al hermano como su “maestro”. Poco reconocimiento tiene el jerezano con un instrumento al que sabe extraerle el compás y hondura.
Una flauta china dejó crecer la pieza Mi bella simiente en la delicadeza de Juan, que no abandonó en ningún momento la melódica voz en sus parcas palabras, ni dejó de llevar una batuta que no era más que el disfrute de los artistas en esa Herencia, en ese momento compartido ante el público.
Duquende nos acogió en ese torrente de voz en el que se aúna la hondura y un poso, siempre melancólico, para llevarnos esta vez a la pieza de José Feliciano y Leonardo Shultz, Paso la vida pensando. Seguíamos flotando entre la realidad y el sueño.
«Fue como atravesar un umbral sonoro hacia un mundo onírico. Una noche elegante, de categoría, sin pretensiones ni alharacas. Una noche de disfrute e imaginación. Como en un viaje. Como en un sueño»

Herencia no es un espectáculo, es un encuentro entre hermanos que el público tiene, tenemos, el gusto de disfrutar. Un vehículo por donde recorrer las ganas y la sapiencia.
Juan Parrilla tuvo la categoría de acordarse de los flamencos de Extremadura. De los grandes, de Porrina, Kaíta, Juan Cantero, Miguel Vargas. Pero destacó esa juventud y maestría constatada de Ostalinda Suárez, que, siempre elegante, y entre el público, no dejó de admirar y disfrutar del que considera su maestro. Esa savia nueva que Juan Parrilla destacó en el flamenco de la tierra la vertió sobre los hijos de Ostalinda: Ángela, Juan y Paco. Aun siendo niños, ya prometen y despuntan con la flauta, el chelo y el piano.
En una ocasión, Juan Parrilla me comentó que “en el flamenco no se puede enseñar la sensibilidad”. Efectivamente, no se puede aprender, pero sí mostrarse. Por eso, hay que asistir a los teatros, a los festivales y a las peñas, donde todo lo que hay se descubre. Para bien y para mal.
Cerraron el espectáculo con Caravan, de Duke Ellington, versión jazz gitano, como aseguraron, para continuar entrelazando esos mimbres que supieron tejer una experiencia en un mundo onírico.
Durante esos momentos, Parrilla demostró que no todo era intuición, ni linaje, ni Jerez por ser Jerez, sino que todo aguardaba muchas horas de escucha, aprendizaje y horas en vela.
El elenco dejó claro que necesitan más bien poco para dejar maestría sobre el escenario. Porque el flamenco alivia, sí, pero también ahoga. «Todo en lo que te metas en profundidad es complicado», me aseguró el maestro jerezano en una ocasión durante una entrevista. Anoche nos alivió y nos permitió respirar ese aire que se hacía grande en ese viaje tejido entre sus instrumentos.
Fue como atravesar un umbral sonoro hacia un mundo onírico. Una noche elegante, de categoría, sin pretensiones ni alharacas. Una noche de disfrute e imaginación. Como en un viaje. Como en un sueño.
Ficha artística
Juan Parrilla y Bernardo Parrilla: de Jerez a Extremadura
IV Festival Flamenco de Mérida
Teatro María Luisa, Mérida
1 de noviembre de 2025
Flauta: Juan Parrilla
Violín: Bernardo Parrilla
Piano: José Heredia, ‘El Gato’
Percusión: Rafael Ramos
Guitarra eléctrica: Manu Fernández
Aforo: 3/4








































































