En el panorama del baile flamenco actual, la malagueña María del Mar Suárez, La Chachi, aparece como un verso suelto, por más que se la asocie con frecuencia a nombres como Israel Galván o Rocío Molina. A diferencia de éstos, que parten de una sólida formación flamenca clásica para adentrarse en los caminos de la heterodoxia, La Chachi se ha movido desde el principio en los códigos de la contemporaneidad: para ella, lo jondo no es un fin, sino un lenguaje más en su discurso, una herramienta para transmitir lo que quiere expresar.
En la obra que trajo al Festival Internacional Cádiz en Danza, Los inescalables Alpes, buscando a Currito, avalada con el premio Godot al mejor espectáculo de Danza, propone una metafórica romería en busca del amor. Una ensoñación de tiernas manos cogidas y canciones íntimas a la sombra de los pinos que va a derivar, en cambio, en un progresivo delirio catárquico lleno de fuerza y también de provocación.
Un escenario en penumbra, sonidos ambientales y la silueta de la bailaora destacada sobre las tablas marcan el comienzo de una obra que muy pronto va a llegar a un estribillo, el del himno de la Hermandad de Triana de la Virgen del Rocío, como una invitación a la peregrinación para artistas y público. Juntos, envueltos en la obsesiva repetición de esa letra –este cronista calculó casi cuarenta minutos sin parar, hasta meterse como un clavo en la cabeza de todos los presentes– se convierte en un mantra, una invocación que lleva al trance.
«Quienes comparezcan dispuestos a abrir sus sentidos a una experiencia flamenca híbrida, libérrima y rompedora, encontrarán a una artista capaz de suscitar muy distintas emociones. No todo es la búsqueda de la belleza o del duende, también puede resultar estimulante un paseo por el lado salvaje de la creación»
A quienes acudan a una sala exigiendo un montaje flamenco al uso, Los inescalables Alpes de La Chachi no solo le desconcertará, sino que muy probablemente puede inducirles al espanto. Los giros, el vuelo de las manos y los taconeos más o menos reconocibles se alternan con movimientos de muñeco articulado o de tentetieso, elementos de danza contemporánea y de baile callejero krump, cuando no con ese desmelene demencial de arrastres por el suelo, cabeceos frenéticos, manotazos en el aire, luchas con el telón, amagos de arrancarse el corpiño y liberar sus pechos.
Quienes, en cambio, comparezcan dispuestos a abrir sus sentidos a una experiencia flamenca híbrida, libérrima y rompedora, encontrarán a una artista capaz de suscitar muy distintas emociones. No todo es la búsqueda de la belleza o del duende, también puede resultar estimulante un paseo -una romería- por el lado salvaje de la creación, donde conmovernos, hacernos reír, incomodarnos y hasta indignarnos, especialmente si son ustedes devotos de la Virgen del Rocío o de cualquier otra virgen. Lo que no tolera es nuestra indiferencia.
Porque La Chachi, eso parece indiscutible, no viene a traer la paz. Ni a guardar las esencias. Ni a ondear la bandera de ninguna denominación de origen. Aunque la vemos besar repetidamente el suelo, el suyo no es un Rocío genuflexo, sino iconoclasta. Sale en busca del amor, según explica en la proyección de texto final, como tantos peregrinos salen en sus carretas, en compañía de sus hermanos de fe, pero nadie dijo que ese itinerario no pueda degenerar en el exceso y la locura. Y tampoco que ese amor esté garantizado al final del camino.
Ficha artística
Los inescalables Alpes, buscando a Currito. La Chachi.
Festival Internacional Cádiz en Danza
Sala Central Lechera, Cádiz
Idea original, dirección e intérprete: María del Mar Suárez La Chachi
Cante: Lola Dolores
Guitarra: Francisco Martín
Percusión: Isaac García






































































