Así va la historia acerca de la rebuscada ruta que condujo al apodo del maestro Agustín Castellón Campos (Pamplona, 1912 – Nueva York, 1990). Al niño Agustín le gustaban las habas crudas, las habicas, y así nació el mote “Sabicas”, que daría la vuelta al mundo varias veces, abriendo el paladar internacional al sonido de la guitarra flamenca.
Este no es el sitio adecuado para un exhaustivo recorrido biográfico de uno de los mejores concertistas de la historia de la guitarra flamenca. Además, la biografía de Sabicas está bien despachada por el estimado compañero José Manuel Gamboa en su libro del 2013 La correspondencia de Sabicas, nuestro tío en América. Sólo ofrezco alguna pincelaíta anecdótica de los años 60 cuando Mario Escudero me daba clases de guitarra en su céntrico estudio de Nueva York.
Sentí el primer flechazo del arte jondo a través de la música de Sabicas. Tanta belleza de un objeto tan sencillo, con el valor añadido de que el tío Sabas era “nuestro”, el epicentro del flamenco en el corazón de Nueva York, Manhattan, la Gran Manzana.
Después de las clases con Mario, éste diría “vamos a ver qué hacen el tío Sabas y Diego” (Diego Castellón, hermano de Sabicas). Era un piso en la ciudad elegantemente decorado. Normalmente hablaban de política, de toros, y del enorme diamante del que Sabicas presumía. Un curioso mueble grande y plano ocupaba parte del salón. Diego me explicó que era un equipo de sonido empleado por su hermano en la preparación de sus grabaciones. Sorprendente, considerando la época y circunstancias.
«Paco pidió expresamente conocer a Sabicas, a quien había admirado durante años, y quedó asombrado con su pulsación impecable. Después de escucharlo tocar, Sabicas le aconsejó que no tocara la música de otros, en este caso la de Ricardo, y ese consejo abrió las compuertas de la creatividad del joven algecireño»

El maestro ansiaba volver a su querido país natal, pero tenía miedo a volar aunque lo hubiese hecho muchas veces en años anteriores. Por otro lado, contaba Marote que un día Sabicas lo abrazaba llorando como un crío y decía que echaba de menos su España pero tenía miedo de posibles represalias si volvía. Marote, sin embargo, lo convenció de que no había peligro, y Sabicas volvió en varias visitas asombrando a los guitarristas españoles de entonces con su pulida técnica, bellísimas composiciones y conceptos avanzados.
Sabicas casi fue el primer guitarrista flamenco en vivir exclusivamente de recitales en solitario. Unos años antes estaba Carlos Montoya, que se hizo famoso en Estados Unidos con sus vistosos trucos y arreglos populares. En el 2013 hubo una exposición en el Lincoln Center, 100 Años de flamenco en Nueva York, donde fue presentado un documental de Pablo Calatayud, El fabuloso Sabicas, que fue muy bien recibido.
La anécdota más conocida es sin duda la del primer encuentro de Sabicas con un jovencísimo Paco de Lucía en su primera visita a Nueva York. Paco pidió expresamente conocer a Sabicas, a quien había admirado durante años, y quedó asombrado con su pulsación impecable. Por su parte, Sabicas le aconsejó al joven, después de escucharlo tocar, que no tocara la música de otros, en este caso la de Ricardo, y ese consejo abrió las compuertas de la creatividad del joven algecireño. Paco tomó el consejo en serio, y andando el tiempo el toque de los jóvenes guitarristas emergentes empezaba a lucir un perfume paquista.
Durante décadas el músico más renombrado de Pamplona había sido Pablo de Sarasate, compositor y violinista, dejando poca luz para el gran Sabicas. Hoy, sin embargo, y desde 2013, el guitarrista tiene su merecida fama y la adulación de los pamploneses gracias al festival Flamenco on Fire dedicado de forma permanente a Agustín Castellón Campos, Sabicas. ♦






































































