Muy triste por la pérdida de nuestro Antonio Fernández Díaz Fosforito, y en su memoria escribo sobre un tema que fue motivo de conversación no pocas veces con el maestro de Puente Genil. Leyendo el otro día una entrevista que le hizo Casilda Sánchez Varela a su padre Paco en la revista Telva en 2010, afirmaba el Gran Jefe: “La voz es la forma de expresión más pura que existe. El instrumento no deja de ser un traductor, un intermediario al que le trasladas lo que quieres expresar.” Cuando lo leí me acordé de Pilar López, quien tantas veces me repitió en su natural tono arisco: ¡se baila el cante! (Pilar cargaba a sus espaldas cierto resquemor por lo mal que la habían tratado en sus últimos años de vida. Pero eso ya fue materia de otro artículo que escribí en esta tribuna: el club de los ninguneados).
A lo que vamos, el cante es la fuente de inspiración de guitarristas y músicos flamencos en general. O debiera serlo. Un guitarrista flamenco tiene la obligación de ser aficionado al cante. Si no te gusta el cante no te dediques a esto. Y no solo para poder acompañar como es debido los diferentes estilos y sus variantes. Hay que decirlo: si quieres dedicarte al flamenco, te tiene que gustar el cante. Y si eres cantaor creo que tienes que saber tocar la guitarra, aunque sea un poquito. El cante es la fuente y el caudal de toda la creatividad flamenca, no solo por ser la principal disciplina del género, sino también por el repertorio inmenso que encontramos en los estilos y sus variantes, y las versiones de esas variantes. ¿Que te gusta Fosforito? Pues inspírate en su voz, en cómo hace los cantes e intenta recrear esas melodías con la guitarra, con el saxo, el piano, el violonchelo o con el violín, con el instrumento que quieras.
Sin el cante simplemente no existiría el flamenco. Si el flamenco se hubiera hecho sin cante, es decir, con la guitarra, con el baile, cantando a coro o a dos voces, hubiera sido un género totalmente distinto al que conocemos. El cante es el espejo en que se miran los flamencos o en el que debería mirarse todo flamenco que se precie de serlo. Eso creo.
Hay un vídeo de Pastora Imperio donde la genial bailaora baila el cante, baila la letra, se puede apreciar perfectamente en la fantástica expresión de su cara. No se puede escuchar una letra romántica y poner la cara de tragedia, y no se puede estar escuchando una letra triste o dramática y tener el rictus risueño. Bailar el cante no significa solo que los movimientos deban de seguir lo que se está cantando, sino también se deberá bailar el contenido de la letra como fuente de inspiración para el intérprete.
«Miren si no nuestro Fosforito. Creó una forma de cantar y nos deja un repertorio de una originalidad tremenda, que ha servido, sirve y sin duda alguna servirá de inspiración para cantar, tocar y bailar a lo flamenco por los siglos de los siglos»

E igual que se baila el cante, se toca el cante. Los guitarristas generalmente se inspiran en el cante en las melodías del cante, de ahí sacan muchas de las formas que después quedan plasmadas en falsetas, y en general en sus composiciones. Se lo he escuchado mil veces a Pepe Habichuela, quien incluso tiene un número que se llama Canta la guitarra. Y me lo ha comentado en varias ocasiones Tomatito, reconociendo que su principal fuente de inspiración es el cante. Que nadie tenga miedo que por el hecho de recrear la melodía de un cante en la guitarra para componer una falseta estás robando, que no estás bebiendo de tu propia inspiración. No, estás precisamente haciendo una de las tareas principales del creador flamenco, que es inspirarse en el cante para componer música instrumental.
Sin embargo, no es un camino de rosas. Uno de los principales problemas que podemos encontrar a la hora de querer llevar las melodías del cante a instrumentos como la guitarra es precisamente que la sonanta es un instrumento perfectamente temperado, mientras que el cante como es bien sabido tiene su base en escalas no temperadas, es decir, que hace uso de microtonos, cuartos de tono, intervalos más pequeños que un semitono, que es el intervalo más pequeño en la guitarra, y a la hora de traducir el cante a la guitarra nos encontramos como esa temperatura propia del cante es prácticamente imposible de traducir a la guitarra. No así con la flauta. Tenemos el ejemplo del maestro Jorge Pardo, que lleva muchos años circulando por caminos que él mismo ha abierto, queriendo recrear con la flauta y con el saxo a través de la embocadura o con las llaves, esos microtonos del cante flamenco, y lo ha logrado con creces. La guitarra “es otro cantar”.
Insisto, en el Flamenco no hay mejor fuente de inspiración que el cante. Los diferentes estilos y variantes de los cantes son fuente inagotable de material melódico. Qué mejor que bucear en los tercios de cantes como la soleá, la seguiriya o las malagueñas para poder adquirir soltura a la hora de tocar, sea con la guitarra, la flauta, el saxo o el piano. Cualquier instrumento puede beber en la fuente del cante nutriéndose sobradamente de material melódico.
Dicho esto, aun siendo el cante la principal disciplina del flamenco, es verdad que tanto la guitarra como el baile han evolucionado hacia formas muy modernas, se han actualizado, han tomado caminos muy diversos explorando territorios que el cante no se atreve a explorar. Pienso que se debe a que, como digo, el flamenco es el cante. El inmenso repertorio del cante que llamamos clásico, creado y recreado en general hace más de un siglo, no es fácil de llevar a terrenos que trasgredan digamos las fronteras del clasicismo, y quien se atreve a hacerlo o bien es penalizado por la afición o bien no obtiene realmente un resultado óptimo, con la jondura mínima para ser aceptado como cante. He ahí el problema. Son escasos los estilos y variantes de cantes que se han hecho digamos… después de los años 50 del siglo XX, la seguiriya o los tangos de Morente, la Canastera, que tiene su cante, las galeras que hizo Lebrijano, que tiene su cante, los muchos fandangos naturales que se siguen haciendo, quizás el único estilo del flamenco donde el cante sí tiene posibilidades creativas en la actualidad, aunque siempre inspirado en otros fandangos, porque hoy se escuchan fandangos personales que recuerdan el cante del Rubio, el de la Calzá o Carbonerillo. Crear nuevos cantes es todo un reto, superable solo con el talento necesario. Miren si no nuestro Fosforito. Creó una forma de cantar y nos deja un repertorio de una originalidad tremenda, que ha servido, sirve y sin duda alguna servirá de inspiración para cantar, tocar y bailar a lo flamenco por los siglos de los siglos. ♦






































































La fotografía de Paco de Lucía y Fosforito del encabezado es del fotógrafo Enrique Sánchez, Esan. Pertenece al III festival flamenco de Lucena, en 1969.