Mal comienzo de semana. La tarde noche de hoy lunes, oscura, tibia y silenciosa, ha dejado un hueco en nuestros corazones. Ha muerto Pepe Montaraz en el Hospital El Tomillar, en la localidad de Dos Hermanas. Ha sido un manotazo duro, un golpe helado, como cada vez que nos dice adiós un cantaor y amigo, de esas amistades que jamás resbalan en los recuerdos.
Justo anteayer cumplió 78 años de edad, y hoy ha levantado las alas al cielo lebrijano sin mirar el vuelo. Viviremos cada día honrando su memoria y sus enseñanzas, porque fue un verdadero amigo de su familia y un ejemplo de vida.
Hijo de la simpar saetera Benita Ruiz, José Sánchez Ruiz, como así fue bautizado aunque conocido por todos con el remoquete de Pepe Montaraz, había nacido en Lebrija el 14 de febrero de 1948, y desde temprana edad se abrazó a la afición en el seno familiar.
Recordemos, al respecto, que Pepe era hermano de otro gran saetero, Titi Montaraz, ganador éste en 1968 del tradicional Concurso de Saetas organizado por la Juventud Antoniana de Acción Católica, aunque todos sus hermanos destacaron por saetas, como lo evidencia la casete Las saetas de los Hermanos Montaraz (1986), donde Pepe, Antonio y Frasquito las ejecutan por seguiriyas y Titi y Benetín por martinetes.
Pero más allá de ese cante de temporada, nos deja un cantaor de amplio repertorio y con una trayectoria jalonada de premios en los concursos más diversos, a más de su participación en festivales, entre ellos la Caracolá Lebrijana o la Noche Flamenca con Nuestros Mayores, de la Federación de Peñas de Sevilla (2003), contando con galardones como la XXV Giraldilla de Honor (2014) de la entidad que lleva su nombre, la Peña Flamenca Pepe Montaraz, de Lebrija.
Esta entidad, que es de la de mayor solera de cuantas hoy existen, fue fundada en 1977, justo dos años después de la aparición discográfica de Pepe Montaraz escoltado por Pedro Bacán, en un EP en el sello Zafiro.
En este mismo sello, nuestro cantaor impresionó dos elepés (1977 y 1978), incrementando sus grabaciones con Del Monte a la Campiña (2015), junto a su hermano Antonio, y evidenciando ser un cantaor de largo recorrido, con domino de estilos en desuso y con una sabiduría, por tanto, a prueba en cualquier debate.
«El nombre de Pepe Montaraz va a quedar, empero, en la memoria de los flamencos de Lebrija y fuera del territorio. Primero por méritos propios, pero también por tener la honra de que su nombre rece con letras de oro en el colectivo peñístico local»

Se me viene a la memoria la multitud de veces que hemos debatido sobre la tipología de los cantes, sobre todo allá por los albores de los ochenta en La Unión, donde estuvimos hasta las claras del día repasando la diversidad de los cantes mineros. Ahí fue donde estrechamos nuestra amistad, siempre a través del respeto y la consideración.
Pero la memoria me retrotrae a aquel 1997 en que la vida le asestó el más duro golpe que podría recibir. Me refiero al adiós de su hijo Benito por accidente de tráfico. Le costó superar aquella tragedia. Cuando le llamé para darle el pésame, denotó el agradecimiento por el apoyo emocional, pues el dolor sentido era imposible de paliar.
El nombre de Pepe Montaraz va a quedar, empero, en la memoria de los flamencos de Lebrija y fuera del territorio. Primero por méritos propios, pero también por tener la honra de que su nombre rece con letras de oro en el colectivo peñístico local. Y lo explico.
Los prolegómenos de la Peña Flamenca Pepe Montaraz se fijan en octubre de 1976, en las tertulias del Bar de los Conejos, de Frasquito Montaraz, donde se fraguó la idea de hacer una peña flamenca a nombre de su hermano Pepe, el más notorio de una familia, los Montaraz, en la que todos destacaban en el flamenco y sobremanera con la saeta.
Estos tertulianos, entre los que estaban Benito Velázquez Gómez, alias Faré; José Halcón Guerrero, alias Pepillo el Paternero; José García Romero, conocido por Barejones; y José García Ramos, decidieron crear una peña flamenca que rindiera honores a Pepe Montaraz como representante de la familia. Fundaron la entidad el 29 de octubre de 1977 en la calle Carrero Blanco, siendo José Halcón Guerrero, José García Romero, José García Ramos y Antonio Montaraz quienes buscaron un local al final de la Corredera que adecentaron con sus propias manos para el desarrollo sus actividades, quedando oficialmente inaugurada el 10 de diciembre de 1977.
No obstante, sería el 12 de enero de 1980 cuando, a iniciativa de su primer presidente, el también amigo en los cielos del recuerdo Ricardo Rodríguez Cosano, se adquirieron unos bonos y préstamos bancarios con los que compraron el local social que en la actualidad disfrutan en el Callejón de los Frailes.
Desde entonces la afición lebrijana se muestra henchida –y no les falta razón– de que la peña, de densa programación, trasciende las propias fronteras merced a la Giraldilla Flamenca, galardón que hoy luce en los más significativos flamencos de la historia contemporánea y en el que siempre estaba presente Pepe Montaraz en primera fila, y no para vigilar las actuaciones, sino para disfrutar de las mismas.
A Pepe Montaraz se le concedió la Giraldilla de Honor en 2014, y hoy, con la urgencia que exige hacernos eco de tan triste noticia, oteamos el cielo oscuro de Lebrija para mostrar nuestras condolencias a la familia y nuestra comprensión a los cabales lebrijanos. Su ausencia la vamos a notar, pero las vivencias y los recuerdos jamás desaparecerán. ♦




































































































