Cajasol inauguraba anoche su programa Flamenco Aparte con un cuarteto masculino de primera categoría: guitarra cante y baile por partida doble. Tanto Alberto Sellés como Iván Orellana, nacidos en la provincia de Cádiz en la última década del pasado siglo, han dejado de ser promesas para convertirse en dos auténticas figuras del flamenco actual.
Amén de en el Ballet Flamenco de Andalucía, el trabajo de Sellés con Estévez y Paños (La confluencia, Retablo experimental…) ha sido tan crucial como brillante su participación en el Muerta de Amor de Manuel Liñán, grandes coreógrafos y directores que lo han enriquecido y a los que, sin duda, ha enriquecido.
Tanto él como Iván Orellana (últimamente en las filas de las compañías de Úrsula López y de David Coria, entre otras) son dos magníficos bailaores que buscan un lugar propio y la oportunidad de expresar sus propias ideas y sentimientos. Y eso es lo que han hecho en este trabajo de tan extraño título.
El espectáculo comienza con unas cuantas escenas semanasanteras, incluidos los tambores, una saeta por seguiriyas y la marcha Amarguras tocada por Anguita y cantada por los bailaores. Está claro que la libertad a la hora de afrontar el trabajo ha sido absoluta. Por eso Iván baila luego con un vestido largo azul y disfruta como loco dándole vuelo a su falda, que ondea una y otra vez en sus numerosos giros.
Sin embargo, la velada empieza a tomar temperatura cuando Manuel Pajares, acordándose de las cantiñas de la Juanaca, canta Cómpreme usté esta levita… y Sellés, biznieto del gran Aurelio, se olvida por un momento de la velocidad y la potencia que lo caracterizan y se detiene para marcar con parsimonia, moviendo las muñecas, recordándonos lo que es el pellizco y la gracia gaditanas.
«Una preciosa milonga enfrentó de nuevo a los cuerpos atléticos de los dos bailaores, que volvieron a mostrar su precisión, su gran técnica y su expresividad en una escena llena de tensión, hecha de unión y de alejamientos»

No entendemos bien cómo ha llegado a las cantiñas desde el incienso, pero las disfrutamos. Él se pone como límite no salirse del metro de distancia que separa a los otros tres miembros del cuarteto (cantaor y guitarrista en sendas sillas frente a frente y Orellana en el suelo) y ahí demuestra cómo, por encima de su técnica, están su arte y su amor por el baile tradicional.
Luego, tanto uno como otro mostrarán su gran versatilidad pasando de un ritmo a otro, incluso con pasajes al unísono y diciendo textos poéticos que casi no se entienden por problemas de sonido y porque no vocalizan. Qué manía les ha dado a los bailaores y bailaoras por hablar… sin ser actores.
Lo que sí hacen bien es cantar. Sellés, como en otras ocasiones, bailando se canta un cuplé más lleno de amargura que de amor, y lo hace con maestría y sentimiento al igual que Orellana que, en la recta final del espectáculo, irrumpe travestido, con una peluca y un traje de noche dorado, para cantarle al desamor con un bolero que nos recuerda a la almodovariana Tacones lejanos.
Tras unos fandangos cantados maravillosamente, acompañándose él mismo a la guitarra, por un Pajares que fue in crescendo desde la malagueña, una preciosa milonga enfrentó de nuevo a los cuerpos atléticos de los dos bailaores, que volvieron a mostrar su precisión, su gran técnica y su expresividad en una escena llena de tensión, hecha de unión y de alejamientos.
Salvo algún que otro problema con los micrófonos y una transición que se alargó, el espectáculo fluyó limpiamente, muy cuidado desde el punto de vista formal. En cuanto al contenido, la dirección y la dramaturgia brillan casi por su ausencia. No se entiende la mezcla de registros ni la elección de los números. Pero, como hemos dicho, ambos son dos extraordinarios y versátiles bailaores y bailarines.
Tal vez, para encontrarle un sentido a la obra, haya que profundizar en el título: Deuteronomio 5:8-10, el quinto y último libro de la Torá (el Pentateuco para los cristianos) en la Biblia. En el 5-8 se dice: “…No adorarás imágenes… No te inclinarás delante de ídolo alguno para adorarlo de ninguna forma, porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso”. Ahí queda.
Ficha artística
Deuteronomio 5:8-19, de Alberto Sellés & Iván Orellana
Ciclo Flamenco Aparte
Teatro de la Fundación Cajasol, Sevilla
11 de mayo de 2026
Baile: Alberto Sellés & Iván Orellana
Cante: Manuel Pajares
Guitarra: Juan Anguita
Texto: Rosalía Gómez























































































