No cabe duda de que una parcela importante de los palos flamencos es la de los llamados cantes de Levante o mineros, entre otras denominaciones. Hablamos de la taranta, la cartagenera, el taranto o la minera, entre otros. Sobre este grupo peculiar hay ya estudios muy logrados, como los de José Luis Navarro, M.ª Ángeles Gómez, Pedro López Martínez, Génesis García Gómez, Antonio Sevillano Miralles, etc.
O el autor del libro que comentamos, el profesor José Francisco Ortega Castejón, autor anteriormente del libro Cantes de las Minas, Cantes por tarantas, editado por Signatura en 2011, en el que ya hacía una crítica de la investigación poco científica y sin base musical que a menudo invade o invadía los estudios sobre flamenco. En la contraportada se aludía a estos cantes como «una de las ramas más ricas y diversas, pero también controvertida e intrincada, del frondoso árbol del flamenco». Y, con ayuda de argumentos musicales, se ahondaba con seriedad en qué cantes componen esta familia, sus orígenes, su singularidad, artistas fundamentales, evolución histórica, etc. Un gran trabajo, como no podía ser menos, pues el autor es doctor en Filología Clásica y, atención, titulado superior en las especialidades de Pedagogía, Solfeo y Teoría de la Música y Musicología, profesor del área musical de la Universidad de Murcia, amén de director de la revista de investigación sobre flamenco La Madrugá, entre otros méritos y esfuerzos.
Gracias a la colaboración de las universidades de Jaén y de Murcia, precisamente, se ha editado Coplas y discografía del cante minero–levantino, con prólogo de Antonio Parra, quien afirma desde su competente opinión que este libro será imprescindible para quien quiera aproximarse a los cantes minero–levantinos y sus autores.
La obra continúa con un preámbulo del autor, aclaraciones sobre su contenido, la continuidad con el libro anterior citado y la necesidad de aumentar el número de coplas o letras flamencas grabadas y difundidas en disco o en otras modalidades. Recuerda que Pedro López Martínez reunió en su libro Compendio y análisis de la letra minera (2006) 450 coplas del cante minero y, sospechando que la cifra era más amplia, tuvo el estímulo para esta investigación. En concreto, alcanza 1352, e incluso hay hasta unas tres mil en sus archivos.
En la introducción al corpus o conjunto de coplas hace un necesario recorrido por el estado de la cuestión y aclara con detalle los criterios de su trabajo, abordando aspectos como la denominación –los citados o cante por tarantas para el conjunto–, la inclusión de letras mineras que se han cantado por otros palos, datos y cifras sobre discografía, etc.
Le sigue el corpus de coplas y sus referencias discográficas. Por último, y de gran utilidad, encontramos hasta ocho índices: temático, de términos, toponímico, onomástico, de autores, de cantaores, de guitarristas y de palos. Para no perderse, en definitiva, algo muy importante para el lector, y, desde luego, para el investigador que use la obra como punto de partida para futuras investigaciones o comentarios.
El profesor Ortega comenta que las coplas mineras tienen temas variados universales, sí, pero también específicos –la mina, el más patente–; o que al cante, la métrica es otra cosa, pues el intérprete adapta, recorta, produciendo esa mutabilidad o variabilidad de la copla flamenca; que el octosílabo es el verso prevalente y la estrofa la quintilla; o que, como criterio ortográfico, no usa cursiva para los vulgarismos, y estos los usa solo cuando afectan a la métrica o a la expresividad.
Afirma que la letra más grabada es la siguiente:
Un lunes por la mañana
los pícaros tartaneros
le robaron las manzanas
a los pobres arrieros
que venían de Totana.
La escuchamos en la voz de Enrique Morente con la guitarra de Pepe Habichuela en su disco homenaje a Don Antonio Chacón:
Y los palos mineros más presentes, la taranta y el taranto. Destaca algunos discos dedicados a estos cantes de manera monográfica, como los de Diego Clavel o Curro Piñana. En la parte de bibliografía, no se alarga, al contrario que en el libro anterior, de varias páginas. Aquí tal vez no era necesario, aunque algunos libros los echamos de menos, como los de Génesis García Gómez y su interpretación cultural de estos cantes, de 1993, o biografías como las de José Gelardo sobre Rojo el Alpargatero –Almuzara, 2007 –, ambos citados en el anterior libro. Otros no, como el de la profesora Ana María Díaz Olaya, Minería, flamenco y cafés cantantes en Linares –1868-1918–, de 2008. Y no dejan de salir novedades, como la obra de José Ramón Medina, a quien seguí en el programa de doctorado de investigación de flamenco que coordiné en la Universidad de Sevilla, una tesis y luego libro sobre el flamenco en la prensa en Linares. En fin, que no pare, por favor, que no pare la investigación a fondo.
Aquí escuchamos la murciana de Curro Piñana, en directo en la sala El Dorado, con la guitarra de Juan Ramón Caro:
Ciertamente, el libro que nos ocupa se detiene en una vertiente, corpus de coplas y su ficha discográfica, que borda, y no, como en su primer libro, en profundización conceptual, musical e histórica. De modo que, uniendo estas dos obras de Ortega Castejón tenemos un panorama amplio, completo, riguroso acerca de los cantes minero-levantinos. No me olvidaré de agradecer, claro, la cita a mi libro Con pocas palabras –Signatura, 2007– y las letras de mi autoría que grabó Calixto Sánchez con Manolo Franco en el cedé La poesía del flamenco, que se adjuntó al número de la revista Litoral, donde aparecían estas letras por cartagenera, nuestra humilde aportación como letrista a la discografía de estos cantes:
En el campo luce el sol,
en los mares corre el viento,
pero en la mina ni Dios
ni los santitos del cielo
se acuerdan de los mineros.
¡Qué negrito es el carbón,
qué negra la pena mía!
Cuando cojo mi farol
me va tragando la mina
y le voy rezando a Dios.
Perdonen, uno tiene sus debilidades. Si entonces fue para mí un lujo y un sueño estar en ese disco en la voz del maestro Calixto, ahora lo es también que hayan sido recogidas en un libro de esta categoría de un prestigioso investigador. Los críticos también tenemos nuestros sueños e ilusiones. Ahora, en mi caso, con fuerza otro: que mi paisana la joven cantaora Lidia Rodríguez llegue pronto alto, y en ello creo, en el Concurso de La Unión, si además con alguna letra mía, como parece, ya no se creerán el gozo, pues para eso se hacen las letras flamencas básicamente, para que les den vuelo, voz, esencia.
Bien, me despido recomendando, como suele decirse, encarecidamente esta obra, con algunas de las coplas mineras que podrán ver en el amplio y variado corpus. La primera una minera de Pencho Cros, la segunda de Antonio Murciano, que describe muy bien lo necesario para cantar bien por tarantas, y la tercera una magnífica de taranto de Fosforito:
Da la vida el buen minero
cortando plomo del tajo;
mientras lleva la barrena
cantando va por lo bajo:
«¡Qué mala suerte me espera!»
Pa cantar bien por tarantas
tres cosas son menester:
una mina en la garganta,
que a uno lo mine un querer
o ser minero el que canta.
Las fuerzas me están faltando
porque ya no puedo más;
ni siquiera este taranto
voy a poder terminar:
por eso canto llorando.
Esta última pueden escucharla en una grabación de Canal Sur, con la guitarra de Manuel Silveria, de 1996. Es la segunda letra:
→ José Francisco Ortega Castejón, Coplas y discografía del cante minero-levantino, Universidad de Murcia-Universidad de Jaén, 2025, 454 páginas.






































































































