Cristina Hoyos nunca ha dejado de bailar del todo, aunque hace tiempo que dejó atrás las interminables giras internacionales, primero con Antonio Gades y después con su propia compañía. Pero nunca ha dejado de bailar, ni siquiera en la cama hospitalaria, cuando el cáncer vino a visitarla en 1997. Ella misma lo recuerda: “Yo salía dormida del quirófano, y movía los brazos”. Sus brazos, su elegancia, su celebrada armonía corporal, la sensación de alegría y emocionada felicidad que transmite al bailar.
Un día, saliendo de un espectáculo de su compañía, un conocido se me acercó y me dijo: “Esta mujer es maravillosa porque por su cuerpo no pasa nada, y en cambio en el escenario se agiganta y se convierte en la mujer más bella del mundo”. Aunque un poco exagerado en eso de que en su cuerpo no ocurre nada, tenía razón mi amigo. Creo que quería decir que otras bailaoras más juncales, más esbeltas, más llamativas físicamente, ya tenían mucho ganado al salir al escenario, mientras que ella tenía que ganarlo todo a base de talento, de técnica, de fuerza, de belleza también, surgida de su pasión interior.
Pues bien, esta gran Cristina Hoyos, solo a medias retirada, el sábado día 26 de julio, tras la final del concurso de cante del 45 Festival de Cante Flamenco de Lo Ferro, nos dejó una impagable pizca de su arte dándose una deliciosa patada por bulerías, improvisada, mientras que a sus espaldas el Ballet de Lo Ferro, al completo, marcaba compás y la jaleaba. El auditorio al aire libre del festival se venía abajo, el público gozaba, mientras esperaba el veredicto del jurado. Este año ganó y obtuvo el Melón de Oro como cantaora más completa la joven cordobesa (Benamejí, Córdoba, 2002) Carmen Carmona Lara, una cantaora que según vaya limando algunas pequeñas deficiencias apunta a una carrera más que prometedora.
«Cristina Hoyos nos dejó una impagable pizca de su arte dándose una deliciosa patada por bulerías, improvisada, mientras que a sus espaldas el Ballet de Lo Ferro, al completo, marcaba compás y la jaleaba»

Un ballet propio
Es algo realmente increíble que Lo Ferro cuente con un ballet propio que se nutre principalmente de las escuelas de danza de Torre Pacheco, el municipio al que pertenece Lo Ferro. El ballet está dirigido por María Dolores Ros con la dirección adjunta de la gran bailaora Cynthia Cano, una de nuestras grandes bailaoras actuales, que aunque nacida en tierras murcianas desarrolla su carrera en toda España y en otros países. El ballet presenta cada año un espectáculo que se estrena el día de la final del concurso de cante del certamen ferreño.
Normalmente, al menos desde hace unos años, cada estreno se centra en evocar a un personaje de la cultura. Así, se ha evocado desde a Picasso y sus mujeres (en este caso con coreografías de Javier Latorre) a Lola Flores, pasando por García Lorca. En este caso se homenajeaba la figura de la gran Cristina Hoyos a partir de la evocación de algunas de las realizaciones más señeras de la bailaora y coreógrafa sevillana, como las realizadas junto a Antonio Gades, especialmente la trilogía llevada al cine por Carlos Saura.
El espectáculo de este año lleva el título de Cristina Hoyos y su estrella. La propia Cristina dijo de sí misma que no se consideraba una estrella, pero que había nacido con estrella. Bajo la dirección de María Dolores Ros y Cynthia Cano, y coreografías de ambas, y la coordinación musical del guitarrista Faustino Fernández, la obra se desarrolla coordinada y llena de belleza, con momentos espléndidos, tras una introducción verbal de la actriz Paz Martínez, que sirve para situar biográficamente a la gran bailaora en su intensa y fructífera vida. Un excelente trabajo de las dos directoras del ballet.
Se cerraba así una nueva edición de un festival que sin duda crece cada año.








































































