Laura Vital es una cantaora abierta, dulce e intensa a la vez, de una voz mágica. Una persona que irradia elegancia y calidez, mucha simpatía también, todo tan gratificante y necesario para las relaciones humanas. Un regalo para el flamenco actual –lleva desde muy muy pequeña–, como es un regalo el disco que nos entrega a todos, y ya van varios en su brillante carrera.
Hace cinco años, los que tiene su niña Malena, la entrevisté para la hermana revista Jondoweb, ya desaparecida completamente de Internet. Ahí la introducíamos de esta manera, que nos sigue sirviendo, claro está, aumentando el mérito y la trayectoria con más miel, más encanto, más profesionalidad y más belleza: «Estamos ante una artista, como hemos escrito en estas mismas páginas con motivo de comentarios a discos o espectáculos suyos, en plena madurez. Asume y muestra la tradición en plenitud de estilos y variaciones personales –tonás, soleares, granaínas, fandangos, bulerías, etc., con ecos de Chacón, La Perla de Cádiz, Mariana Cornejo, María Vargas, La Sallago y otras voces señeras e imprescindibles–».
Una lección bien aprendida –decíamos entonces– que no está reñida con una suerte de innovación, de gozoso atrevimiento, de búsqueda de encrucijadas donde alumbrar la belleza y el gozo de emitirla y recibirla. Combina armónicamente y con lucidez y maestría los sonidos puramente flamencos con las melodías hermanas de la música romaní, griega o marroquí. No hay pérdida de identidad ni de emoción, todo lo contrario: Laura armoniza las crianzas musicales con garbo, seguridad, belleza, plasticidad, elegancia. Sabe estar como pocas además en el escenario, como artista total: dominadora de los estilos, simpática con público y elenco, con los brazos y los abrazos abiertos luminosamente.
Acababa de tener una hija, a la que ha puesto un nombre de ecos flamencos, Malena. Le deseamos lo mejor junto a ella y a sus seres queridos. Reconocida ya en estelares ocasiones, sabemos que su mayor alegría viene por ahí. Premiada en la Bienal, en Lo Ferro, en Mairena del Alcor y tantos otros lugares, y profeta en su tierra, Sanlúcar de Barrameda, es un lujo para el cante, para el flamenco, para Andalucía y la Humanidad.
Debutó en el año 1992, cuando tenía doce añitos, en la Peña Flamenco Puerto Lucero de su tierra, de la mano de su padre, José Vital, y de su abuelo Rafael Gálvez el Tapó, que le transmitieron su afición y con los que tuvo la suerte de aprender los primeros cantes. Ahora está huérfana de ese enlace, su padre acaba de fallecer hace pocos meses y está hundida, claro, en la tristeza cuya severidad se verá suavizada por la amistad, el amor a su hija y la entrega a su profesión. Miren qué humanidad: el momento más importante de su trayectoria fue la primera vez que le cantó a su niña, su pequeña Malena. También cuando le entregaron el Giraldillo de Jóvenes de la XI Bienal en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, tenía veinte años, era muy joven, y sin duda fue un revulsivo para seguir creciendo, un trampolín Y uno de sus grandes momentos de pellizco, en el espectáculo A mis soledades junto a José Menese, cantando por seguiriyas. Muere con Tomás Pavón, El Cojo de Málaga, El Carbonerillo –su locura, como demuestra el disco que comentamos–, y con Pastora, Carmen Linares…
Los últimos espectáculos y cedés han tenido presente la intercomunicación entre las distintas culturas y músicas del Mediterráneo, hasta llegar a titular Mediterránea uno de ellos. De un disco anterior, del que hicimos reseña en su momento, Tejiendo lunas, escribimos como resumen final: «Una voz vital para el flamenco de hoy, con un aura de sentido flamenco y de presencia artística, de simpatía personal dentro y fuera del escenario que nos hacen sentir su música como música de ensueño, aura vital, puro vitalismo: Laura Vital».
«Un trabajo, ‘Pura vida’, bien hecho, pura vida, música, belleza, armonía y generosidad. Un homenaje al flamenco y a los flamencos. Un diálogo rico con otras músicas y lenguas, otras culturas, tan hermanas, no obstante, con una intencionada mirada entre el pasado y el presente, la tradición y la innovación. Será, seguramente, uno de los mejores discos del año»
Este disco de ahora, titulado muy intencionadamente Pura Vida, que llegó a conocer en su gestación su querido padre, está lleno de tradición, de tradiciones, de homenajes a artistas como Juana la del Revuelo o El Carbonerillo, de guiños a otras lenguas –portugués, árabe– y músicas. También de novedades, adaptaciones, abrazos a otros ámbitos musicales, como puede verse en ese fado increíble que nos entrega. Todo con un grupo acompañante de calidad, desde la gestión y diseño hasta las letras, de varios autores, y sobre todo los artistas de la guitarra –David Caro, muy bien en su papel– y otros instrumentos.
Vayamos por partes, como dijo Jack el Destripador. Diez temas o cortes, diez ventanitas, como escribe la artista en la dedicatoria del disco que me ofreció, componen un campo musical y flamenco interesante: tangos guajira, fandangos, rumba, media granaína, taranta, jaleos extremeños, fado, tangos –de la tía Juana, la del Revuelo–, serrana con remate de verdial, y Canción para Malena –su hija–. Diez primores entre lo más genuinamente de la tradición flamenca, con los citados homenajes a estilos o a artistas, como los jaleos extremeños o los tangos de la del Revuelo, respectivamente, junto a otras paradas en la innovación o la adaptación, como los casos del fado y de la canción, sobre la música del nostálgico Erick Satie, dedicada a su pequeña.
Las letras, tan de mi gusto como filólogo e investigador de las mismas, es otro ámbito creativo a destacar en esta obra, pues reúne a diferentes letristas de solvencia como José Luis Rodríguez Ojeda, los diversos reunidos en la rumba –Francisco López–Cepero García, R. Venegas, A. Gabarri y Antonio Barrull–, Morsi Gamil, Aurelio Verde, Antonio Manuel, Francisco Zambrano Vázquez –para los jaleos, y que tan buenos recuerdos me trae de mi estancia en Mérida como profesor un curso ya muy lejano–, en el fado Francisco Ferrer Trindade y Joaquim Frederico de Brito, Martín Jiménez Cortés, Eduardo Domínguez Lobato y Fran Caballero. Y las populares de los fandangos, como esta tan admirada que eleva a la gloria El Carbonerillo y que nos recuerda también el triunfo de Calixto Sánchez en la Bienal de Sevilla de 1980, uno de mis momentos personales de pellizco, de inolvidable transmisión:
Con las lágrimas se va
la pena grande que se llora,
la pena grande es la pena
que no se puede llorar
esa no se va, se quea.
Vamos a escuchar, como decimos en el flamenco, estos fandangos:
La de Antonio Manuel llama la atención por el uso de un vocablo como tóxico, pero no nos olvidemos que algunas estupendas de la tradición hablan de ferrocarril, por ejemplo, o que Bécquer usaba máquina o billete de Banco, por no hablar de las que El Pele o Mercé cantan con palabras que se usan ahora, en fin:
Qué tóxico es tu silencio,
cubre mis labios de polvo
como los muebles de un muerto
y me contagia los ojos
de la culpa que no tengo.
Muy hermosas, en el sendero tradicional, son las de los jaleos de Zambrano:
El gitano que yo quiero
que tiene los ojos azules
de tanto mirá pal cielo.
O esta del mismo autor que resume el estado de la cuestión de los cantes extremeños:
Los jaleos empiezan en Badajoz
y en torno a la plaza Alta
Porrina los recreó,
La Marelu y el Musiquina,
Miguel Vargas, Juan Cantero,
Alejandro y la Kaíta.
El Miguel Vargas tocaor, no el cantaor al que tanto admiro y al que he dedicado un libro, claro. Por cierto, creo recordar que en mi estancia en Mérida llegué a contactar con el citado, así como con el doctor Zambrano.
Del mismo filón son las que cantaba la Revuelo, por ejemplo este soniquete que recordamos en ella y ahora Laura revitaliza, que para eso es muy vital y se apellida Vital:
Que me ha dejao de herencia,
que me ha dejao mi papa
un candilito, una mecha.
Qué tiempos los que reflejan estas letras, ¿verdad?, una sublimación de la pobreza, en fin, esa es una de las funciones del arte, el consuelo, la idealización. Acaban estos tangos así, que comer hay que comer:
Ay, qué alegría,
sueño con él noche y día;
y por veinte reales
vendo yo mi candilito,
que es de mi pare.
La letra de Domínguez Lobato tiene lo que tienen muchas letras, esa perspectiva machista, del hombre, con la censura por mucho que se haga con eufemismos. Por serrana:
Están las puertecitas
de esta serrana
más pregonaítas
que las campanas,
to el mundo sabe
que es puertecita al campo
con muchas llaves.
Algo nos ha sorprendido la elección de estas letras por parte de la cantaora, por lo indicado, pero al mismo implica valentía. Y la nana o canción con letras de Fran Caballero para la niña Malena:
Madre del bancal, al mar baja el sol.
es nacer morir
andando atrás todo el camino.
Siento tú soy yo,
siento yo soy tú.
Vuelvo a renacer
mujer en la mujer que habito.
Destacar también el buen papel de maquetación, diseño, fotografía –de la premiada Remedios Malvárez–, producción, etc., junto a los artistas que acompañan con sus instrumentos, la guitarra de David Caro, pero también otros. Y una colaboración muy muy especial en la artesanía, Malena Vázquez Vital, la niña querida de Laura.
Entre los cortes o temas que más nos han gustado personalmente podemos destacar, de este disco redondo, convincente, emotivo, los siguientes. Ya ustedes destacarán estos mismos u otros, que el libro de los gustos ya se sabe que está por escribir.
La apertura de este disco es uno de ellos, los tangos guajira con punto cubano, una mezcla sabrosona, muy rítmica, rumbera y flamenca, un cóctel alegre y zumbón, movido y feliz que da eso, felicidad, con su final y ese Maúralo, maúralo que nos trae a Pepe el de la Matrona, todo con la letra del maestro José L. Rodríguez Ojeda, del que ya tanto y tan bien hemos escrito y no nos cansamos. Asimismo, el corte seguido, los fandangos, un verdadero impulso homenaje al Carbonerillo al inicio, luego otros como Manuel Vallejo o María la Sabina –Oscurita y sin tené yo luz–, que recuperó la serie Rito y geografía del cante–, un monumento al fandango por quien tiene tan buena modulación y timbre de voz que no se le resiste un palo como este. Y otros serían los jaleos, donde luce su voz, su entrega, sin compañía de otros instrumentos que no sean la guitarra, y las palmas, con excelente ambientación con el coro de los niños y niñas de la Fundación Alalá del Polígono Sur, esa gran labor a través del flamenco a la que la generosidad de Laura ha querido sumar a su proyecto; el fado, un prodigio musical para mí, en portugués, una canción que me ha seducido con su música, una estupenda adaptación, tengo que decir que bellísima, del fado Cançao do mar de la reina del mismo Amalia Rodrigues. Por último, los tangos de la tía Juana, la del Revuelo, que nos trae su memoria de manera intensa, fresca, vívida, pues en la fiesta se mueve muy bien la voz de Laura, muy bien además de nuevo con el coro de Alalá, y el remate del disco, esa canción para Malena, su niña de cinco años, acomodando la letra del citado Fran Caballero a la música nostálgica de Erick Satie, al que también sigo entre mis aficiones, tan variadas, a la música clásica.
Aquí podéis escuchar el fado, que me ha seducido con su música y con la voz de Laura:
En los demás se observan diversas adaptaciones y novedades, siempre con calidad: la rumba con el recuerdo del mundo rumbero y electrónico de El Paquiro –Tenías que ser tú–, Las Grecas –Yo no quiero pensar– o Llorarás de pena de Zíngaro, entre otros; la granaína con el uso del árabe en parte, así como instrumentación; la taranta con una segunda letra más personal y acompasada, la serrana y verdial también con instrumentación y un remate que nos complace mucho.
Un trabajo, Pura vida, como suele decirse, bien hecho, pura vida, música, belleza, armonía y generosidad. Un homenaje al flamenco y a los flamencos, un diálogo rico con otras músicas y lenguas, otras culturas, tan hermanas, no obstante, con una intencionada mirada entre el pasado y el presente, la tradición y la innovación. Será, seguramente, uno de los mejores discos del año.
Nos despedimos con alegría, con los tangos dedicados a la tía Juana la del Revuelo:
Foto, en Sevilla, de mi archivo personal, así como portada del disco, junto a imágenes al lado de las macetas de mi patio –que es, claro, particular, y cuando se llueve se moja como los demás, bueno, no, porque tiene montera–.
→ Laura Vital, Pura Vida, Autoeditarte, 2025.








































































