A riesgo de perder a sus seguidores más cabales en el camino, Rocío Márquez lleva casi una década en un proceso de búsqueda y reinvención de sí misma que ha dado ya resultados indiscutibles. Resulta a estas alturas inútil retomar el tan traído y llevado debate sobre los límites del flamenco o la no menos manoseada controversia entre ortodoxia y heterodoxia. Toca pasar de una vez esa página y atender tanto a los fieles guardianes de la tradición, que los hay en abundancia, como a aquellos que consideran este arte como lo que es, algo vivo, y se aventuran a explorarlo más allá de sus fronteras históricas.
La onubense llegó al gaditano Teatro de la Tía Norica en la jornada de clausura del Festival de Música Española para presentar su última propuesta discográfica, Himno vertical, una suerte de réquiem que quiere ser también celebración de lo que empieza y lo que fluye. Sobre un escenario umbrío, en la primera parte del espectáculo apenas distinguimos a la cantaora, perdida entre las sombras o incluso vuelta de espaldas al patio de butacas. No se trata de acaparar la atención del espectador, sino de envolverlo en una bruma sensorial, onírica, por la que se va abriendo paso el repertorio: tras esa obertura en la que Márquez explica cómo le llegan voces “de adentro”, presenta sus credenciales por fandango, antes de dar paso a la luminosa, saltarina canción Palabra, y de ahí a la seguiriya eléctrica Arde.
Para tranquilizar a los más aprensivos, no hace falta avanzar mucho más allá para certificar que el flamenco, entendido como conjunto de palos reconocibles, está más que presente. Lo sigue estando en la soleá atmosférica y sutil, o en esa malagueña que va de la calma al éxtasis, porque es el código que Márquez lleva pegado a la piel, por más que juegue con los sonidos, que vaya del murmullo o el balbuceo al alarido, que cuente en un susurro el compás o introduzca incluso comentarios fragmentados. Puede gustar más o menos el timbre de su voz –por lo demás, ya inconfundible–, pueden los recursos sonoros hacerse estimulantes o cacofónicos al oído, pero lo jondo sigue, impecable, en el centro de su faena.
«La abundancia de canas y tonsuras en la sala desmienten esa idea según la cual este tipo de montajes más o menos vanguardistas persiguen al público joven. (…) El Himno vertical de Márquez y Rojas Ogáyar es para gente con ganas de compartir una experiencia, la de salir del recinto murado y asomarse al otro lado»

Toca también resaltar el mérito de las letras, que van de lo aforístico (“Todas las penas que antes me afligían serán elecciones”, “Pesan pesares ya pasados”) a lo poético (“Sé que la sombra es un fruto que ha madurado a destiempo”), en la que tiene su sitio la escritora Carmen Camacho, y muy especialmente la aportación fundamental de Pedro Rojas Ogáyar. No siempre entienden los flamencos que elegir bien a los compañeros de viaje es un talento, y Rocío Márquez sin duda lo posee. Plantear sus cantes desde un acompañamiento no estrictamente flamenco pero con un guitarrista solvente y capaz de arrancar a la guitarra española y eléctrica ritmos y armonías sorprendentes no solo no va en detrimento de la voz, sino que la refuerza y desafía en el mejor sentido de la palabra.
Pero la metamorfosis prosigue, ahora con Rocío vestida con el armazón del miriñaque y brillos de cuero para hacerse la alegre guajira y encadenarla con los pegadizos tangos Aire, quizá la pieza más comercial del disco. Un regalo inesperado, la toná y seguiriya inéditas unidas bajo el título Ruego, antes de culminar por bulerías poderosas y con el remate finale donde, no sin humor, termina aseverando que “no importa ni siquiera que lo comprenda yo”.
Para terminar de desterrar tópicos, diremos que la abundancia de canas y tonsuras en la sala desmienten esa idea según la cual este tipo de montajes más o menos vanguardistas persiguen al público joven. Así en bulto, los jóvenes, para qué engañarnos, no sabemos ni dónde están. El Himno vertical de Márquez y Rojas Ogáyar es, simplemente, para gente con ganas de compartir una experiencia, la de salir del recinto murado y asomarse al otro lado. Incluso si volvemos, lo haremos transformados para siempre.
Ficha artística
Himno vertical, de Rocío Márquez
Festival de Música Española
Sala Tía Norica de Cádiz
23 de noviembre de 2025
Rocío Márquez, cante
Pedro Rojas Ogáyar, guitarra





































































