A sus 82 años, Philip Catherine puede presumir de haber compartido escenarios y estudios de grabación con una nómina de artistas sencillamente impresionante, desde Chet Baker a Dexter Gordon o Charles Mingus… Pasando por Paco de Lucía. Ocurrió hace mucho, en los 70, cuando el genio de Algeciras se adentraba en los laberintos del jazz de la mano de John McLaughlin y Larry Coryell. El guitarrista belga grabó un disco en directo con ellos y llegó a tocar con los tres en una única ocasión, en el año 79: suficiente para no haberlo olvidado nunca.
Antes de conocer a Paco de Lucía, ¿tenía usted ya alguna noción del flamenco? ¿Qué era esa música para usted?
Tenía una noción muy ligera. Mi impresión entonces era que se trataba de una música muy popular, pero al mismo tiempo también muy seria.
¿Había oído hablar de Paco antes de tocar con él? ¿Ya era conocido?
Sí, sobre todo cuando toqué en Barcelona durante tres meses en el Jamboree con Lou Bennet, que tocaba el órgano Hammond, y el baterista Edgar Bateman, quien sustituyó a Elvin Jones con Coltrane, y que falleció hace tiempo. Allí tuvimos las primeras noticias de Paco de Lucía, del que todo el mundo hablaba maravillas.
¿Cómo se produjo su encuentro con Paco? ¿Fue a través de su estrecha amistad con Larry Coryell?
Pues sí, fue gracias a Larry Coryell. Fue él quien propició el encuentro.
¿Cuál fue su primera impresión del algecireño?
Lo primero que pensé, y fue una impresión duradera, fue que estaba ante un músico enormemente serio, un gran músico.
«Es evidente que Paco se estaba internando en un campo que no era el suyo natural, el flamenco, pero sus limitaciones técnicas no se manifestaban de una forma tan clara. Me da la impresión de que la clave estaba en su talento para el ritmo. Era tan músico que escuchaba muy bien los ritmos, cosa en la que algunos son más débiles»

¿Y cómo era la química entre McLaughlin, Coryell y él?
Era una sintonía total, en mi opinión basada, principalmente, en el buen conocimiento del ritmo de todos los países.
A menudo se dice que Paco de Lucía tuvo que superar numerosos obstáculos para poder tocar con jazzistas como ustedes, especialmente por sus limitaciones técnicas. ¿Tuvo usted la impresión de que estaba limitado en ese sentido?
Diría que sí y no. Es evidente que Paco se estaba internando en un campo que no era el suyo natural, el flamenco, pero sus limitaciones técnicas no se manifestaban de una forma tan clara. Me da la impresión de que la clave estaba, como dije antes, en su talento para el ritmo. Era tan músico que escuchaba muy bien los ritmos, cosa en la que algunos son más débiles.
Por otro lado, existe cierto consenso en torno a la idea de que Paco era un genio de la guitarra. ¿Podría decirme qué era lo que lo hacía un genio?
No sabría quedarme con una sola de sus cualidades. Para mí, lo que caracterizaba a Paco de Lucía era un profundo conocimiento de la música, en toda su extensión. Si tuviera que definirlo en pocas palabras, aun a riesgo de sonar simple, diría que era un verdadero músico.
En 1976 ustedes grabaron, y llegaron a editar un disco, de su concierto en Le Castellet, Francia. ¿Guarda algún recuerdo de esa actuación?
Un enorme placer, por compartir escenario con aquellos colegas de tanta altura. Ese placer iba creciendo a medida que pasaban los segundos juntos, hasta el punto de no querer que se acabara el concierto.
También existe un vídeo muy conocido del concierto de París, en enero de 1979. ¿Recuerda haber tocado juntos en otras ocasiones después de eso?
No, ya luego no hubo más, ¡pobre de mí!
Es curioso, pero en sus distintas biografías no aparece su participación en ese cuarteto. ¿A qué se debe?
Simplemente porque fue el único encuentro en escena de nosotros cuatro. Fue un periodista francés, Antoine de Caunes, en Antenne 2, quien hizo que yo también pudiera tocar en aquel recital de 1979. Él me preguntó si estaría dispuesto a unirme a ellos para la última canción, y naturalmente acepté. Creo que es importante citarlo por su nombre, porque sin él quizá no me habrían invitado…
¿Tiene alguna anécdota o recuerdo personal de Paco fuera del escenario? ¿Cómo se comportaba?
Más que detalles concretos, puedo recordar muy claramente la energía que transmitía en todo momento: era un caballero, fuerte y sensible al mismo tiempo.
Se dice que Larry dejó el trío por sus problemas con las drogas, pero usted siguió tocando con él. ¿Qué cree que pasó?
Bueno, Larry tuvo un gran problema de esa índole, pero, por suerte, mucho más tarde abandonó por completo las drogas y el alcohol y logró remontar su carrera hasta el final. Ahí pudimos coincidir y hacer cosas juntos, mientras que el trío de Paco y John seguía adelante con Al di Meola.
¿Volvió a tener contacto con Paco más adelante? ¿Se cruzaron en festivales o eventos similares?
Sí, coincidí con él concretamente en un curso de música… Más bien fue un curso sobre ritmos flamencos, muy interesante, compartimos buenos ratos y recordamos las experiencias compartidas. Pero cuando regresé a casa me di cuenta de que se me había olvidado casi todo, ¡por desgracia!
«Lo que caracterizaba a Paco de Lucía era un profundo conocimiento de la música, en toda su extensión. Si tuviera que definirlo en pocas palabras, aun a riesgo de sonar simple, diría que era un verdadero músico»

¿Recuerda cómo se enteró de su muerte?
Claro, una mezcla de incredulidad, de shock, de tristeza…
¿Piensa en él de vez en cuando?
Sí, constantemente. Es una presencia que tengo siempre presente, con el recuerdo personal y también como ejemplo de músico.
A lo largo de su vida ha tenido ocasión de conocer y tocar con muchos genios: Chet Baker, Charles Mingus, Dexter Gordon, Stéphane Grappelli, Charlie Mariano, Edgar Bateman… y quizá Paco. ¿Tienen algo en común?
Buena pregunta. Permítame que vuelva a hablarle del ritmo, ahí está casi todo. El sentido general del ritmo es muy, muy importante, según mi experiencia. El swing… El groove… Los fraseos… Las sutilezas. ♦






































































