Una vez más. El templo del flamenco sevillano lo ha vuelto a hacer. Se ha sacado de la manga una programación de incuestionable calidad artística para celebrar la VIII Semana Cultural de Pastora Pavón. La Peña Flamenca Torres Macarena está que se sale. Sin subvenciones, a pulmón. Del 19 al 29 de noviembre, la calle Torrijiano será verea que lleva al pellizco, la alfombra roja de lo jondo, el camino obligado, sendero de peregrinación. Y allí en el número 29 surgirá el ritual del quejío, de las palmas, de los bordones y del tacón.
Ya empezó la fiesta. To vendío. Un montón de personas sin entrar. Pa afuera con las ganas. Se subió a los maderos la granaína Patricia Guerrero y subyugó al respetable con la fresca elegancia del baile seductor. Lo suyo fue un despropósito, una excelsa demostración de flamencura. Ofreció uno de los mejores recitales de baile que allí se han visto. Y extenso, sin guardarse na. Puso caro el pescao y de nuevo subió el listón. El gentío salió alborotao con cosquillas en la barriga y sonrisas en la cara, excitados por la emoción. Patricia Guerrero formó el taco y encandiló a un público que abarrotó la sala para asistir al mostrador del arte, a la enésima consagración del duende que habitó el cuerpo menúo de esta rubia preciosa –to hay que decirlo– hasta zamarrearnos las carnes de intenso placer.
Jasiel Nahin puso el compás y la guitarra Dani de Morón. ¡Casi na! Meció los tercios en su gañote sin dar ni un solo grito, pero con entrega y sin alivio Sergio El Colorao, que con sus hechuras canasteras rizó los melismas de su garganta natural buscando los rincones donde el cante acaricia y hiere. Lo suyo no es la potencia. La suple sin castigos con el gustito con que mastica el asunto.
«Una excelsa demostración de flamencura. Patricia Guerrero ofreció uno de los mejores recitales de baile que allí se han visto. Y extenso, sin guardarse na. Puso caro el pescao y de nuevo subió el listón. El gentío salió alborotao con cosquillas en la barriga y sonrisas en la cara»
Y del final al principio, Patricia dibujó la bulería por soleá, se deshizo la cintura meneando el culo por tangos y bailó una seguiriya impresionante que fue en sí toda una obra de arte. Con esto comenzó el recital y ahí entregué la cuchara sin resistencia alguna, enamorao del azote de lamentos negros que consiguió que amara el llanto seguiriyero cayendo rendío a sus pies. Lo hizo en pantalones, con figuras y quiebros de marcajes y aristas duras, con una definición impecable en sus tacones, donde se podían deletrear los arañazos de jondura de un baile salpicado de gestos rancios en convivencia con figuras nuevas, exquisitas, muy bellas… doliendo con el gesto, sabiéndose parar o arremeter con trapío, poseída, atravesada por la inspiración rotunda de la que conoce el paño y sabe traducir a la pose y los pasos los misterios del sufrimiento y la pasión.
Dani fue de menos a más en su idilio con las seis cuerdas, gustándose a sí mismo. Lleva toda la vida pasao de vuelta. Es un loquito del ciprés y del contratiempo, de los aires jazzísticos, del flamenco inverso, tamizando a su personalísimo idioma las influencias de los grandes maestros. No puede uno desatenderlo con el oído. Su bajañí impresionista de trazos impredecibles a veces no casa en apariencia con el cante o el baile. Pero él sabe lo que hace, a pesar de «restarle tensión flamenca» en aras de la creatividad, las probaturas y sus ideas. Se pierde con instrucciones espontáneas por caminos nuevos. Arriesga. Y acierta. O no. Le brotan genialidades. De pronto se le trasluce la melodía de la mariana. Y me pareció que sisaba cositas gastoreñas y de Bacán o Pedro Peña. Al inicio no sonó muy pulcro. Luego estuvo tremendo en los aires de cantiñas y regaló falsetas con tiraíllos y notas tapás por doquier, bordoneos y filigranas con el pulgar, mejor siempre con la izquierda que con la derecha. Te gusta o no te gusta. Pero no provoca indiferencia. Pergeñó momentos sublimes y en otros me pregunté qué hacía, jugando a adivinar lo que venía detrás.
Tras la seguiriya monumental de Patricia vino el solo de guitarra por marianas de Dani y el almíbar por tientos en el cante de El Colorao. Se miró en las letras de Moreno Galván. En los tangos inundó la bailaora las tablas del perfume de Graná, moviendo el vestío, desfigurando el torso, zalamera, picantona y sensual, como requiere el palo, zarandeándose y recogiéndose los trapitos en la entrepierna, muy femenina, alegre y jovial. Luego hubo un borbotón de sal por alegrías, estando espléndido Sergio en las del contrabandista y en los guiños a Camarón sin remedos. Y con un braceo de dulce, la colocación justa, unos virajes imposibles, los hombros siempre en su sitio, el rajo, la fuerza y empuje, hilvanó Guerrero un surtidito de patás y paseos en la bulería por soleá que fueron la extraordinaria antesala de un fin de fiesta pa enmarcarlo con parte del resto de los compañeros del Ballet Flamenco de Andalucía que esta niña dirige. También lio a Ana Morales. ¡Qué maravilla!
Salió Patricia Guerrero al entarimao de Torres Macarena y se me olvidó pestañear.
Ficha artística
Recital de baile de Patricia Guerrero
VIII Semana Cultural de Pastora Pavón
Peña Flamenca Torres Macarena, Sevilla
19 de noviembre de 2025
Baile: Patricia Guerrero
Cante: Sergio El Colorao
Guitarra: Dani de Morón
Palmas: Jasiel Nahin























































































