No cabe duda de que vivimos tiempos extraños en lo que se refiere al mercado discográfico. Los álbumes han dejado de ser la fotografía de un momento en la vida de un artista, para convertirse en lo que los anglosajones llaman un work in progress infinito. Los creadores ya no esperan a tener una docena de composiciones para lanzarlas, sino que las van escanciando conforme las producen. Y el público va acogiendo ese goteo desde unas plataformas que también han cambiado, tal vez para siempre, la manera de escuchar la música. Tal vez por eso, un disco como De almas tomar, el debut en solitario del gaditano Óscar Lago, parece una rareza, casi una extravagancia.
Cinco años, desde la pandemia hasta ahora, se ha tomado este guitarrista para dar forma a un disco que condensa su personal idea del toque y su bagaje profesional. Una carrera que empezó, según él mismo dice medio en broma, tocando en misas, y que ha crecido acompañando a paisanos ilustres como David Palomar o Encarnita Anillo, así como a nombres consagrados como Guadiana o José Mercé, y sobre todo a grandes bailaores como Jesús Carmona, Juan de Juan, La Lupi, Rubén Olmo, Antonio Canales o, más recientemente, Rocío Molina. Como curiosidad, también ha metido guitarras en uno de los temas del último disco de la aclamada Rosalía.
De almas tomar es uno de esos discos hechos por sedimentación de ideas volanderas, como el propio Lago reconoce: “A lo largo de los años, uno va sacando cosas que le gustan, unas van para el baile pero otras las haces a un ladito para ti, y cuando quieres darte cuenta tienes ahí un material, has ido construyendo tus cosas”. En ese proceso, el músico ha querido contar con compañeros como los cantaores Antonio Núñez El Pulga, El Mati, Dani Bonilla y Pepe de Pura, el percusionista de Javier Teruel, los bajistas Ismael Alcina y José Manuel Posada Popo o la batería de David León, entre otros. Los acuerdos de cuerda son de Jesús Lavilla, y como invitado especial figura el guitarrista manouche Antoine Boyer, de París.
«’De almas tomar’ es uno de esos discos hechos por sedimentación de ideas volanderas: “A lo largo de los años uno va sacando cosas que le gustan, unas van para el baile pero otras las haces a un ladito para ti, y cuando quieres darte cuenta tienes ahí un material, has ido construyendo tus cosas”»
Las ilustraciones son del pintor gaditano Cecilio Chaves, cuyas célebres azoteas sirven a Lago para recrear una cartografía sentimental de su vida como músico, un callejero gaditano que le sirve para recordar a sus maestros primeros: Rafael Abujas, El Abujitas, el lutier Rafael López, El Porras, en cuyo taller de la calle Santo Cristo pasó el guitarrista incontables horas, o Andrés Martínez, de quien sigue aprendiendo todavía hoy.
En cuanto al repertorio, se abre con la soleá A ras del miedo, que habla de la tensión del músico antes de salir a escena; la bulería El Marquesado, evocación del paraíso infantil dedicada a su padre; otra bulería, Pura, que Pepe de Pura dedica a su vez a su madre; la granaína Cármenes, que va para su abuela Carmen; la rumba Cambalache Jazz Club 1984/2024, homenaje al legendario club de jazz gaditano que regentara Hassan Assad; y tres canciones: la que da título al disco, un canto a todas las madres “sin las cuales no hay vida”; Palacio de la Memoria, surgida ante el asombro de una fórmula mnemotécnica muy inspiradora; y 21 gramos, “la cifra que se considera el peso del alma, pues es lo que pierde el cuerpo humano al morir”.
Sabor añejo y audacia expresiva, virtuosismo controlado y sensibilidad depurada, el disco de Óscar Lago tiene todos los elementos para competir con garantías en el proceloso mercado actual, pero él asegura que no tienen ninguna ambición al respecto. Ni siquiera planea salir con él de gira, “porque grabar un disco no te convierte en concertista”, asevera, y porque afortunadamente tienen la agenda completa, al menos, para todo el año que viene. Se puede escuchar gratuitamente en la plataforma Bandcamp, y comprarse “por la voluntad”, asegura. “He hecho este disco por una necesidad de vaciarme de mi música y compartirla, de mostrarla al mundo. Prefiero enseñar lo que hago así, que a través de las redes sociales”. ♦







































































