Los fundamentos de reciprocidad debieran ser una constante en los festivales flamencos. Más allá del tiempo y del espacio, el olvido es propio de almas enfermas. La gratitud, por el contrario, nos ayuda a fortalecer la atadura con el pasado. Y si no queremos debilitar y deshacer los vínculos que nos unen y nos mantienen vivos, hay que acudir al reconocimiento, que no es meramente una formalidad, sino una afirmación de la justicia humana.
Traigo a colación esta entradilla al cuerpo del texto porque el LXIV Festival de Cante Jondo Antonio Mairena se le dedicó ayer, sábado día 6 de septiembre, a Nano de Jerez, lo que algunos han estimado como una vulnerabilidad del evento, al considerar al personaje como un ente menor.
Se podría estar de acuerdo con los negacionistas si en lugar de focalizar la decepción en el homenajeado, hubieran centrado sus argumentos en las efemérides. Y apunto en esa dirección porque cuán fácil lo habrían tenido los discrepantes haciendo coincidir esta edición con aniversarios de flamencos relacionados con el titular de la gala, tal que el medio siglo del adiós de La Perla de Cádiz, el centenario del nacimiento de José Manuel Capuletti y Francisco Moreno Galván, o, entre otros, el siglo y medio de que viera la luz Joaquín el de la Paula, uno de los grandes maestros de Antonio Mairena.
Aun desconociendo los criterios utilizados por la comisión organizadora, barrunto que entre los méritos se habrán manejado los valores de integridad, humildad y nobleza que se aglutinan en Nano de Jerez, de quien hemos de dejar constancia, además, su entrega y profesionalidad como cantaor, su profundo aprecio a la Capilla Sixtina del Cante, Mairena del Alcor, y su amor incondicional, y amistad irrefutable, al gran maestro Antonio Mairena.
Capturar la esencia del homenajeado es honrar sus logros y destacar su impacto en la vida de los demás, pero también su compromiso con el cante, su dedicación profesional y el grado de perseverancia en su trayectoria artística.
Cayetano Fernández González, conocido por Nano de Jerez, nació en el jerezano barrio de San Miguel a finales de octubre de 1948. Hijo de Tío Juane y María González, cobró su primer salario artístico en los llamados Jueves flamencos que, en la Plaza de Toros, dirigía el maestro Manuel Morao, donde actuó con pantalón corto, para más tarde ser contratado por La Cañeta de Málaga durante un año y marcharse luego a Japón.
A su regreso del país asiático, Nano de Jerez fijó residencia en Marbella, donde conoció a su primera mujer, y a continuación pasó por tablaos de Sevilla como Los Gallos o La Trocha, entre otros. Mismamente, no podemos olvidar que cosechó premios en los concursos de cante de Ronda y Algeciras, así como la Copa Dry Sack, otorgada por la Cátedra de Flamencología de Jerez durante la V Fiesta de la Bulería, celebrada el 10 de julio de 1971.
«Mairena del Alcor ha ofrecido la dedicatoria del festival 2025 a un mairenista confeso, lleno de ideas y de intuiciones del mayor interés. Porque Nano de Jerez, además de cultivar a carta cabal la fidelidad a la estética que mamó desde su niñez, también refleja un gran sentido histórico y una posición no intransigente, admitiendo un acercamiento esencial a los influjos de su amigo y maestro Antonio Mairena»
El 19 de mayo de 1977 consiguió un accésit al premio Pastora Pavón ‘Niña de los Peines’ en el VIII Concurso Nacional de Córdoba, y ese año grabó su primer disco secundado por Félix de Utrera, lo que le permitió que sus contenidos de calidad los llevaran, en los ochenta, a alternar sus actuaciones, ora cantando para bailar, ora dando recitales en peñas y festivales flamencos.
Un nuevo salto en su recorrido artístico llegó en 1987, cuando hizo un recorrido por distintos territorios, junto a su padre y su hermano El Gordo, con la propuesta La fragua del Tío Juane, sin que obviemos que en 1994 formó parte del ciclo El son cubano y el flamenco.
Entre sus referentes figuran las formulaciones de Tío Borrico, Terremoto, Sernita de Jerez y, sobre todo, Antonio Mairena, y aunque dispone de tres discos en solitario, El Nano de Jerez (1977), Alrreó de la fragua (1991) y La raíz de mi cante (2022), su voz figura en Nueva frontera del cante de Jerez (1973), en el cuarto volumen de la Antología del Cante Flamenco de la provincia de Cádiz (1983), en Así canta nuestra tierra en Navidad (1986) y en los volúmenes 26 y 27 de la Historia del Flamenco (1996).
Sobrevolando sobre la discografía citada, encontramos cómo desde sus inicios ya emula al maestro Antonio Mairena, como lo constata en la grabación colectiva de 1973, en la bulería Renegaré de la fe o ese mismo año, en el cante de La Gilica de Marchena, de Antonio Mairena, que Nano lo hace por bulerías.
Más tarde asoma en la bulería Como los judíos, y aparece, igualmente, jaleando al maestro con sus palmas en 1974 en la Peña Flamenca Los Cernícalos, además de en 1975 en el Festival de Mairena del Alcor; en la Casa de Antonio Mairena, en 1978; en Morón de la Frontera, en 1978; en el disco El calor de mis recuerdos (1983) junto a dos grandes amigos, Joaquín el de Bastián, sobrino de Juan Barcelona, y El Poeta de Alcalá; o el 4 de septiembre de 1982 en el XXI Festival de Mairena del Alcor, cuando fue nombrado Antonio Mairena Hijo Predilecto y le fue entregada la Medalla de Oro de la localidad.
Mairena del Alcor ha ofrecido, por tanto, la dedicatoria del festival 2025 a un mairenista confeso, lleno de ideas y de intuiciones del mayor interés. Porque Nano de Jerez, además de cultivar a carta cabal la fidelidad a la estética que mamó desde su niñez, también refleja un gran sentido histórico y una posición no intransigente, admitiendo un acercamiento esencial a los influjos de su amigo y maestro Antonio Mairena.
Lo que antecede no contradice –en contar la verdad radica nuestro compromiso– el que, aunque haya dominado una amplia gama de estilos, se decantara por los aires festeros e incluso se promocionara entre las masas populares –hace ya una treintena de años– con la interpretación del Bombero, de Manuel de Jesulito, sobrino de Diego Antúnez, donde se describe lo ocurrido en la gaditana calle La Pelota número 24, y cante que confirma que el flamenco surge de la fatalidad pero también del fuego del hambre.
Pero Nano de Jerez, sin embargo, representa el flamenco natural y poco ensayado, aquel que hasta en sus momentos dulces puede resultarnos inexplicable, de ahí que este 64 Festival de Cante Jondo Antonio Mairena haya honrado a un “antonista” que, permanentemente, eleva sus recuerdos con el eterno vuelo de sus cantes.








































































