El flamenco es un arte y un ente vivo. En ocasiones entramos en la contradicción de pensar que solo puede expresarse de una determinada manera. Obviamos que el cante, el baile y la guitarra de inspiración flamenca tienen en cada uno de sus intérpretes un venero propio, ya sea geográfico y/o personal. Es como el caudal y la corriente de dos ríos. Cierto es que ambos son afluentes de un mar, mas el camino recorrido hasta él o su conformación es singular. Sus colores, su vida interior y aquella que produce a su paso son distintas, pero no dejan de ser ríos por ello. Y hablando de ríos, en la ciudad de Huelva desembocan dos, uno con piel de canela –como diría Juan Ceada, quien fuera alcalde de esta ciudad– y otro de color rojizo. Odiel y Tinto. Tan diferentes como necesarios para entender este rincón y su magia. A esta tierra han llegado esta semana dos cantaoras, tan distintas en la ejecución y en sus formas, como necesarias para hacer vibrar a la afición flamenca en general. Se trata de María Jesús Bernal y Laura Vital, acompañadas de Manuel Jero Periquín y Eduardo Rebollar, a la guitarra.
De la Puebla de Cazalla, nos llegó María Jesús Bernal. En su cante el alma toma forma de quejío bravío, sincero y sin medias tintas. Para aquellos que hemos pisado la tierra de Pepe El Cachas y Fernando el del Central, en la campiña sevillana, sabemos que su eco de voz se asemeja más a otras zonas cantaoras, si bien llama y mece a la bambera entre los ayes que salen de sus cuerdas vocales moriscas, y en su primera letra recuerda a sus omnipresentes paisanos, Francisco Moreno Galván y José Menese: Tengo una vecina enfrente / que parece buena moza. / Hoy le he dado los buenos días. / Principio tienen las cosas.
Y tras varias mecías del columpio del que fuera popular intérprete la de los Peines, remata rotunda y profunda con la soleá apolá que interpretara en tiempos Curro Malena, letra de Julio Mariscal Torres, no presumo de quererte / y si te quiero me lo callo. / Contra más raíces tiene / con más fuerza nace el árbol.
Seguidamente, y con el acompañamiento justo de Manuel Jero, María Jesús nos recuerda los aires de Enrique el Mellizo en la malagueña, rematando por rondeñas. La soleá en su voz es un ánfora de viejos sonidos. Con que valentía y gusto va desgranando el cante grande. Manuel, que en la entrada nos ha sacado varios oles, va insuflando el aire necesario para que la morisca nos duela en sus interpretaciones de la Andonda y la Serneta, para agarrarse los machos en el cierre de Paquirri.
Nos desgrana su conocimiento en los tientos y tangos para meterse en los jerezanos sones de la soleá por bulerías. Qué placer el toque de Jero. Despacito, sin estridencias. Simbiosis perfecta con la cantaora, que entiende que no se precisan de prisas. Que solo hay que desgranar buen compás y recordar a los maestros de este cante que a ella le salen de esa alma tan flamenca que tiene.
«De la Puebla de Cazalla nos llegó María Jesús Bernal. En su cante el alma toma forma de quejío bravío, sincero y sin medias tintas. Para aquellos que hemos pisado la tierra de Pepe El Cachas y Fernando el del Central, sabemos que su eco de voz se asemeja más a otras zonas cantaoras, si bien llama y mece a la bambera entre los ayes que salen de sus cuerdas vocales moriscas»
Manuel Jero es un guitarrista con sabor añejo y entiende que eso no está reñido con que el instrumento esté en las condiciones óptimas en cada momento. Es preciso en la afinación. No es para menos, porque lo que se viene ahora es la siguiriya, cante con el que María Jesús nos dejó con la mirada fija en sus ayes y su expresión. Con la mirada fija en sus maneras cantaoras y en el dolor que trasmina su melodía retrotrayéndonos a Sernita, a Tío José de Paula, asaeteándonos en el cierre de Juan Junquera. Siguiriya con sabor a siguiriya, qué más puedo contar.
Manuel llama a la bulería. Su son jerezano despierta el compás de los barrios de Santiago y San Miguel en la voz de María Jesús. Jerez se hace cuerda de guitarra, es un gusto deleitarse con Jero. María Jesús se duele en sus penas, más que en las de los demás, y nos lleva también a la bulería romanceada.
Y para finalizar, un ventalle de fandangos rescatados de la tradición popular y de los maestros Manuel Torres y Agujetas, entre otros.
Y casi sin tiempo para digerir el poso que nos deja María Jesús Bernal, nos marchamos a disfrutar de las emociones de una noche donde se unieron el 42º aniversario de la fundación de la Peña Cultural Flamenca Femenina, con todo lo que ello conlleva, y el cante de Laura Vital, acompañada por el maestro Eduardo Rebollar. Qué delicia, siempre, deleitarse con la voz de la sanluqueña y la sonanta del maestro del Cerro del Águila, quienes precisamente en este mes de octubre cumplen sus bodas de plata como pareja artística.
Mujeres que hacen posible / el milagro de la vida. / Mujeres juntas y libres / primaveras encendidas.

Con esta letra por tangos principió su actuación Laura. Todo un manual de intenciones durante la noche, donde la artista reivindicó el papel de la mujer en el cante y en la historia del flamenco. Tangos de Pastora, Juana la del Revuelo, Marina Habichuela y las variantes de Triana y Extremadura nacieron de una garganta con la elegancia y jondura propias de la cantaora que es. Prosiguió con el cante por malagueñas de la Trini y Concha la Peñaranda para rematar con el fandango de Frasquito Yerbabuena.
La melodía del cante de Laura y el toque de Eduardo reparten miel y sal para aquellos paladares exigentes y con ganas de degustar música convertida en flamenco y flamenco en música.
Huelva y Sanlúcar son como dos hermanas separadas por una joya, Doñana y la desembocadura del Guadalquivir, Bajo Guía, de donde es nuestra artista. Y como si de un hermanamiento se tratara, Eduardo Rebollar pone rumbo en sus seis cuerdas al barrio marinero para traernos en la voz de Laura los sones por cantiñas y la rosa.
Del castillo a Bajo Guía / florecilla hermosa / Del castillo a Bajo Guía / yo me vengo con la mía / que es el cante de la rosa. / Esa rosa en la garganta. / Esa rosa salinera / es el cante que se canta / aquí en mi tierra marinera. / Viene la rosa, ay / perfuma el aire / El mar pone el compás / Sanlúcar el cante.
Es el cante de su tierra. Aquí no hay ojanas. Laura desgrana la melodía exacta y la flamencura concreta con la que se tienen que ejecutar. Su perfección no está exenta de matices propios, personales y autóctonos del rincón marinero donde Atlántico y Guadalquivir se unen para siempre en uno.
«Huelva y Sanlúcar son como dos hermanas separadas por una joya, Doñana y la desembocadura del Guadalquivir, Bajo Guía, de donde es Laura Vital. Y como si de un hermanamiento se tratara, Eduardo Rebollar pone rumbo en sus seis cuerdas al barrio marinero para traernos en la voz de Laura los sones por cantiñas y la rosa»
Seguidamente nos trae las letras de Moreno Galván que interpretara José Menese, en el cante de la mariana. Qué gusto. Qué maestría. Altos y bajos, tan necesarios, en perfecta consonancia para tocar la sensibilidad de los/as aficionados/as que allí nos encontramos.
En la soleá de Triana, Laura nos envuelve con la calidez de su voz imprimiendo al cante el arco melódico justo para tocarnos la sensibilidad. Letras propias sacadas de su tema Espejito de Cristal y el recuerdo a maestros trianeros, como El Arenero y Paco Taranto, nos deleitan para cerrar el cante con la moshara marroquí.
Recuerda Laura a su padre, al que le debe su afición, y que el fandango de Huelva fue el primer cante que aprendió. Entiendo perfectamente la emoción de la cantora sanluqueña porque quien escribe estas líneas llegó al maravilloso mundo del flamenco de la mano de su progenitor. Sin ellos, qué difícil hubiera sido tener como pasión este noble arte. Sensiblemente emocionada dejó los aires valientes de Rengel, Toronjo y Alosno sobre el escenario.
La Bulería, con aires de Antonia La Negra, La Perla, Pastora y la adaptación festera de Ojalá que te vaya bonito, de José Alfredo Jiménez, puso el final a una actuación más que notable, que tuvo su pequeña última fragancia en un regalo en forma de fandango de Carbonerillo, Con las lagrimas se van …
Laura dejó su corazón y sus emociones entre los arcos de la Peña onubense. Su voz es ese corazón que late en un pecho que trasmina tradición y legado flamenco. Cuánto habremos de agradecerle, al pasar del tiempo, a una cantaora como ella. Cantaora de esa generación que ha dignificado intelectualmente al flamenco sin perder un solo ápice de jondura.
Y siendo uno partícipe de esto que les cuento vuelvo a preguntarme dónde está la verdad del cante: en las voces educadas o en aquellas raciales, en aquellas que llevan el alma en la garganta o la que les corre el río de vida cantaora que llevan dentro. Igual ocurre en la expresión de la guitarra. El flamenco de ayer, hoy y mañana tiene mucho que agradecerles a ambas vertientes o cualidades. Cada momento, cada emoción, cada punto de sensibilidad tiene su característica, que para nada está definida. Si María Jesús Bernal y Manuel Jero nos traen una fiel adaptación del flamenco como expresión, Laura Vital y Eduardo Rebollar nos traen una arquitectura melódica de la que sin escatimar riesgos terminas prendido. Cogiendo como mías una expresión del periodista Miguel Ángel Fernández, ambas formas son cuidadoras y amadoras del flamenco tradicional.
Ficha artística
Cante: María Jesús Bernal
Guitarra: Manuel Jero
Lugar: Fundación Cajasol. Ciclo Mujeres (Huelva)
Cante: Laura Vital
Guitarra: Eduardo Rebollar
Lugar: Peña Cultural Flamenca Femenina de Huelva








































































