Hay gustos artísticos que son universales. El amor por la danza jonda no es exclusivo del andaluz, y las preferencias generales son las que provocan sensaciones como la belleza, el placer y la habilidad en las artes, experiencias todas subjetivas que, en el caso que hoy tratamos, asocio a determinados bailaores/as que no son meras construcciones académicas, sino que están arraigados en instintos humanos innatos moldeados, sin duda, por las condiciones ambientales y familiares.
En este perfil encuadro a Manuela Carrasco (Sevilla, 1958), la maestra nacida en la vega de Triana, concretamente en el Tejado del Moro, y que es rama del tronco gitano de Los Cordobeses, ya que es hija de José Carrasco Manzano, El Sordo, gitano de respeto de ascendencia onubense y bailaor macho que, al principio, se opuso a que su hija quedara expuesta a los sacrificios de la profesión, y de Cipriana Salazar Heredia, emparentada con Los Camborios.
Esta artista de formación autodidacta que lleva el baile en el ADN de su padre, José, y de sus tíos paternos, Antonio el Cordobés y El Juanete, y que, a sus 18 años de edad, ya fuera llamada “la diosa del baile flamenco” por Juan de Dios Ramírez Heredia, lleva más de medio siglo –concretamente 57 años– cautivando a generaciones de espectadores y siendo objeto de admiración por su impacto en la sociedad cultural gitana y no gitana.
Es trabajando en Los Canasteros, tablao que en Madrid regentaba Manolo Caracol, donde Manuela conoce al bueno de Joaquín Amador (Polot de la Marina, Alicante, 1952 – Sevilla, 2023), su pareja artística y en la vida con quien contrajo matrimonio el año 1976, convirtiéndose desde entonces en la referencia musical e imprescindible del firmamento artístico de la bailaora.
Tres años después, nacería su hija Zamara Carrasco, continuadora artística de la saga, y el decenio de los ochenta a Manuela se le muestra favorable con su participación en los festivales de la canícula andaluza, donde se erige en la estrella de los mismos por mor de sus soleares, alegrías y bulerías, principalmente.
Manuela desafió las reglas tradicionales y la perspectiva de lo habitual en la escuela sevillana. Exploró nuevas formas de representar el baile gitano rompiendo moldes y barreras que se fijaban en el tiempo, y así fueron surgiendo nuevas perspectivas que le llevaron a la creación de composiciones estéticas que tanta reacción emocional provoca en el público.
Esas disposiciones escénicas, plenas de genialidad que han quedado grabadas de manera indeleble en el mundo del flamenco, conforman un legado, un estilo único de efecto duradero que, por su impacto cultural y social, ha influido en otros artistas con una herencia que continúa inspirando, pues, a las generaciones posteriores.
Lo que antecede no significa que Manuela Carrasco no siga siendo relevante e inspiradora. La trianera está en activo, y su aparición en escena continúa proporcionando vida, esto es, habilidad para bailarle al cante, capturar la belleza en el proscenio y representar su lenguaje corporal de una manera realista y detallada.
«La trianera está en activo, y su aparición en escena continúa proporcionando vida, esto es, habilidad para bailarle al cante, capturar la belleza en el proscenio y representar su lenguaje corporal de una manera realista y detallada»

Pero los más de once lustros de carrera artística se reflejan en un espejo que nos recuerda de dónde viene su herencia y cuál es su legado. Y en él aparece la imagen de Manuela Amador Carrasco (Sevilla, 1988), artísticamente Manuela Carrasco Hija, que apareció junto a sus padres el 17 de junio de 2017, en la XII Suma Flamenca de Madrid.
Fue, no obstante, en la entrega del Compás del Cante, a finales del mes de mayo de 2019, cuando Manuela dio a conocer la creación de la Fundación Manuela Carrasco que preside su hija, Manuela Amador Carrasco, entidad para da visibilidad a la mujer gitana, reconocer a la etnia gitana y fomentar la investigación para conservar un flamenco en peligro de extinción, el que representa Manuela Carrasco.
Sería el 29 de septiembre de 2021 cuando Manuela Carrasco clausuró la VII Bienal de Málaga con Aires de mujer, dándole a su hija Manuela la alternativa en el escenario bailando las alegrías Senda de luz, compuesta por su padre Joaquín y por ella misma.
A esta relación escénica familiar asociamos, igualmente, el comienzo de la gira de despedida de Manuela, el 9 de marzo de 2023, en la clausura del XXVIII Festival de Jerez con Siempre Manuela y la colaboración especial de Manuela Carrasco Hija, quedando ambas atónitas cuando el 31 de mayo de ese año fallece Joaquín Amador por mor de una afección circulatoria.
Había que superar, por tanto, la muerte de un ser tan querido. Y es el escenario donde los artistas alivian las penas. A Manuela Carrasco Hija, verbigracia, la presentamos en la II Bienal de Flamenco en la Provincia de Sevilla, ciclo que dio comienzo el 23 de noviembre de ese año en Mairena del Alcor y donde bailaba la caña y la seguiriya. Y coincide con la madre en la XXIII Bienal de Flamenco, donde el 29 de septiembre de 2024 Manuela Carrasco presentó el montaje Como el Ave Fénix en su despedida de Sevilla.
Y por lo que hace a 2025, la presencia conjunta de Manuela Carrasco e hija la reseñamos el 20 de febrero en Barcelona, donde como ya relatamos en expoflamenco, Manuela recibió la VI Mezquita de Plata con motivo del 55 aniversario del Tablao Flamenco Cordobés.
Registramos, igualmente, el 27 de febrero, fecha en que Manuela Carrasco Hija estrena en el Festival de Jerez el espectáculo Anagrama. Cambio en el orden de las letras que da lugar a otra palabra, al que añadimos el reconocimiento que la maestra recibió en la IX Bienal de Málaga en Ojén, el pasado 26 de julio con la propuesta Bailando a Manuela, donde Pastora Galván, Gema Moneo, Zamara Carrasco, Manuela Carrasco hija y Saray de los Reyes rindieron honores a la archiduquesa del duende.
Mas donde han quedado situadas frente a frente ha sido en la convocatoria de ayer, 17 de septiembre, en el ciclo Amalgama Palabra de los flamencos. Fuimos convocados por la Bienal de Sevilla en la Real Fábrica de Artillería, y tras compartir escenario y recuerdos con las protagonistas, entretejo un lazo congénito que, desde la óptica artística, las une: el espejo de Manuela Carrasco Hija no es ella misma, sino cuando se mira en su ilustre madre, Manuela Carrasco. ♦







































































