Tras obtener el grado medio en el Conservatorio Profesional de Danza Antonio Ruiz Soler, formó parte del elenco del Centro Andaluz de Danza de Sevilla de la mano de Ruben Olmo, Rocío Coral, Anabel Martín, Andrés Marín y Lola Greco, entre otros. Luego militó en la compañía de Estévez & Paños para el espectáculo Flamenco Hoy de Carlos Saura, girando por algunos de los festivales más prestigiosos del mundo. Más tarde debutó como bailarina solista del Ballet Flamenco de Andalucía bajo la dirección de Rafael Estévez. Allí participó en los montajes de Aquel Silverio, Cantera y Flamencolorquiano. Su inminente presencia en el gran festival flamenco de Vancouver, Canadá, es la excusa perfecta para charlar con la bailaora Macarena López (Sevilla, 1990).
– El 27 de septiembre actúas en el Vancouver International Flamenco Festival. Una ciudad, por cierto, que está a más de ocho mil kilómetros de Andalucía pero que es muy cercana para el equipo del presente portal flamenco. Cuéntanos cómo va a ser tu aventura canadiense, incluida la clase magistral.
– Me emociona muchísimo. Sentir que a ocho mil kilómetros la gente disfruta del flamenco es un auténtico regalo. Por supuesto, daré todo de mí. En las clases buscaré, además del trabajo físico, la conexión con lo que sentimos por dentro. Ya es la segunda vez que voy por allí y me encanta la entrega, sus propuestas y la posibilidad de contagiarnos de la energía, convirtiéndolo todo en una experiencia compartida.
– El programa de esta gran cita norteamericana dice que destacas «por tu trabajo en la intersección del baile flamenco y la experimentación». ¿Estás de acuerdo?
– El flamenco es mi raíz, pero también necesito abrir ventanas. No me interesa hacer algo “raro” por hacerlo, sino que mi vida, mis preguntas y mis emociones me llevan a investigar en él. Siempre parto de mi base y me aventuro a descubrir y descubrirme. Con el más absoluto respeto.
«El flamenco es mi raíz, pero también necesito abrir ventanas. No me interesa hacer algo “raro” por hacerlo, sino que mi vida, mis preguntas y mis emociones me llevan a investigar en él. Siempre parto de mi base y me aventuro a descubrir y descubrirme»
– En sus treinta y cinco ediciones, la repercusión mediática alcanzada por el Vancouver International Flamenco Festival es ciertamente notable. ¿Ves tu presencia allí como un gran paso en tu proyección internacional?
– Es un paso muy bonito. No lo suelo pensar en términos de “carrera”. Pero sí, que mi baile viaje y llegue a otro continente es una gran oportunidad para darme a conocer y poder mostrar mi trabajo. Y sobre todo para conectar con quienes lo reciben desde tan lejos.
– ¿Cómo te ves como bailaora flamenca en este momento de tu carrera?
– Me siento en un punto muy vivo. He pasado por varias etapas: técnica, estudio, búsqueda… Y ahora estoy disfrutando de poner todo eso al servicio de algo más esencial y personal.
– ¿Quiénes han sido tus referentes en la danza flamenca? ¿Te sientes alumna aventajada o heredera la escuela sevillana?
– La escuela sevillana ha sido, y siempre será, muy importante para mí. En mi camino he ido incorporando todo lo que me ha gustado y me ha servido de distintas escuelas, maestros y maestras, e incluso de mis propios compañeros y compañeras. Admiro muchísimo a artistas como Manuela Vargas, Eva Yerbabuena, Rocío Molina, Israel Galván, Rafael Estévez o Valeriano Paños, por mencionar solo algunos. También me inspiran otras artes: la poesía, la pintura, la performance. Al final, todo lo que me mueve acaba filtrándose en mi baile.
«Me gusta que me definan como “salvaje”, que hablen de cómo controlo mi cuerpo y que saquen sus propias conclusiones. También se aprende al saber lo que otros ojos perciben. Al final, todo consiste en cómo se siente el intérprete y cómo lo vive ese día la persona que se sienta a ver el espectáculo»

– ¿Qué sacaste en claro de tus pasos por la Compañía Estévez & Paños y el Ballet Flamenco de Andalucía?
– Aprendí muchísimo. Sobre todo, empecé a sentir la responsabilidad y el respeto, que siempre lo tuve. Pero ahí se consolidó el sentir que el escenario es mi lugar. También el valor del trabajo en equipo. Con Estévez & Paños descubrí la importancia del detalle, del concepto y del estudio detrás de cada obra. Entendí lo que significa sostener una tradición y, a la vez, buscar tu voz propia dentro de ella.
– Semanas atrás te vimos en el Tagarnina Fest de Algodonales, Cádiz. La maestra de ceremonias, Susanne Zellinger, te presentó como una artista “a menudo considerada como salvaje, pero no lo es, porque controla todo lo que hace”. El compañero Alejandro Luque añadía en su crónica para expoflamenco que, «en efecto, el control de su cuerpo es absoluto». ¿Te reconoces en las cosas que escriben los sabios sobre ti?
– Me gusta que me definan como “salvaje”, que hablen de cómo controlo mi cuerpo y que saquen sus propias conclusiones. También se aprende al saber lo que otros ojos perciben. Al final, todo consiste en cómo se siente el intérprete y cómo lo vive ese día la persona que se sienta a ver el espectáculo.
– ¿Qué te falta para subir un escaloncito más?
– Sinceramente, no lo sé. No hay un camino ni artista que se repita. Los escalones que he ido subiendo en mi carrera han sido a base de trabajo y más trabajo. Seguiré mi camino, en mi propia búsqueda, insistiendo en lo que confío y en lo que creo.
«El baile flamenco lo veo vivo y cambiante. Hay una generación increíble de artistas que están honrando la tradición y, a la vez, empujándola hacia lugares nuevos. Creo que el flamenco siempre ha sido así: una mezcla de respeto y rebeldía»
– ¿Cómo vislumbras el presente y futuro del baile flamenco?
— Lo veo vivo y cambiante. Hay una generación increíble de artistas que están honrando la tradición y, a la vez, empujándola hacia lugares nuevos. Creo que el flamenco siempre ha sido así: una mezcla de respeto y rebeldía. Mientras haya verdad y ganas de comunicar, el flamenco seguirá latiendo fuerte. ♦







































































