Ahora, con la candidatura de Jerez de la Frontera a la Capitalidad Europea de la Cultura 2031, la oferta de actuaciones gratuitas de artistas punteros está más amplia que nunca, que ya es decir. Y se trata de las peñas flamencas, escenarios íntimos donde mejor se aprecia el calor que tanto realza este tipo de recital, especialmente cuando es de cante, aunque también ha habido baile y guitarra. Sólo en estos días han actuado o actuarán en las peñas de Jerez figuras como Perico Pañero, Diego del Morao, María Vargas, Ezequiel Benítez, Zarzuelita, Remedios Reyes, Dolores Agujetas, Rosario Heredia, El Pele y otros, incluyendo a Luis Perdiguero, que la noche del sábado 18 de octubre con su voz nos recordó el buen sabor del cante jerezano sin adornos superfluos.
En esta ciudad, donde tanto importa la familia, Luis puede presumir de ser de los Paulera, y su voz y decir cuando se dirige al público delatan una atractiva autenticidad. El cantaor vivía durante años en Málaga entre el círculo de la Cañeta, aunque ahora vive en Jerez. En mi libro de las gañanías el Tio Paulera dice “se cantaba to’ lo’ días, raro el día que no se cantaba, no había na’ más pa divertirse… nada de nada.” Es la herencia de Luis Perdiguero.
Vino acompañado por la airosa guitarra de Antonio Higuero, que tantas veces hemos disfrutado en esta peña y otros escenarios diversos con las máximas figuras del cante. El dúo de palmeros de Cepa Núñez y el querido veterano Chícharo completaron la estampa.
«En esta ciudad, donde tanto importa la familia, Luis Perdiguero puede presumir de ser de los Paulera, y su voz y decir cuando se dirige al público delatan una atractiva autenticidad»
El cantaor abrió la primera parte con bulería por soleá con un repertorio clásico de este palo tan jerezano. A continuación interpretó alegrías, que se escuchan relativamente poco en Jerez. Por tientos tangos (ojalá algún día alguien rescate los tientos clásicos, recuerdo a Menese como uno de los últimos en dar el trato tradicional a los tientos sin tangos) y fandangos naturales.
En la segunda parte, el cantaor, ya más relajado, cantó por soleá y por siguiriya con el remate del clásico cante del cuco popularizado por la Periñaca.
Bulerías para terminar, por supuesto, primero clásicas y luego más variadas en un bis con la simpática pataíta del Chícharo.







































































