De la confluencia de raigambres jondas como las de Paco La Luz y Los Sordera o Tío Borrico, El Sernita y Terremoto toma el legado la casa de Los Zambos. Y ellos le ponen el sabor característico que abofetea con placer los oídos de los aficionaos que acercan los cachetes a Jerez. Abandonó Luis muy tarde el oficio de pescaero. Pero bendita sea la hora en la que se animó, porque salió de la juerga infinita en la que mamó durante toda su vida esos ecos inconfundibles para el deleite gozoso de los cabales que saben istinguí, rescatando en su nuez «una vieja aunque renovada tradición». Llegó por merecimientos propios derechito a la categoría de maestro, porque tiene mucho que decir y enseñar, todavía. Así se lo recordaba sutilmente al compañero Juan Garrido cuando le dijo en una reciente entrevista que «canto por bulerías como se cantaba hace 70 años» y humildemente en respuesta a la pregunta de Miguel Navas, que condujo con dinamismo y campechanía el encuentro de la presentación, cuando le consultó si él era también parte de ese patrimonio inmaterial de la humanidad: «Eso no lo puedo decir yo, lo tiene que decir la gente».
«Una obra referencial que impresiona en ocho cortes la herencia cantaora de dos estirpes jerezanas que se engarzan en el barrio de Santiago en la garganta rajá de incontables vivencias de Luis El Zambo»
Tras su lanzamiento oficial en Madrid el pasado mes de mayo, Luis El Zambo presentó su nuevo disco en el Palacio Municipal Castillo de Luna de Rota (Cádiz) con la guitarra aplomá y enjundiosa de Domingo Rubichi, las palmas de Luis de Rebeco y Ali de la Tota y la charla con Miguel Navas, en la que de manera llana y distendida conversaron sobre la transmisión y el alma, el cante de antes y el de ahora, se comentaron algunas anécdotas y desempolvaron del recuerdo momentos vividos. Lo tienen casi todo en el vídeo, más abajo, además de la pincelada por bulería por soleá, fandangos y bulerías con la que selló colmao de paladar y empaque la velada ante un público que abarrotó el patio, entre amigos, familiares, aficionaos, artistas y curiosos que quisieron acompañarlo aquí, en su segunda casa, Rota, para ser testigos del nacimiento de una obra grabada en tres directos en distintas etapas personales y artísticas de su trayectoria y como antesala de su actuación el sábado 9 de agosto en el Festival Flamenco Arranque Roteño, donde comparte cartel con los cantaores El Pele y Montse Cortés y la bailaora María Távora y su cuadro.
Este cuidado trabajo discográfico ve la luz gracias a la producción musical del amigo Carlos Martín Ballester, del Círculo de Flamenco de Madrid, y la producción ejecutiva de Alberto Martínez, de El Flamenco Vive, que recopilan varias actuaciones del cantaor jerezano en la capital madrileña con las sonantas de Manuel Parrilla , Miguel Salado y Domingo Rubichi, de los años 2015, 2017 y 2023, respectivamente, en Las Tablas (martinete, debla y toná, bulerías y seguiriyas), La Latina (soleá, taranto y cartagenera, fandangos y bulería por soleá) y el Teatro Flamenco de Madrid (bulerías), donde Luis despliega toda su naturalidad sobre los escenarios, alejado del encorsetamiento y la frialdad del estudio de grabación. El diseño lleva la firma de Juan Aguirre, los textos son de José María Velázquez-Gaztelu y las fotografías de Claudia Ruiz. Sin duda, una obra referencial que impresiona en ocho cortes la herencia cantaora de dos estirpes jerezanas que se engarzan en el barrio de Santiago en la garganta rajá de incontables vivencias de Luis El Zambo.

























































































