En la zambomba que celebran sus socios, cada Adviento, la entidad del barrio de San Mateo tuvo el gran gesto de reivindicar el pasado de la Asociación Cultural Los Juncales. Una entidad que tuvo su sede en plena calle Nueva del barrio de Santiago y que en sus años de actividad logró una de las celebraciones navideñas más renombradas de la ciudad.
Si la entrega del I Clavel de la Buena Gente tuvo un valor incuestionable, tal vez el hecho de reunir a un buen número de sus integrantes fue lo más celebrado del acto. Cierto es que ya faltan algunos, pero fue muy emotivo verlos de nuevo a compás para regalar un momento lleno de enjundia. Pacote Garrido, como presidente de Los Juncales, recogió el galardón en nombre de todos. Y junto a él, emblemáticos miembros de la entidad como Enrique y Juañares de los Zambos, Agustín Vega, Luis Zarzana, Rafael Vaca, Curro y Pepe de Joaquina, Gregorio Fernández y Rafael Romero. A ellos se acoplaron con sus guitarras Jesús Agarrado el Guardia y José Gálvez. Todos ellos, como rezaba aquel disco producido por Tere Peña, lograron unos momentos de gloria.
«La Asociación Cultural Los Juncales tuvo su sede en plena calle Nueva del barrio de Santiago y en sus años de actividad logró una de las celebraciones navideñas más renombradas de la ciudad»
Al inicio del homenaje, tuve el honor de dedicar a Los Juncales unas sencillas palabras evocando aquellos encuentros en Los Claustros de Domecq, hoy Bodegas Fundador, y en la propia sede de la calle Nueva. Aquellas entregas del Junco de Oro a lo más granado del arte flamenco y taurino del país o la Zambomba que en el Teatro Villamarta les escribieran Antonio y José Gallardo con el título De Jerez a Nueva York.
No faltó un cariñoso guiño a algunos Juncales que ya no están entre nosotros, como Manuel Moreno Junquera ‘Moraíto’ o Rafael Fernández Suárez ‘el Nene’, entre otros, quienes fueron alma mater de aquella renombrada entidad. Conviene tener en cuenta que la misma trataba de conservar las costumbres y la cultura de los gitanos de Santiago una vez que estos emigraron a las barriadas del extrarradio. Aquel lugar de encuentro, que se reflejó incluso en letras de Miguel Poveda, se recuerda como un epicentro de gitanería de ley. Este acto de la Buena Gente hizo justicia y honor con aquella efímera pero luminosa existencia.












































































