La sonrisa no se descuelga del rostro de Lionel Niedzwiecki a lo largo de toda la entrevista: no puede disimular ni su amor por el flamenco, ni su satisfacción ante el trabajo realizo de cara a la 36ª edición del Festival de Mont-de-Marsan (Francia), que dirige actualmente. Este periodista, hombre inquieto y cercano, aceptó responder a la llamada de expoflamenco en las semanas previas a la nueva cita, que arranca el lunes 30 de junio con figuras como el Ballet Flamenco de Andalucía, Jesús Carmona, Israel Fernández, Rosario La Tremendita o Manuela Carrasco, entre otros muchos. Pero primero, conozcamos algo de la persona que está al timón de tan prestigiosa nave.
Usted venía del Departamento de Comunicación del festival. ¿Cómo llega a la dirección de Mont-de-Marsan?
Sí, yo venía en efecto de Comunicación, soy periodista. La primera vez que escuché flamenco fue en la Bienal de Sevilla, en un recital que hubo justo antes de una rueda de prensa del Festival de Mont-de-Marsan. Antes había escuchado un poco de flamenco clásico, Camarón, Paco de Lucía… Me pareció increíble, una música de transmisión oral y también con muchísimo trabajo de ritmo y armonía, y con una sensibilidad muy fuerte. Hay un momento en el flamenco que es una cosa indescriptible, más que el jazz, más que cualquier otra música. Para mí es un mundo…
Para nosotros también, es un universo. Pero, ¿cómo siguió su andadura?
Después trabajé en el departamento de las Landas, que organiza el Festival, como director de la Comunicación y en el Comité de Dirección. Y desde hace cuatro años, estoy como director general del Festival. Una primera cosa que hice es trabajar con un colectivo de programación con Domingo González, Fernando Campomanes y Patrick Bellito de Nimes. Porque no solo son excelentes programadores, apasionados y con criterio y grandes conocedores del flamenco, sino también son servidores de lo público, de la cultura y del flamenco. Y el nuestro es un festival público, esencialmente. Para mí es una cosa fundamental.
¿Se atrevería a definir cómo es el público de Mont-de-Marsan, con la experiencia de los años que lleva trabajando en el festival? ¿Es muy diferente del de otros lugares?
Pienso que sí, porque primero es un público que conoce el flamenco. Es muy exigente. Hay una exigencia artística en el Festival desde su primera edición. La primera edición tuvo a Camarón de la Isla, a Paco de Lucía, después a Antonio Gades. Gente de primer nivel, sí. Y también contempla los tres pilares del flamenco: cante, baile y guitarra, representados con equilibrio. Es un público local, de las Landas, y muchos refugiados de familias españolas durante la Guerra Civil, que vinieron al suroeste de la Francia. Con Nîmes tenemos solo un año de diferencia, pero podemos decir que es la misma afición en Francia. Son los dos grandes referentes.
«Mont-de-Marsán es una pequeña ciudad de 30.000 personas. Eso permite que el festival sea una experiencia diferente. Hay una proximidad, un intercambio entre artistas, público, organización… Como una familia»
¿Quiere decir que, para los descendientes de españoles, estos festivales son un modo de reconectar con su pasado, sus raíces?
Sí, sí. En las Landas eso está muy presente, tiene mucho que ver con nuestra tradición flamenca, pero hay otra cosa importante y es que al público de Mont-de-Marsan le gusta también la expresión de la libertad en la creación para el artista. Por ejemplo, el año pasado Manuel Liñán, con Muerta de Amor, gustó mucho por la libertad que desplegaba. Eso nunca se vive como una confrontación con la tradición, sino como una diversidad. En esta edición planteamos: ¿qué quedará en el futuro de lo que hacemos hoy? Es una pregunta universal en la cultura, un interrogante que se impone siempre a los artistas.
¿Se atreve a aventurar una respuesta?
El flamenco está sin duda enmarcado en una tradición, pero está atravesando una evolución estética durante toda esa historia. Y eso se refleja siempre. Para nosotros no hay flamenco puro. Hay otra cosa, una manera de bailar, de cantar, de vivir el flamenco de manera pura, pero la estética evoluciona. Es un arte de transmisión, pero también de creación.
¿Cree que el público de Mont-de-Marsan puede llegar a entender cosas mejor que parte del público español?
Pienso que sí. En el baile, por ejemplo, pensemos que en Mont-de-Marsan el público está muy abierto en la proposición de creación, pero con sinceridad. Hay un encaje, sí, muy interesante. Pero en el público de España y el público de Francia existe la misma sensibilidad. No hay una barrera entre ellos.
¿Hay algo que nunca falle en Mont-de-Marsan? ¿Algo, un artista o una estética determinada que sepa que a la gente siempre le vuelve loca?
Hay muchos artistas… Por ejemplo, este año está Manuela Carrasco, que siempre va a funcionar. Es una leyenda en Mont-de-Marsan, y en España también. Eva Yerbabuena, la misma cosa. O José Valencia, que viene porque hay una historia muy fuerte entre Mont-de-Marsan, Lebrija, y Utrera también. Dorantes, la primera vez que interpreta a Orobroy, es en Mont-de-Marsan. Y ahora hay un intercambio también muy fuerte con Extremadura, con Badajoz, con San Juan del Puerto…
¿Y hay algo que nunca funcionaría en Mont-de-Marsan? ¿Se le ocurre algún tipo de fusión o de propuesta que usted sepa que allí no va a encajar?
Pienso que no, el público es muy abierto. Aunque después hay espectáculos que no encuentran a su público, pero es la vida de la creación, ¿no? Hay algo un poco difícil de definir, que es la sinceridad. Lo considero lo más importante, la sinceridad y la exigencia artística.
«Para nosotros no hay flamenco puro. Hay otra cosa, una manera de bailar, de cantar, de vivir el flamenco de manera pura, pero la estética evoluciona. Es un arte de transmisión, pero también de creación»
¿Recuerdas cuál ha sido su momento de gloria como director del festival?
La emoción con los artistas, para un organizador de festival, es una cosa increíble. Recuerdo un recital solo de Rafael Riqueni en el Teatro Le Moliére, que fue un momento increíble porque Rafael tenía un problema importante, y fue una emoción indescriptible. Y como he dicho, el espectáculo de Liñán del año pasado fue fortísimo aquí, aunque hay muchos, muchos momentos, un encuentro entre José Valencia y Pedro El Granaíno, una soleá de Juan Amaya… En todos ellos sentí el duende.
¿Y algún momento malo que recuerdes, de pasarlo un poco mal con problemas de organización, o que no llegue algún artista o algo así?
Sí, recientemente con Israel Galván, porque teníamos un proyecto con él antes de su accidente físico en Estados Unidos. Un proyecto muy interesante, único, que no pudimos hacer con él, y para un organizador es una pena. Y un concierto de Rafael Riqueni que no pudimos hacer, aunque después logramos hacer otro recital. Pero lo que hace un festival especial es el público.
Antes me ha insistido en la importancia del carácter público del festival. ¿Podría explicarlo mejor?
Sí, nuestra premisa es la igualdad en el acceso a la cultura para todos. Por ejemplo, en Mont-de-Marsan podemos asistir a una creación del Ballet Flamenco de Andalucía por 10 euros. O un recital de cante de José Valencia o de Jesús Méndez por 10 euros. Es una realidad muy importante para nosotros y también lo es transmitir el flamenco a los jóvenes. Y podemos hacer esta política tarifaria porque estamos en un festival público. Eso y la fraternidad, tan importante en nuestro mundo de caos, son los sellos de nuestro festival. El flamenco elimina fronteras y crea vínculos. Nos invita a descubrir al otro y a comprendemos mejor a nosotros mismos.
¿Hay algún artista que querría llevar al festival y que todavía no haya sido posible?
[risas] Uff… No, hay artistas que no vienen después de muchos años. No obstante, para nosotros, más que el nombre de los artistas, lo fundamental es el proyecto. Y con el Comité de Programación, con Domingo, Fernando y Patrick, trabajamos en ese sentido. No es una construcción comercial, es una necesidad. Si hay un proyecto interesante, el artista viene a Mont-de-Marsan. Y si no hay un proyecto interesante, no viene. De la misma manera, una cosa importante del festival es apoyar a los artistas emergentes, los jóvenes. Es una misión.
¿Y si pudieras resucitar a alguno de los que ya no están? ¿A quién te resucitarías?
[risas] Oh-la-lá!
«Desde siempre, hay una exigencia artística en el Festival. La primera edición tuvo a Camarón de la Isla, a Paco de Lucía, después a Antonio Gades. Gente de primer nivel, sí. Y también contempla los tres pilares del flamenco: cante, baile y guitarra, representados con equilibrio»
¿Si pudiera negociar con San Pedro una salida para una noche? ¿A quién invocaría?
No sería solo una persona ni una noche, ¡sería toda una procesión! Evidentemente, Camarón… Evidentemente, Paco de Lucía… Pedro Bacán… Carmen Amaya… Me parece una orquesta increíble.
¿Sabe que cuando Barceló presentó su cartel en la Bienal de Sevilla hubo una gran polémica? Sin embargo, el mismo artista ha hecho un cartel también para Mont-de-Marsan y no ha habido ninguna polémica. ¿Por qué?
Ha habido solo una discusión sobre su interpretación del flamenco. Barceló hizo una cubierta de un disco de Camarón…
Sí, sí, y otro de Rancapino.
Así es. Pero es una visión de un artista. Es una versión un poco como… arte primitivo, que hunde sus raíces en África y conecta con la naturaleza, siempre muy interesante. Es muy conocido en Francia y muy apreciado. Es un artista mayor.
¿Podría hacer una invitación a todos los lectores de expoflamenco para que acudan a Mont-de-Marsan?
Mont-de-Marsán es una pequeña ciudad de 30.000 personas, y eso permite que el festival sea una experiencia diferente. Hay una proximidad, un intercambio entre artistas, público, organización… Como una familia. Para mí es una ocasión única de escuchar, de ver artistas, pero también de poder vivir esa convivencia tan cercana. ♦







































































